Punto Uno
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Por Natalia Aguiar
El Frente de Todos ya en tiempo de descuento para las elecciones del 14 de Octubre lanzó la operación “Militancia de los votos”, con la única y exclusiva finalidad de revertir la derrota que sufrieron en las PASO.

No los une la alegría, pero los unió el espanto y ahora Alberto Fernández, Cristina Kirchner, los intendentes del conurbano y los gobernadores peronistas se alinean en una única sintonía: lograr votos. Están dispuestos a todo, incluso a tocar puerta a puerta de los vecinos de cada localidad bonaerense, de cada provincia, de cada casa si es necesario.

Los principales referentes del Frente de Todos saben que deben conseguir votos a cualquier costo. Sin embargo, la orden fue que lo den todo, que pongan ganas y que no sólo se limiten a cuidar su caja, su bienestar, su jurisdicción, su distrito, sino que puedan ser capaces de mostrar dominio sobre ese territorio, manejar los votos oficialistas, mantener el control de los concejos deliberantes, ser caciques de hecho, no de palabras.

La consecución de cada voto se asemeja a la búsqueda del tesoro, pero esa fue la orden y no sólo para los intendentes bonaerenses, sino para los gobernadores ya que hay varias provincias en las que se pretende dar vuelta el resultado, como La Pampa, Santa Fe, Santa Cruz, Salta, Jujuy, Chaco.

No todo es homogéneo y color de rosas, los caciques bonaerenses y provinciales, sacaron las lanzas y mostraron las plumas. Es que no les gusta para nada la imposible misión que les encomendaron, a la que se suma el controlar los precios en las góndolas de los supermercados. “Ya es mucho”, coinciden intendentes y dirigentes sociales. Las diferencias afloran y a veces resulta muy difícil disimularlas. Todo está en juego, y más…

Cristina los mandó al ruedo, a arremangarse las camisas y salir casa por casa en busca de votos y controlar los precios de los supermercados, los mini supermercados barriales, chinos y hasta de los kioscos.

Para algunos dirigentes la estrategia puede ser un boomerang, ya que el malestar social en las calles barriales del conurbano y de las provincias, está en escalada. La gente está enojada, molesta, no hay un ambiente dócil como lo esperaban. La ciudadanía los enfrenta y los asusta, ya que ni las heladeras, ni máquinas de coser, ni vacunas, ni planes sociales, o viajes estudiantiles son suficientes. La gente quiere dignidad, trabajo, educación, un futuro para sus hijos. Ni hablar de aquellas comunidades de pueblos en los que no cuentan ni si quiera con agua potable y la hambruna es tal que los niños mueren de forma naturalizada por el contexto. El panorama no es muy alentador que digamos.

No resulta nada fácil la tarea delegada a los caciques bonaerenses y provinciales, que si bien se volcaron a trabajar calle a calle en un contexto difícil, saben que si sale bien, será triunfo de Cristina, y si sale mal, los resultados se los arrojarán por la cabeza, culpándolos de todo mal.

Los caciques peronistas no son de aguas mansas, están trabajando con una finalidad, y es que esperan que Alberto Fernández, sean cuales sean los resultados de las elecciones de Noviembre, se ponga al frente del Peronismo para dar batalla con miras a las presidenciables del 2023. Reclaman un cambio de paradigma, aspiran a un Alberto más dinámico, motorizado por el futuro del PJ. Hasta ahora es el único motivo que los une de manera genuina. Se sumarían a esta cruzada los sindicalistas, de un lado y del otro, que ya dieron una señal de apoyo el pasado 17 de octubre.

 

Máximo en su máxima

El sábado pasado en el homenaje a su padre, Néstor Kirchner, el titular del bloque de diputados del Frente de Todos, Máximo, arremetió con todo. Le pidió a los funcionarios del gobierno que “no tengan miedo” y que “le pongan ganas”. Además, exigió que el Fondo Monetario Internacional explique los motivos por los que aprobó un crédito de 44 millones de dólares en la gestión de Mauricio Macri. Estaba verborrágico, es que lleva la política en la sangre, y el próximo 27 de octubre se cumplirá un nuevo aniversario del fallecimiento del ex presidente.

El líder de la Cámpora, le habló directamente al presidente Alberto Fernández y al gobernador bonaerense, Axel Kicillof. Les dijo que pueden contar con la militancia para ir hacia adelante, y entre risas advirtió: “No lo duden”. “El desafío que tenemos por delante, es complejo y es difícil, pero para eso siempre nos preparamos. Para nosotros nunca fue nada fácil, y para el pueblo tampoco”, sostuvo en otro tramo de su discurso. Máximo cargó contra la oposición y contra el sector económico, en momentos en los que el Gobierno pulsea con los empresarios para el cumplimiento del congelamiento de más de 1.400 productos. “Es claro, y ustedes lo pueden ver todos los días y luego más aún del reciente resultado electoral, cómo ese acoso mediático y también del poder económico sobre el Gobierno es cada vez más fuerte: Néstor allá en el tiempo la llamo oposición destituyente”, indicó. Recordó cuando su padre en 2005 pagó toda la deuda contraída por el país al Fondo Monetario Internacional. El déficit fiscal y la emisión monetaria concentran atención, por un lado, mientras que, por el otro, la pérdida de poder adquisitivo y el crecimiento de la pobreza e indigencia, suman preocupación”. Y concluyó: “Diseñar y pensar la Argentina desde la Argentina. Esa es la clave y ahí debe estar la respuesta y eso es lo que debemos entender”.

 

La culpa es siempre del otro

Es que es vox populi la mala relación que existe entre Alberto y Cristina, pero para muchos resultó sorpresiva la tirantez que existe entre la vicepresidenta y Axel Kicillof. Parece que se terminó el idilio tras las PASO. Cristina le intervino la provincia y pretende cambios drásticos en el gabinete bonaerense tras las elecciones. Fue en la segunda quincena de Septiembre que el gobernador debió resistir la orden de Cristina de erradicar de la Jefatura de Gabinete a su amigo Carlos Bianco. Ese fue el inicio del quiebre que amenaza con ir en ascenso . “Axel no comprendía que los resultados de las PASO fueron dañinos no sólo para la provincia de Buenos Aires, sino para el Gobierno nacional”, explican voces cercanas a la vice. Los cambios de figuritas exigidos tras la derrota lo desequilibraron a Kicillof, mientras desde ambos costados niegan diferencias. En la ciudad de La Plata intentan disipar dudas y apuestan a sostener que la relación es la misma. “Pero forzada”, opinan otros.

Axel Kicillof está en la mira de Cristina al igual que Alberto, los intendentes bonaerenses y los gobernadores peronistas de varias provincias que no sólo deberán conseguir votos a como dé lugar, sino que además deberán controlar los precios de las góndolas. Por ello, peronistas, gremialistas y sindicalistas apuestan a Alberto para el 2023, porque creen haber sido pisoteados y destratados por Cristina Kirchner. Para ellos, los que conocen el ánimo de la calle, se advierte la demanda de un cambio de 180 grados. Aspiran a un PJ unido y encabezado por Alberto Fernández. Dios es peronista, veremos si le tira un salvavidas a Alberto para que lo logre.

Sin embargo, el viernes pasado Máximo y Alberto convocaron a los intendentes para seguir adelante con las estrategias de campaña. A todo o nada. En cada municipio, ciudad, provincia, puerta por puerta. Habrá que ver lo que prevalece debajo de mesa en la jugada política, si la hermandad peronista con miras a 2023 o salvar cada uno su espacio para sobrevivir a cómo dé lugar. Porque cacique que se preserva, sirve para otra lucha.