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Por Natalia Aguiar

Javier Milei, es un presidente que genera un ritmo dinámico y frenético con la idea que se cumplan sus directivas si o si, a cualquier precio. Por momentos parece que tiene todo el poder, y por otros, se debilita ante la tozudez de querer imponer sus fines a cualquier precio. Esa puede ser su gran debilidad. 

Lo que sí hay que reconocer es que su discurso contra la casta, le permite a más de cien días de gestión, mantener la imagen cercana al momento del triunfo electoral. Para la consultora Opinaia, Milei recuperó dos puntos de su imagen positiva, mientras que para Fixer, recuperó tres en el último mes.

La universidad de San Andrés emitió un informe donde le atribuye un 51 % de aprobación a la gestión Milei. Por lo tanto, la casta política, los históricos políticos de siempre, se preguntan cómo un presidente que hace recortes, que quita subsidios, que elimina puestos de trabajo, que echa gente de su trabajo, que aniquila el consumo, y saca subsidios de servicios esenciales como la electricidad, logra mantener su imagen positiva.

No sé si hacen un análisis tan exhaustivo, porque no salen de su asombro, pero una vez que salgan, podrán analizar que las políticas corroídas por el oxido de la mediocridad, del sobre por debajo de la mesa ya no van más. La gente necesita esperanzas.

Milei logró lo casi ningún político en la Argentina ha logrado, que es generar un fuerte lazo de identidad con los argentinos desesperanzados por décadas de corruptela y chantaje. Y además las partes se identifican desde la indignación y el odio contra esa “casta oxidada” por las malas prácticas. Milei representa a todos los exiliados del círculo de poder y beneficios del Estado.

Esa es su mayor fortaleza. Deberá cuidarla y evitar negociar o transar con la “oxidada casta”, aunque parece ya lo hizo. ¡Cuidado!

Aunque las fuentes, ni los funcionarios cercanos a Milei, ni de la parte contraria, aseguran que existe un acuerdo, pareciera un silencio a voces, este supuesto acuerdo entre Cristina Kirchner y Javier Milei, que habría hecho impulsar la postulación del juez Ariel Lijo a la Corte Suprema.

¿Qué objetivos podrían unir a Cristina con Milei? Es que para el común de la gente están en los opuestos. Sin embargo, algunos analistas coinciden en que ambos logran empatizar desde lo emocional en contra de las imposiciones de las instituciones tradicionales como la Justicia, el Congreso, y hasta el poder Ejecutivo. Son ambos muy provocadores, cada uno a su estilo. Uno brega por la transparencia y del otro lado, se escudaron en el discurso populista para corromper al Estado hasta ya más no poder.

¿Qué podría unirlos? ¿La desgracia? No, quizás sea una necesidad de gobernabilidad en la que debió caer Milei para garantizarse votos en el Senado de la Nación y en Diputados, como así también en la Justicia.

Lo cierto es que Javier Milei no lograría un acuerdo para sus hombres postulados a la Corte, si no contara con la bendición de Cristina. Para gobernar, Milei neceita acordar y pareciera que eso -pese a los silencios- está ocurriendo. En el Senado hay un bloque de 33 senadores peronistas, bien identificados con sus postulaciones.

Para los entendidos de los poderes ocultos de la política, ese acuerdo entre Milei y Cristina para nombrar en la Corte a Ariel Lijo y Manuel García Mansilla debería empezar a contar con el aval de la señora, que lidera en las sombras sumida en un silencio ensordecedor. Se necesitarían 48 votos de senadores en total para aprobar los pliegos de los postulados a la Corte.

