Antonio Marocco
Hay algo que los pueblos nunca pierden. La cultura. En las buenas y en las no tanto siempre habrá música o algún poema. Para que el cuerpo baile, la garganta se desgarre o el corazón se alegre. Algo de eso se siente en cada rincón de nuestra enorme provincia cada vez que se realiza un festival.
Es lo que pasó en la Chicha el fin de semana en el hermoso pueblo de La Caldera. Estuve ahí, como cada vez que me invitan y la agenda me lo permite.
Esta vez, la cita prometía aún más porque Gonzalo Hermosa empezaba a despedirse de los Kjarkas, el histórico líder de esta banda que hizo de la Cordillera de los Andes una bandera que llevó por todo el mundo. Son cosas que uno, en la medida de lo posible, no quiere perderse.
En los festivales conviven mucho más que un escenario y unos músicos talentosos. Uno se encuentra no solo con miles de personas, sino con todos ellos siendo parte de algo más, dándole forma y cuerpo a eso que llamamos pueblo…
Hablábamos de esto con unos abuelos, algunos ya compartiendo la cita con sus bisnietos. Los festivales son mucho más que un evento para todo público. En los festivales está la cultura en la vidriera y al alcance de todos. Esa fuerza que hace miles de años empezó a juntar a los hombres alrededor del fuego para que canten y cuenten historias. Es la fuerza civilizatoria que se construye entre valores y tradiciones que pasan de generación en generación.
En el interior de Salta hay muchas de estas experiencias valiosas. Y así como el pueblo sostiene la cultura también se sostienen las escuelas, las rutas y la infraestructura. Es lo que hablamos con tres intendentes que visité en los últimos días, Enrique Borelli de Cerrillos, Carlos Rosso de Güemes y Lino Yonar, de Quijano. Conversando con ellos se nota esa vocación de servicio que hoy, más que nunca, se pone a prueba frente a un presupuesto nacional que se achica y obliga a los municipios a ser la primera trinchera de respuesta para el ciudadano. Es en el interior profundo donde el federalismo deja de ser una palabra de discurso para convertirse en la resistencia cotidiana de cada salteño que, con su esfuerzo, ayuda a sostener su plaza, su escuela o su camino cuando los recursos escasean. Porque cuando la Nación se retira, son los intendentes y sus comunidades quienes, con sensibilidad y compromiso, mantienen la paz social para evitar que la incertidumbre nos gane la pulseada.
Para ir cerrando, en la última sesión del Senado, escuchamos con mucha atención la advertencia del senador por el departamento Molinos, Edgardo Guaymás, quien desde su visión como médico puso sobre la mesa un tema que nos debe ocupar a todos: la oficialización por parte del Gobierno Nacional del retiro de la Argentina de la Organización Mundial de la Salud.
Los riesgos de esta decisión son muy concretos y afectan directamente el bienestar de las familias argentinas. Al salir de estos organismos, perdemos la conexión en tiempo real con la vigilancia epidemiológica global, lo que nos deja en desventaja para detectar rápidamente nuevos brotes o virus. Además, se pone en peligro la estabilidad de nuestro calendario de vacunas al perder el acceso al Fondo Rotatorio de la OPS, un sistema solidario que nos garantiza precios justos y la llegada de dosis a cada rincón de la provincia, incluso cuando no se cuenta con fondos inmediatos.
Para cerrar, honrar nuestra historia, fortalecer la salud y consolidar el desarrollo regional son los propósitos que nos permitirán transformar este tiempo de desafíos en una verdadera oportunidad de progreso. Es a lo que convoca permanentemente el doctor Sáenz. Sigamos trabajando con esa convicción, con la certeza de que el camino colectivo es el único que asegura un futuro más libre, justo y solidario para todos.
Columna emitida por FM Aries

Mario Casalla
Franco Hessling Herrera
Antonio Marocco