Punto Uno
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Por Natalia Aguiar
No debe ser fácil asumir las riendas de un país como Argentina y mucho menos cuando cada decisión, debe ser consultada o consensuada con la verdadera titular del poder de mando, Cristina. Tal es así que hasta los más cercanos a Alberto Fernández dicen que la “jefa” es ella, y quien no entienda eso, no entiende nada.

La estabilidad psicológica de todo ser humano atraviesa situaciones de estrés y más si se trata de quien gobierna Argentina, es decir el presidente de la Nación. Pero en el caso de Alberto Fernández, además debe lidiar con caprichos, enconos, irregularidades y eso lo mantiene caminando en un precipicio constante que erosiona la mente de cualquier ser humano.


Desde hace meses a Alberto Fernández se lo nota visiblemente cansado, agotado, angustiado, quizás superado ante tanta adversidad. Las ojeras le pesan y ya nada parece ser ideal como cuando fue ungido por la bendición de Cristina para asumir el cargo de presidente de la Nación.


Pero ahora, un amigo sincero, le cantó las cuarenta, quizás incluso para ayudarlo. Aunque con amigos así, para qué enemigos…


Así fue que Eduardo Duhalde, ex presidente de los argentinos y devenido en gurú de la política peronista, aseguró que Alberto Fernández “no está bien” y dijo que le da “mucha pena”. Es que el ex mandatario aseguró que la responsabilidad de ser jefe de Estado suele traer impactos psicológicos. Y al arrojar más leña al fuego agregó: “Es confuso quién toma las decisiones en el Gobierno, y cuando los presidentes no están bien se empiezan a burlar de ellos”, en clara comparación con el ex presidente Fernando de la Rúa. El mandatario sin brújula que fue escoltado en helicóptero allá por el 2001 para escapar por la azotea de la Casa Rosada mientras una protesta se desataba a su alrededor. Algo muy duro que no podremos olvidar los argentinos.

 


Amigos son los amigos


Pero el sábado pasado, Duhalde volvió a insistir en que no se lo ve muy bien a Alberto Fernández, y agregó que el actual mandatario “no quiere ayuda”. Quizás él se haya acercado para tenderle una mano y el presidente se negó, porque también es cierto aquello de la ceguera del poder, la autosuficiencia encriptada, la soberbia de quien asume un cargo y quizás no sabe cómo seguir o le piden imposibles.


Y Duhalde sabe de lo que habla ya que fue presidente entre enero de 2002 y mayo de 2003, luego de la caída de Fernando de la Rúa y antes de la asunción de Néstor Kirchner. Además el ex primer mandatario arremetió y consideró que “en los sistemas presidencialistas, las decisiones las toma el Presidente, que se nutre de quién quiera, los legisladores, los asesores. Del que cree que le da la mejor información, consejo, pero a veces se equivocan, porque no hay dirigentes que no se equivoquen”.


“Yo no quiero decirlo una vez más, pero me van a entender, Alberto no está bien. Los presidentes cuando están en una situación crítica tienen impactos psicológicos todos los días y no hay ser humano que aguante eso sin tener una ayuda y él no la tiene, él no la quiere”, remarcó en diálogo con Radio Rivadavia y quizás lo exprese como parte de lo que sintió durante su gestión.


Duhalde no dudó en asumir que en 2019, votó la fórmula del Frente para Todos, pero que ahora siente que el oficialismo oficialismo perdió el rumbo y le da “pena”. De nuevo en referencia a Alberto expresó que: “es un amigo que me da mucha pena, porque cuando los presidentes no están bien, se empiezan a burlar de ellos”, destacó Duhalde, que recordó el episodio que él atravesó en la Quinta de Olivos cuando estaba a cargo del Poder Ejecutivo: “A mí me pasó que veía un río y los peces saltando y no estaban ahí”. Bienvenida la mea culpa.


