Punto Uno
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Por Natalia Aguiar
Cristina y Alberto no transitan en el mejor de los momentos y tomaron distancia en plena campaña para que el tiempo, acotado por cierto, recomponga las diferencias o las agriete aún más.

Las próximas elecciones no permiten que se ventilen a los cuatro vientos las graves discordancias que existen en la célula del poder oficialista. De hecho, la campaña ya se realiza por separado. Alberto recorre el país, Catamarca, San Juan, La Pampa. Allí donde el peronismo es fuerte y no se pone en peligro acuerdo alguno. La provincia de Buenos Aires es territorio de Cristina.

Es que Alberto no estaría obedeciendo a Cristina, y no estaría poniendo en orden las cosas, como se lo pidió cuando le dijo: “Alberto, poné orden, donde tengas que poner”.

El tema de fondo es que las encuestas no son buenas para el oficialismo, pero sin dudas las festividades por el natalicio de Fabiola Yáñez, en la cuarentena más estricta, marcaron diferencias abismales en la opinión pública y el temor es que esto se refleje en las urnas. La imagen del presidente se debilitó y las expectativas de un triunfo de dos dígitos se aleja cada vez más. Con ganar ya sería suficiente, pero no está fácil el panorama.

En el oficialismo analizan unas PASO paupérrimas, lo que podría generar cimbronazos en la economía, además de internas y quiebres en el peronismo central y el federal.

 

Un presidente en apuros

Las actitudes de Alberto, no sólo desconciertan y enfadan a Cristina, la que le cedió el mando, pero no el poder, sino al entorno más cercano del presidente. En ese círculo del mandatario, desconocen lo que le ocurre. De hecho, existe preocupación por las contestaciones, las actitudes que asume y las incongruencias entre la nebulosa y la mentira. Los asesores presidenciales están desconcertados, y Cristina furiosa.

El Olivosgate fue un antes y después para la imagen de Alberto. Si bien el presidente pidió disculpas, lo hizo luego de desconocer el hecho, y cuando aparecieron los videos, casi acorralado, salió a la cancha cabeza baja.

Pero la defensa que presentó ante el fiscal federal Ramiro González, y según sus allegados, él mismo redactó, es una línea causal de incongruencias y falta de ética y moral de una persona de bien, mucho más siendo profesor de derecho penal, y más grave aún en su condición de presidente en ejercicio de la Argentina.

En ese escrito Alberto Fernández pretende sacar rédito de su cargo, lograr privilegios si se quiere, ya que desconoce el decreto presidencial que él mismo ordenó en el marco de necesidad y urgencia de la pandemia. El mismo artículo 205 del Código Penal que el mandatario usa para fundar su decreto, y poder castigar a quien incumpla la norma, es el que pretende pasar por alto. ¿Abuso de poder?

La cuestión es que el presidente, al igual que Elisa Carrió si se quiere, violó una norma, cometió un delito. Sin embargo, Alberto Fernández, justifica en su defensa que no existe delito porque no hubo contagios. Pero, quizás no analiza el presidente que la sola inobservancia del decreto es un delito.

Justifica su defensa y ofrece donar parte de su sueldo para no ser señalado por la ley, además de señalar que las personas que estaban en las festividades, eran personas exceptuadas, es decir esenciales en el ASPO, Aislamiento social, preventivo y obligatorio. Sin embargo, lo eran para transitar por cuestiones laborales, pero no para llevar adelante una tertulia como tal.

Lo más grave, respecto los fundamentos del escrito de defensa que presenta Fernández ante la justicia federal, es que se coloca en el rol de juez y legislador, pretende borrar con el codo lo que escribió con la mano. Peor aún, deja en segundo o tercer puesto, a la moral. Y un presidente al que poco le importa la moral, está en apuros. Primero con él mismo, y luego con la sociedad.

 

A los tiros

Ayer se llevaron a cabo las elecciones provinciales en Corrientes, pero en el cierre de campaña, hirieron de bala al diputado provincial, Miguel Arias, mientras participaba en el acto peronista de la localidad de Tapebicuá.

La cuestión es que Alberto, se quizo solidarizar con este acto de violencia pero, una vez más, se equivocó. El presidente usó su cuenta de Twitter para condenar la agresión; pero allí se refirió a Arias como “candidato” a diputado, lo que le valió una rápida respuesta del hijo legislador, Gabriel, por la misma vía. “Mi viejo no es candidato. Ya es diputado hace casi dos años, en el partido que VOS encabezas”, manifestó el joven y redobló la apuesta: “Me parece una total falta de respeto y atención para nosotros que ni siquiera hayan verificado quién era”, completó.

Tras la publicación de la respuesta, el tuit de Fernández fue borrado y luego emitido uno nuevo en el que ya aparecía corregido. O sea que Alberto carece de asesores federales respecto lo que ocurre en su propio espacio a nivel nacional, o él mismo lo desconoce. Quizás no le presta atención o interés, pero su posición en el peronismo depende de sus vínculos con los gobernadores.

 

Trabajar para la portada de los diarios

Entre los cercanos a Alberto, como aquellos vinculados al círculo rojo del kirchnerismo, creen que el presidente está trabajando para permanecer en la tapa de los periódicos cada día, pero para mal. Lo que hizo con su defensa penal, casi un “sincericidio” basado en fundamentos legales, para luego salir a apoyar a la maestra Laura Radetich que pretendía adoctrinar a un alumno en una escuela pública de La Matanza, resulta inentendible incluso para sus hombres de confianza.

 “Que haya tenido ese debate es formidable. Les abre las cabezas de los alumnos, es una forma de invitar a discutir, de invitar a pensar”, dijo el presidente sobre la maestra desquiciada que atacaba a los gritos a un alumno que pensaba distinto. Tal fue el desconcierto que desde su espacio de poder lo enfrentaron. Victoria Tolosa Paz, candidata a diputada bendecida por Alberto, se opuso y manifestó en contra de la actitud de la docente. En la misma línea, el ministro de Educación, Nicolás Trotta. Pero nadie del kirchnerismo salió a defender a la maestra, incluso la voz de Roberto Baradel ensordece pero por su silencio. Y el gobernador Axel Kicillof, avaló la inmediata suspensión de la docente. Todo dicho, pues.

Con una economía al rojo vivo, las encuestas en baja, la imagen presidencial en declive, y resultados electorales que se avizoran negativos, poniendo en riesgo la unión del peronismo federal que tiende de las PASO, y lo único que sube sin cesar es el dólar, Alberto está solo.

Alberto está expuesto, dando manotazos de ahogado. Quizás sin personas de extrema confianza. O con el síndrome de la soledad del poder (que no le pertenece). ¿Por qué Fabiola avanzó tanto que no midió el daño que causaba? ¿Qué le pasa a Alberto que no tiene un dique humano de contención?.

Alberto, cuidado. Si bien en el oficialismo esperan un segundo mandato de Fernández para luego concretar dos de Axel Kicillof, no hay que descuidar el día a día. Alberto, alerta, no sea peligroso. Peligroso para usted y para la sociedad, peligroso como “chileno haciendo mapas”, dicen en el Gobierno.