Noel Eugenio Breard
Se esperaba una derrota republicana en las elecciones de medio término del 3 de noviembre en Estados Unidos, sin embargo su magnitud cambió el escenario. Los candidatos demócratas ganaron en la Cámara de Representantes y en el Senado.
En Texas, James Talarico derrotó a Ken Paxton y Gina Hinojosa conquistó una gobernación que llevaba más de treinta años en manos republicanas. Kansas eligió a su primer senador demócrata en 94 años. Y Florida conservó la gobernación republicana por un margen estrecho, igualmente la derrota llegó hasta donde el oficialismo creía que tenía asegurado el voto.
La elección dejó otra imagen de Estados Unidos, por primera vez, cinco gobernadores afroamericanos ejercerán sus cargos simultáneamente; cuatro son demócratas y uno, Byron Donalds, es republicano. En Georgia, Keisha Lance Bottoms será la primera mujer afroamericana elegida gobernadora en la historia del país. Que ese avance haya cruzado las fronteras partidarias le da más fuerza frente a quienes pretenden definir la identidad estadounidense por el color de piel.
Trump contribuyó a construir su propia derrota, el costo de vida, la dificultad para acceder a una vivienda y el impacto de la guerra con Irán pesaron en el voto. La Casa Blanca apostó a que la dureza migratoria y la confrontación permanente le permitirían conservar la iniciativa, pero una familia que paga más por el combustible, los alimentos y el crédito juzga al gobierno por lo que vive todos los días. En Texas quedó expuesto, además, el límite del dinero privado, Elon Musk y otros grandes donantes apostaron por Paxton sin embargo los votantes eligieron a Talarico.
A Trump le quedan unos dos años de mandato, pero una mayoría podrá fiscalizar al Ejecutivo, negociar el presupuesto y condicionar su agenda legislativa. Vance y Rubio, que habían ligado buena parte de sus perspectivas a la suerte del presidente, tendrán que demostrar que pueden representar algo propio. El Partido Republicano deberá decidir si recupera una tradición liberal y republicana que reconozca los límites de la ley y el valor de los contrapesos. Los demócratas, por su parte, tendrán que convertir la convivencia entre progresistas y moderados en acuerdos sobre vivienda, salarios y costo de vida.
Los dos años que quedan también se juegan en el mundo. La pérdida de autoridad política de Trump abre una oportunidad para que Estados Unidos ayude a recomponer el sistema de instituciones internacionales que contribuyó a construir. En enero, la Casa Blanca ordenó cesar la participación y el financiamiento en 66 entidades internacionales, también sancionó a jueces y fiscales de la Corte Penal Internacional. Es difícil reclamar que otras potencias respeten las reglas comunes cuando Washington se retira de los ámbitos donde se acuerdan y sanciona a quienes tienen la tarea de aplicarlas.
En América Latina, Washington debe abandonar la lógica del patio trasero. El narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado requieren cooperación, pero una relación reducida a esos asuntos deja a la región en el papel de custodiar prioridades ajenas. Una agenda compartida debería incluir inversión productiva, infraestructura, transferencia tecnológica y acceso a mercados. La pregunta concreta es qué proyectos está dispuesto a financiar y qué oportunidades comerciales está dispuesto a abrir para que la cooperación también genere empleo y desarrollo en nuestros países.
Con China, Estados Unidos necesita combinar competencia con cooperación, puede defender su capacidad industrial y tecnológica y, al mismo tiempo, negociar reglas comerciales, reducir el riesgo de incidentes militares y trabajar en problemas que ninguna potencia puede resolver por sí sola. Con Rusia, la prioridad es aclarar para qué se negocia. Cualquier acuerdo sobre Ucrania debe contar con su conformidad y ofrecer garantías de seguridad creíbles. Europa tiene un interés directo en esas garantías y necesita capacidad propia para sostenerlas.
La guerra de Ucrania también mostró cuánto poder puede adquirir una empresa cuando controla una infraestructura militar crítica. Según una investigación de Reuters, Musk ordenó interrumpir la cobertura de Starlink en zonas de Ucrania durante la contraofensiva de Jersón en 2022. En un episodio distinto, dijo que rechazó una solicitud ucraniana para activar el servicio cerca de Sebastopol. Más adelante, fuerzas rusas utilizaron terminales sin autorización y Ucrania coordinó con SpaceX su bloqueo. Los episodios plantean una cuestión de soberanía. ¿Quién decide si una red indispensable para las comunicaciones y la operación de drones sigue disponible en el campo de batalla? Los Estados necesitan contratos que aseguren la continuidad del servicio, supervisión pública y redes de respaldo.
En Medio Oriente, los socios de Washington en el Golfo enfrentan una paradoja, las bases estadounidenses que debían contribuir a su defensa también pueden convertirlos en blancos de represalias iraníes por decisiones en las que tienen escasa participación. Arabia Saudita afronta, además, ataques de los hutíes de Yemen, alineados con Teherán. Reducir esta escalada a una disputa entre chiitas y sunitas borra las decisiones políticas y militares que la alimentan. Una garantía de seguridad vale por la protección que ofrece y por la consulta que precede a decisiones capaces de arrastrar a un aliado a la guerra.
La Argentina también debe sacar sus conclusiones. El alineamiento del gobierno argentino con Trump y Netanyahu redujo nuestro margen para actuar según intereses propios , por ello, recuperar autonomía significa reconstruir la coordinación regional, sostener vínculos con gobiernos de distinto signo y volver a usar los instrumentos del multilateralismo. En Malvinas sabemos lo que vale ese trabajo. El respaldo internacional se construye durante décadas y debe sobrevivir a cada cambio de gobierno.
Los estadounidenses votaron para ponerle un límite al presidente a mitad de su mandato. En el plano internacional, la tarea de estos dos años es recuperar la confianza perdida cuando una potencia compromete la seguridad de sus socios sin su consentimiento y entiende las reglas comunes como si fueran optativas.

Por Mario Casalla
Antonio Marocco
Por Mario Casalla