“Vengo reclamándole al Presidente algunos conceptos básicos, como sentarnos en una mesa, la gente con capacidad, para buscarle la solución y la salida a estos problemas”. Y en una especie de diagnóstico voraz pronosticó: “El futuro del país lo veo bien, la Argentina tiene la potencialidad para salir de los problemas en los que está inmersa. La pandemia ha generado un montón de problemas, y el Gobierno se ha confundido en algunos de estos temas”.

 

 

El Hombre político


“El castigo de quienes se niegan a ocuparse de los asuntos públicos está en que esos asuntos caen en manos de quienes son menos virtuosos que ellos”, decía Platón. Y habría que hacer mea culpa al respecto, no sólo cada ciudadano en su ser, sino la oposición y todo aquél que cuestione a quien tiene la sartén por el mango, el Gobierno pues.


Mientras Máximo Kirchner debuta en el Partido Justicialista bonaerense, la Unión Cívica Radical lo propone a Facundo Manes para asumir el liderazgo en provincia de Buenos Aires, Juntos por el Cambio se diluye en cuestionamientos y disputas internas, ahora Cristina propone modificar el sistema de salud y ya se lanzó la expropiación de terrenos baldíos para utilidad pública, en clara vulneración a la propiedad privada. Esto ocurrió en Avellaneda. Al respecto Jorge Ferraresi, ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación dijo que: "Hay una ordenanza en Mar del Plata, que es igual a la de Avellaneda, y en esos casos se pueden expropiar tierras ociosas", en la presentación del Plan Nacional de Suelo Urbano, y destacó: "No tiene nada que ver con los privados, que con este programa tienen condiciones para que les vaya muy bien".


Como una moneda de la suerte, la campaña electoral ya está rodando en el aire y vale todo. Aunque falten tres meses para las Paso y más de cinco para las elecciones de diputados y senadores, el ritmo vertiginoso que asumió el oficialismo con decisiones demagógicas, más y más subsidios, anuncios sorpresivos y cambios de reglas en medio del partido, con sello kirchnerista son aceptadas y convalidadas por Alberto Fernández. Aunque sean erroneas, clientelares y signifiquen contramarchas, un paso adelante y diez atrás. Esta impronta no es nada sana. Y en eso, muchos coinciden con Duhalde, Alberto no está bien…

 

 

Entre Gauchos no nos vamos a pisar el poncho


Aparecen vacunas por doquier, gracias a la administración de salud o a las elecciones, y cualquier acto público es bienvenido para sumar votos y claro, evitar escraches. Alberto Fernández, el miércoles pasado viajó a Salta para sumarse a las festividades de los 200 años de la muerte del General Martín Miguel de Güemes, y se llevó por delante los protocolos de salud y a la gauchada honrosa de su héroe.


Los gauchos esperaron estos festejos de los 200 años con mucho entusiasmo pero la pandemia hizo añicos las esperanzas de brindar un homenaje que tirara la casa por la ventana, sin embargo, habían acordado con el gobierno provincial, llevar adelante un protocolo para realizar la “Guardia de las estrellas” y honrar al héroe gaucho como se lo merecía. Pero, las diferencias o coincidencias, entre provincia y Nación no tardaron en llegar y los organizadores dejaron de lado al gauchaje para dar lugar a cientos de simpatizantes de la Cámpora quienes pasaron a protagonizar lo que se transformó en un acto político de campaña. Este despliegue de gente intempestivo e inesperado, generó la renuncia del titular del Comité Operativo de Emergencia (COE), Francisco Aguilar, como consecuencia del descontrol en las actividades para homenajear a Güemes. Una vergüenza mayúscula.


“No pertenecemos a este circo, nos robaron el Bicentenario”, le reprochó de frente al señor Presidente con el sombrero sobre el pecho, Francisco Aráoz, representante de la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes. Tras cantar el himno nacional argentino, los gauchos indignados por la toma del homenaje para una campaña electoral a viva voz gritaron: “Espaldas al traidor”, y dieron la espalda a Alberto Fernández quien no dudó en jurar y perjurar en nombre del héroe gaucho. Con la bandera argentina en el pecho: “Al traidor, la espalda…”