05 14 izcarayFelipe Izcaray recordó en Punto Uno cómo nació el proyecto que cambió para siempre la vida cultural de Salta y destacó el impacto social de los conciertos didácticos, las giras por el interior y la formación de nuevas generaciones de salteños.

Hace 25 años, cuando la provincia todavía no terminaba de comprender qué significaba tener una orquesta sinfónica profesional, un músico venezolano llegó a Salta con una valija cargada de partituras, sueños y una convicción inquebrantable: la cultura debía dejar de ser un privilegio de pocos para convertirse en un derecho de todos.

Ese hombre era Felipe Izcaray, director fundador de la Orquesta Sinfónica de Salta, quien en diálogo con Punto Uno reconstruyó la historia de una de las transformaciones culturales más profundas que vivió la provincia en las últimas décadas.
“Esto no iba a ser una orquesta del Gobernador, ni mía, ni de los músicos. Iba a ser una orquesta del pueblo salteño”, recordó Izcaray sobre aquella conversación inicial que mantuvo hace más de dos décadas antes de poner en marcha el proyecto. La frase resume el espíritu con el que nació la Sinfónica: romper las barreras elitistas históricamente asociadas a la música clásica y llevar la experiencia cultural a cada rincón de la provincia.
Cuando comenzó a hablarse de crear una orquesta sinfónica profesional en Salta, la iniciativa no estuvo exenta de críticas y desconfianzas. En aquellos años muchos sectores cuestionaban la inversión pública destinada a un proyecto cultural que, según algunos detractores, estaba pensado solamente para una minoría. Felipe Izcaray recordó que incluso había comunicadores que sostenían que la orquesta sería “un capricho del gobernador para llevar a sus amigos a los conciertos”. Sin embargo, el tiempo terminó desmintiendo aquellas miradas.
La historia comenzó de manera inesperada. Izcaray dirigía por entonces la Orquesta Sinfónica del Estado Mérida, en Venezuela, en medio de una profunda crisis política y económica. Un correo electrónico enviado desde Salta anunciando un concurso internacional cambiaría para siempre su destino.
Uno de los aspectos más revolucionarios de la creación de la Sinfónica fue la manera en que el proyecto entendió la cultura como una herramienta de integración social y educativa. Desde el primer momento, Izcaray impulsó una política de apertura total hacia la comunidad. La orquesta no solamente ofrecía conciertos en el Teatro Provincial: también recorría escuelas, realizaba ensayos abiertos, organizaba actividades didácticas y viajaba al interior provincial para acercar la música a miles de personas que jamás habían tenido contacto con una formación sinfónica.
“Había que explicarle a la gente quién era Mozart o Beethoven, pero también demostrarles que esa música podía emocionarlos”, explicó.
La provincia comenzó así un verdadero proceso de “culturización” colectiva que todavía hoy sigue vigente.
Lejos de quedar encerrada en la capital salteña, la Sinfónica desarrolló desde sus primeros años una intensa política federal. Rosario de la Frontera, Rosario de Lerma, Orán, Tartagal y numerosas localidades del interior recibieron conciertos que se transformaron en acontecimientos históricos para miles de familias