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La Santa Sede donó 100.000 euros a las iglesias locales venezolanas para que ayuden a la gente. En el Angelus, el papa volvió a recordar a Venezuela.

El Consistorio Extraordinario, que el papa León XIV convocó en el Vaticano el 26 y 27 de junio para discutir con el cuerpo cardenalicio sobre cómo la Iglesia debe reaccionar y cambiar ante los problemas presentes en el mundo y las guerras, concluyó con un mensaje del Pontífice en el que hizo un balance de los puntos abordados, destacando sobre todo el rol de la Iglesia en la paz. Los participantes habían propuesto además “reformas en las estructuras, instituciones y procesos” de la Iglesia, según un comunicado vaticano.

León XIV empezó su mensaje final expresando su cercanía a Venezuela, muy afectada por el violento terremoto, y pidiendo “que no falte la solidaridad de la comunidad internacional hacia esta querida nación”. La Santa Sede ha donado 100.000 euros a las iglesias locales venezolanas para que ayuden a la gente. En el Angelus del domingo, volvió a recordar a Venezuela, donde se han verificado hasta ahora 1.400 muertos.

El papa León continuó su mensaje agradeciendo a los participantes por haber hablado de los sufrimientos provocados por las guerras, la violencia, la pobreza en sus regiones. Debajo de todas estas razones “se encuentra un sufrimiento aún más profundo: la soledad, la crisis de las relaciones humanas, la pérdida de esperanza, la dificultad de reconocerse recíprocamente hermanos y hermanas”, dijo. Y añadió haberse sentido impresionado por el modo en que los participantes se mostraron preocupados por los jóvenes, que padecen sufrimientos tan fuertes que a veces los llevan al suicidio. Por eso evaluó como muy importante que la Iglesia “escuche a los jóvenes y a sus familias”.

Sobre la paz, otro de los temas importantes del encuentro, el papa León recordó su encíclica Magnifica Humanitas, que también citaron los cardenales. “La guerra no es solo un conflicto entre estados —recordó—. Nace mucho antes de una cultura del poder que atraviesa nuestro modo de pensar, nuestro modo de vivir las relaciones, de ejercitar el poder, de usar la economía, la tecnología y hasta la religión. Si esta es la raíz de la crisis, la respuesta necesaria es construir una cultura de la cooperación, del diálogo, del multilateralismo”.

En cuanto a la importancia de la “cultura del bien común”, la Iglesia está llamada a crear lugares de encuentro, para escuchar a la gente y dialogar a fin de “madurar una renovada cultura del bien común”, dijo el Pontífice. Y también hacer un “trabajo educativo que ayude a reconocer la dignidad inviolable de cada persona”. En este camino, “los pobres no son sólo destinados a nuestro cuidado”, sino los “protagonistas de la esperanza de Dios”.

“Dios desea la paz para cada nación y para cada pueblo. Por eso no debemos resignarnos a la violencia. La violencia no tendrá la última palabra”, dijo el Papa. Los seres humanos tenemos “la responsabilidad de recorrer con coraje los caminos de la reconciliación y ayudar al mundo a reconocerlos”, concluyó.