Franco Hessling Herrera
Últimamente, los máximos referentes del país vienen siendo tan condescendientes con la situación y la política del propalador de la guerra, Donald Trump, que a uno le quedan pocos motivos contemporáneos para sentirse orgulloso de ser argentino. Esta vez fue la Argentina Week.
La semana que pasó tuvo a la plana mayor del gobierno nacional en tierras norteamericanas donde se celebró la “Argentina Week”, un evento para promocionar las inversiones en el país por parte de las empresas extractivas estadounidenses, a las que se pretende conquistar con beneficios de toda índole, con una retórica servil y entreguista y con la garantía de que habrá en el país eso que los eufemismos capitalistas del ámbito empresarial llaman “seguridad jurídica” y que no es otra cosa que pasividad frente al saqueo de recursos, estabilidad para generar rentas inusitadas sin costos fiscales o laborales de peso, e impunidad para hacer desastres ambientales sin multas o sanciones.
La metodología de una feria de vidriera para pulpos del capital, como casi todo en el gobierno libertario, se presenta como innovador pero, en realidad, proviene de momentos tan lejanos como el siglo XIX. La Feria de París en 1881, donde Edison presentó al mundo su sistema de electricidad moderna. Allí mostraba la articulación de tal sistema de generación y distribución a través de sus lámparas incandescentes, las que ya había dado a conocer dos años antes.
Otro ejemplo fue la afamada Feria de Saint Louis, llevada a cabo en 1904 en los Estados Unidos, donde la delegación argentina tuvo la tristemente célebre participación en los Juegos Olímpicos de “salvajes” con una dotación de originarios de la Patagonia. En aquel entonces, se celebraban los terceros Juegos Olímpicos y estaba en el debate del mundo “civilizado” si los “salvajes” habían sido mejor dotados por la naturaleza para las disciplinas físicas. En la feria también se promocionaron avances tecnológicos y relaciones diplomáticas, Jorge Newbery fue uno de los argentinos que mejor capitalizó lo que interactuó en aquel evento.
Como se nota, aquellas ferias integraban múltiples preocupaciones y actores, propiciaban no sólo las inversiones comerciales sino también los desarrollos tecnológicos y los andariveles de lo que se consideraba como el camino del progreso. En retrospectiva, uno puede asegurar que ese era un modelo monolítico de progresión humana y con sesgos discriminatorios y supremacistas, lo que no se puede negar es que se trataba de ferias pensadas para promover la integración de los países y empresas dentro de un rumbo civilizatorio al que honestamente consideraban mejor.
De las ferias del progreso, el Argentina Week no tuvo nada, al contrario, bien puede ser vista como un evento del atraso. No sólo porque lo que se pretendió fue capturar la atención de las rapiñas del capitalismo extractivo a costa de volver al país una “zona de sacrificio” para la producción a gran escala e intensiva, sino también por el contexto y las formas que adoptó el encuentro. Y eso sin entrar en detalles fáciles, pero fértiles, sobre el burdo despilfarro del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien viajó con su esposa y se alojó, igual que toda la dirigencia nacional, en un hotel 5 estrellas de altísimo costo. Y sin tampoco recurrir al fundamento obvio de que se podrían haber cursado invitaciones para que esos inversores vengan a la Argentina a una feria realizada en suelo nacional, para que por lo menos ese despilfarro dinerario quede en hoteles, líneas aerocomerciales, restaurantes, uber’s, taxis y tiendas comerciales nacionales. Nada de eso.
Por contexto, el evento fue tan desafortunado como imprudente. En medio de una guerra que podría ponerlos a las puertas de un conflicto bélico a gran escala, con escasez de combustibles y cimbronazos diarios en los mercados mundiales, ir a los Estados Unidos para hacer gala de anglofilia y cipayismo con el presidente propalador del conflicto bélico es, cuanto menos, riesgoso. Si a eso se le suma que Milei no se ahorró altisonancia con declaraciones como que es el presidente más sionista del mundo o que “ganaremos esta guerra”, lo intempestivo pareció ser la norma. De repente, somos potencial foco de una represalía iraní que podría acaecer ya mismo o en uno, dos, tres o cuatro años. La tribuna libertaria dijo que el evento fue para buscar inversiones y el presidente lo único que atrajo con seguridad es la hostilidad militar de uno de los países con armas nucleares.
Por las formas, la feria en Nueva York fue menos un convite para establecer acuerdos, cercanías y presentar posibilidades mutuas, que un desfile de burdel donde el presidente fungía de proxeneta. La delegación habrá disfrutado mucho de su paseo por Nueva York, sus tiendas, centros comerciales, actividades culturales y abigarrados paisajes humanos, pero su papel público en el marco de la feria superó por mucho lo ignominioso. Una afrenta a sus investiduras como representantes públicos y democráticos de provincias y países que, más bien, parecieron comitentes angurrientos en un stand de la FERINOA, buscando catering gratis y las migajas de unos paseantes distraídos y socarrones, que en ningún caso pronunciaron palabras en español.

Mario Casalla
Franco Hessling Herrera
Antonio Marocco