
Al cierre de nuestra redacción, los primeros datos difundidos tras el cierre de los comicios mostraron una leve ventaja de la candidata derechista Keiko Fujimori.
Según el conteo oficial con el 27 por ciento de las actas computadas, Fujimori obtenía el 52,5 por ciento de los votos contra el 47,4 por ciento de Roberto Sánchez. Sin embargo, los sondeos a boca de urna realizados por Ipsos reflejaban una distancia mucho más ajustada: 50,7 por ciento para Fujimori y 49,3 por ciento para Sánchez.
La propia consultora advirtió que la diferencia se encontraba dentro del margen de error de tres puntos porcentuales, por lo que el escenario seguía abierto. Otro relevamiento de la firma Datum también mostró una disputa voto a voto, con una ventaja de apenas un punto para la candidata de derecha.
La elección volvió a exhibir una profunda polarización. En Lima, Fujimori lograba una amplia ventaja con el 66,1 por ciento de los sufragios, mientras que en el interior ocurría exactamente lo contrario: Sánchez se imponía con el 67,8 por ciento.
Las autoridades electorales informaron que la jornada transcurrió con normalidad pese a algunas incidencias aisladas vinculadas a la anulación de boletas por parte de fiscales partidarios. El presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo, descartó cualquier posibilidad de fraude y sostuvo que los episodios detectados no afectaban la validez de las mesas de votación.
La definición también estaba condicionada por la ausencia en los primeros datos de más de 1,2 millones de votos correspondientes a ciudadanos peruanos residentes en el exterior, un universo que podía resultar determinante en una elección tan ajustada.
El escenario reflejaba además el elevado nivel de rechazo que arrastraban ambos postulantes. En la primera vuelta ninguno había superado el 18 por ciento de los votos y más del 70 por ciento del electorado había optado por otras alternativas.
Mientras Fujimori apostó durante toda la campaña a un discurso de mano dura contra la delincuencia y la extorsión, Sánchez buscó llevar tranquilidad a los sectores económicos moderados al asegurar que no cerraría las puertas a las inversiones extranjeras, aunque planteó revisar contratos vinculados a la explotación de recursos naturales.