Para Cristina es una situación compleja, porque no simpatiza con Ariel Lijo y porque este juez es impulsado por Ricardo Lorenzetti, el hombre que catapultó la famosa doctrina “Irurzun”, pergeñeada por Lorenzetti pero impulsada por la Cámara Federal, que permitió que varios ex funcionarios kirchneristas terminaran tras las rejas, como el ex presidente Amado Bodou, y el ex ministro de Planificación, Julio De Vido. Para Cristina, Lorenzetti la entregó al dar vía libre a los jueces federales para impulsar causas judiciales en su contra a finales de 2014 y principios de 2015 lo que le hizo plataforma electoral al expresidente Mauricio Macri. Lorenzetti fue nombrado en 2004 por su marido y expresidente Néstor Kirchner. Pero Lorenzetti sabe nadar en aguas turbias, es un atleta de elite para ello. Quiere por todo el oro del mundo, recuperar la presidencia de la Corte, y manejar los fondos de todo el Poder Judicial de la Nación y sus fondos anticíclicos en dólares, claro. Allí esta el verdadero poder de la Corte, en el manejo de la “caja”.

Hay dos planteos de inconstitucionalidad respecto del mega decreto que llegaron al Máximo Tribunal. La Corte debe resolver los planteos de derecho laboral que plantea el DNU, que fue declarado inconstitucional por una Cámara Federal del Trabajo. Aunque claro, Rodolfo Barra, ultra menemista y jefe de los abogados del Estado, solicitó al Alto Tribunal que declare constitucional los temas laborales. Por otra partes, la Corte analiza en manos de los ministros, la causa impulsada por el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, en la que pide que declare inconstitucional todo el voluminoso DNU de Milei, no solo el capítulo laboral, sino todo su contenido. Más todos los planteos que podrían iniciarse desde las provincias por las retenciones “indebidas” de coparticipación.

 

¿Qué estaría sucediendo?

Los temas que se tratan en la Corte son de relevancia total para el Gobierno, y el presidente Javier Milei quiere que la justicia le de la razón. Está encaprichado en que sus decisiones se respeten como si se tratara de un reinado, y no estaría de acuerdo con los tiempos que maneja la Corte Suprema, más lentos de lo normal. Tampoco estaría conforme con las decisiones de la mayoría que hoy se consolida en la Corte Suprema y postularlo a Lijo fue patear el tablero cortesano para buscar reacción de los ministros, además de garantizarse resultados a futuro. Y es en estas actitudes donde Milei podría perder toda la imagen positiva que hoy cosecha y consolida.

Su propio carácter y testarudez, su falta de respeto a las instituciones, su ansiedad, pueden ser sus peores enemigos a la hora de timonear el barco argentino.

De hecho, ha generado dos conflictos internacionales sin razón alguna, sólo por no respetar la diplomacia y las formas. Ha desatado un enfrentamiento sin precedentes con el presidente mexicano López Obrador y el colombiano Gustavo Petro, ambos afines al populismo que milita Cristina Kirchner. Lo cierto es que descalificó a ambos presidentes elegidos democráticamente en sus respectivas tierras con frases que no son propias de un Jefe de Estado.

Ahora la ira del presidente se vuelca a la Corte Suprema que desde Diciembre pasado no resuelve la constitucionalidad, según sus intereses, del mega decreto que además le permitiría ejercer facultades extraordinarias y también prolongarlas. Un decreto hecho a su medida.

Que estos días de Semana Santa, sirvan al presidente no sólo para visitar a su pareja, Fátima Flores, en Mar del Plata, sino para reflexionar y calmarse. Hacer una introspección para que su accionar no le haga perder el caudal de empatía e imagen positiva que logró mantener con la gente. Es lo que muchos de sus funcionarios ruegan, ya que cuentan que el ritmo eufórico, adrenalítico y vertiginoso del presidente los mantiene en alerta constante y sin respiro, muy muy cansados.

El martes 2 de Abril, el presidente homenajeará a veteranos y los caídos en la Guerra de Malvinas en la Plaza San Martín, del barrio de Retiro donde se encuentra el cenotafio construido en 1990 en honor a los 649 soldados que murieron en la guerra entre Argentina e Inglaterra, en 1982. Un día que nos invita a venerar y respetar a nuestros héroes y a pensar la Argentina del futuro. Un país con posibilidades, respeto a las diferencias y a los derechos de su gente.