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Massa remontó casi 10 puntos con respecto a las PASO, superó a Milei por 6 puntos y se debatirá la presidencia con el libertario en un segundo turno electoral. Bullrich perdió caudal y quedó con 24% y Schiaretti duplicó su performance con respecto a las PASO.

Por Franco Hessling

El peronismo lo hizo de nuevo. Y con eso no hay ninguna novedad. Remontó una elección que en las PASO lo había colocado en tercer lugar. En aquella elección de agosto la distancia entre el más votado y aquel peronismo en tercer lugar fue de menos de 3 puntos porcentuales. En las generales, conforme a los primeros datos que se conocieron ayer por la noche, el oficialismo aventajaba a los libertarios por unos seis puntos, incrementando su caudal en casi 10 puntos desde las PASO. Sergio Tomás Massa fue el candidato más votado y habrá segunda vuelta con Javier Milei.

Lo que sí fue una novedad inusitada es aquello que comenzó el 14 de agosto: el ocaso definitivo de la configuración política polarizada de la “grieta” entre kirchnerismo y anti-kirchnerismo (Alianza Cambiemos y Juntos por el Cambio). La victoria de Javier Gerardo Milei en las primarias acabó con la centralidad política de Cristina, algo impensado durante los últimos 15 años. La victoria de Massa ayer, por su parte, acabó con la alianza anti-kirchnerista, autoproclamados republicanos.

En dos turnos electorales se concluyó con algo que evidentemente había hastiado al pueblo argentino, la grieta. No estamos en condiciones de aseverar si las elecciones de ayer plantean la superación del modelo dicotómico en general. Podría darse el caso que la grieta se acabe, como todo hace suponer, pero que la lógica de polarización siga firme. Entonces, la nueva dicotomía sería entre un peronismo vintage bajo el mando de Massa y una corriente libertaria e individualista, tras el rostro de Milei.

La superación de la grieta, de todos modos, es un gran dato político si se tiene en cuenta que fue la manera más gráfica de explicar la política nacional durante un quinquenio aproximadamente. En ese sentido, conviene mencionar que el escenario de las elecciones generales se completó con un alrededor del 24% de los votos para Patricia Bullrich de Juntos por el Cambio, un 7% para Juan Schiaretti y su peronismo anti-kirchnerista y un 2,7% para Myriam Bregman y el Frente de Izquierda. Todo eso sobre un total de 74% de participación electoral, con un 1,9% de votos en blanco.

Por pocos votos, pero es relevante señalar que tanto Milei como Juntos por el Cambio decrecieron sus porcentajes de votos con relación a las PASO -aunque el libertario aumentó levemente su caudal de sufragios netos-. Schiaretti, por su parte, duplicó su caudal a partir de una promesa de “cordobalizar” el país y volverlo, en sus términos, “normal”. Los votos que suman el 7% que cosechó el gobernador de Córdoba serán un botín de disputa que, por su raigambre peronista, bien podrían encausarse en el nuevo peronismo vintage, post-grieta, que Massa está inaugurando.

Igual que en 2015, cuando hubo balotaje entre Mauricio Macri y Daniel Scioli, a una y otra esquina de la hoy perimida grieta, los votos de la tercera fuerza serán claves -en 2015 el tercero fue Massa con su Frente Renovador, con el 21,4% de los votos-. Los cálculos preliminares anticipan que los 24 puntos de Juntos por el Cambio podrían repartirse en dos tercios para Milei y un tercio para Massa. Si los dos puntos del Frente de Izquierda se añaden a los casi dos puntos en blanco en las generales, el escenario avizora un cierre muy estrecho, con un empate técnico en puerta.

Las semanas de campaña que se viene hasta el balotaje da paso a un nuevo escenario político argentino, de post-grieta y con un revigorizado peronismo vintage. Ese peronismo recuperará dejos de aquel que gobernó durante los 90, seguramente. En frente, por lo pronto, estará el modelo de la portación de armas, las libertades individuales a ultranza, el recorte de la función asistencial del estado, la mercantilización plena y, sobre todo, el esquema de la meritocracia falaz, apalancada en las desigualdades económicas estructurales. En el fondo, el centro político ya no lo tiene Cristina, a Milei le duró dos meses y a Massa le queda grande. El centro político de Argentina, sin embargo, volvió a ser el peronismo. Y no sorprende.