
Mario Casalla
(Especial para Punto Uno)
Cuando estas líneas están en sus manos, amigo lector, el papa León XIV estará arribando a Buenos Aires desde Montevideo, donde inició su gira por tres países sudamericanos (Uruguay, Argentina y Perú).
Una gira a la cual llega después de haber sido operado de un pulmón, con gran coraje y decisión personal, lo cual habla de su real interés por visitar este continente en el cual nació, como Robert Francis Prevost, en la ciudad de Chicago, EEUU, un 14 de septiembre de 1955. Tiene ahora 71 años, por tanto, es un papa relativamente joven.
Francisco tenía cinco años mas que él cuando asumió el papado y compartía con León XIV, además de una evidente línea teológica en común, la procedencia no europea y una similar enfermedad pulmonar: Francisco (entonces Jorge Bergoglio) fue operado a los 21años, siendo entonces seminarista, le extirparon el lóbulo superior del pulmón derecho debidos a tres quistes y una infección respiratoria severa. Murió a los 88 años y también, a pesar de su enfermedad, viajó a muchos países y realizó una intensa labor en el estado Vaticano.
Algunas peculiaridades de León XIV
Originario de Estados Unidos y nacionalizado peruano, además de ser el primer sumo pontífice de estos dos países y el primero en poseer más de una nacionalidad, también es el segundo papa de América, el primero de América del Norte y el primero de la Orden de San Agustín. Asimismo, es el primer papa anglohablante desde Adriano IV (siglo XII, quien también lo fue, más precisamente inglés). Como cardenal, Prevost enfatizó la sinodalidad, el diálogo misionero y la discusión respecto a los desafíos sociales y tecnológicos. También abordó asuntos como el cambio climático, la migración global, el gobierno de la Iglesia y los derechos humanos, y expresó su alineamiento con las reformas del Concilio Vaticano II y la dirección que el papa Francisco determinó para la Iglesia.
Vale la pena que nos detengamos en esto de la “sinodalidad”. La sinodalidad es el modo particular de vivir y obrar de la Iglesia católica como “Pueblo de Dios que camina junto”. Viene del griego syn (juntos) y hodos (camino) y expresa una forma de comunión, participación y corresponsabilidad de todos los bautizados —obispos, sacerdotes, religiosos y laicos— en la misión de anunciar el Evangelio y gobernar la Iglesia. O sea, una Iglesia no autoritaria, ni cerrada a las novedades del mundo, sino muchos más democrática y abierta a los signos de los tiempos.
La primera encíclica de León XIX (“Magnífica Humanitas”) dedicada a evaluar los posibles peligros de la Inteligencia Artificial, es una clara muestra en este sentido. Su subtítulo lo dice casi todo: “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.
Su texto se incorpora de hecho dentro de las encíclicas sociales y la fecha de su firma se fijó el 15 de mayo de 2026, coincidiendo con la “Rerum Novarum” de León XIII, del 15 de mayo de 1891.
Tengamos en cuenta que la “Rerum Novarum” (Acerca de las Cosas Nuevas) es también una encíclica que quiere estar acorde al signo de su tiempo. El mensaje central de esta encíclica es la defensa de la dignidad de los trabajadores y la búsqueda de la justicia social frente a los abusos del capitalismo industrial. Esencialmente se sintetiza en cuatro cuestiones: defiende que patrones y trabajadores se necesitan mutuamente y que la solución a los conflictos no es la lucha de clases, sino la cooperación basada en deberes y derechos recíprocos; establece que el salario del trabajador debe ser suficiente para sustentar una vida digna para él y su familia; afirma que el Estado tiene la obligación de intervenir para proteger el bien común, prestando especial atención a los más pobres y vulnerables (principio de subsidiariedad); y reconoce el derecho de los trabajadores a organizarse en sindicatos o asociaciones propias para defender sus intereses.
Si se presta la debida atención, verá usted que estos puntos están presentes en casi todos los gobiernos progresistas o programas políticos y sindicales desde entonces. Sin embargo nosotros, receptores hoy de su visita, tenemos un gobierno nacional que está prácticamente en las antípodas de esos planteos. Serán tres días difíciles, más allá de la alegría popular y de las multitudes que seguramente acompañarán a cada una de sus actividades.
Dos pensamientos antagónicos
Seguramente tanto el Presidente como el papa ejercerán una razonable tolerancia: Javier Milei deberá soportar que el papa hable de la justicia social y que defienda a los más débiles y discapacitados, expresamente en su visita al Cottolengo Don Orione, donde se brinda un hogar permanente, atención médica, terapias y contención a personas con discapacidades graves o en situación de vulnerabilidad.
El gobierno nacional esquiva reiteradamente votar una ley que atienda la necesidad de los discapacitados y, peor aún, están bajo serias sospechas de corrupción el manejo de los fondos destinados a su atención. A su vez el papa deberá soportar algunas desconsideraciones e indirectas de Milei porque ambas están es su naturaleza y son más fuertes que él. Es de esperar que no tengan la inusual virulencia de este último tiempo. Sin dudas la piedra del escándalo será el concepto de justicia social y la concepción del Estado que tienen el uno y el otro.
Para Javier Milei la justicia social es una estafa o un robo que una minoría hace en su propio beneficio, como lo que él llama “casta”. Y ni que hablar del Estado, para Milei el Estado es una máquina de cobrar impuestos y perjudicar el libre desenvolvimiento del mercado. Se autopercibe y proclama públicamente como “un topo que viene a destruir el Estado desde adentro” y para que no queden dudas de su decisión, creó un ministerio de Desregulación, encargado de llevar adelante y lo más aceleradamente posible esa actividad.
En materia laboral, degradó a secretaria lo que era el ministerio de Trabajo, hizo una reforma laboral que ignora de hecho el derecho del trabajador a tener paritarias libres entre trabajadores y empresarios, con el simple recurso de no homologar sus resultados. Impide cada jueves con singular violencia la manifestación pacífica que los jubilados hacen frente al Congreso Nacional reclamando por sus legítimos derechos. De salud mejor no hablar. En fin, es de esperar al menos que Javier Milei esté a la altura de las circunstancias y reciba como corresponda al papa León XIV en viaje a tierra argentina.
¿Será posible al menos una tregua en esos pocos días que estará entre nosotros?

Por Mario Casalla
Antonio Marocco
Por Mario Casalla