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Ubicado a orillas del imponente Cañón del Río Juramento, el Valle del Cóndor conjuga caprichosas estructuras rocosas de múltiples colores, profundos abismos esculpidos por la erosión y el majestuoso vuelo del ave voladora más grande del mundo.

Para el observador que se sitúa al borde de sus precipicios, la experiencia adquiere una dimensión irreal. Los paredones verticales de gran altura ofrecen una perspectiva única y privilegiada: la posibilidad de contemplar a los cóndores planeando por debajo de la línea visual del espectador. Decenas de estos ejemplares despliegan sus alas con asombrosa serenidad, movidos por una evidente curiosidad ante la presencia humana, mientras alguna águila de gran porte surca el firmamento para dejar en claro su dominio territorial. Lo más sorprendente de este espectáculo silvestre es su cercanía con la civilización, ya que se localiza a unas escasas dos horas de viaje en automóvil desde la capital salteña.

08 22 tur2El acceso a este santuario natural constituye una aventura en sí misma que invita a recorrer la transición entre diferentes paisajes. El itinerario comienza con rumbo al sur a través de la ruta provincial 68, un camino asfaltado que atraviesa campos de cultivo y pueblos históricos hasta alcanzar la localidad de Coronel Moldes. En este punto, el rumbo se desvía hacia el este por la ruta provincial 47, arteria que conduce de forma directa hacia el monumental embalse de Cabra Corral.

A partir del imponente murallón del dique, el asfalto cede su lugar a un sinuoso camino de ripio que se interna en las entrañas del Cañón del Juramento. El trayecto discurre de manera paralela al cauce fluvial, encajonado por murallas de piedra que cortan el aliento, hasta alcanzar el acceso a la zona conocida como La Bodega. Circular por este tramo es ser testigo de un corte geológico perfecto, donde la erosión hídrica ha dejado expuestas las entrañas de la cordillera.

Las Huellas

La espectacular fisonomía del Valle del Cóndor no es producto del azar, sino el registro visible de un evento geológico de magnitudes colosales. Los acantilados cortados a pique que hoy admiramos se originaron a partir del vaciamiento catastrófico del antiguo Lago de Lerma, un gigantesco cuerpo de agua prehistórico que alguna vez cubrió la región. El actual embalse de Cabra Corral funciona, de hecho, como una recreación a escala reducida de aquel escenario primitivo.

En el sector denominado el Angosto de Cabra Corral, el proto río Juramento logró quebrar la resistencia de la sierra, perforando la roca y liberando las aguas del viejo lago de forma violenta. Este colosal fenómeno hidráulico dejó su impronta grabada en pequeños valles colgados que persisten a ambos lados del cauce actual, suspendidos en los altos torreones de piedra. Es un axioma de la hidráulica que, salvo en áreas con actividad glaciaria, los ríos siempre buscan nivelar su curso con la cota de su afluente; en este sitio, las marcas en las rocas testifican el titánico esfuerzo del agua por abrirse paso hacia las tierras bajas.

 

08 22 tur3Mil metros de altura

Al amparo de estas murallas minerales se desenvuelve un ecosistema de una riqueza asombrosa. El Valle del Cóndor se sitúa a unos 1.000 metros sobre el nivel del mar, una altitud que, sumada a la barrera natural que impone la sierra de El Crestón por el oriente, genera un microclima particular donde conviven especies de diferentes ambientes biológicos.

La vegetación exhibe una notable adaptación a la aridez de la roca y a la humedad que aporta el río. Ejemplares de quebracho blanco y colorado hunden sus raíces en el suelo pedregoso, flanqueados por las llamativas breas de corteza verde, lecherones, corpulentos yuchanes (el clásico árbol botella) y una legión de cardones que custodian las laderas como centinelas vegetales.

Está cubierta verde sirve de hogar y sustento a una fauna diversa. Entre el ramaje es habitual escuchar el bullicio de pavas de monte, bandadas de loros, charatas y las elegantes chuñas. En las zonas más apartadas y escarpadas del valle, la vida de los mamíferos transcurre bajo un manto de absoluto misterio. El puma y otros felinos menores comparten el territorio con zorros, corzuelas y chanchos del monte. No obstante, la habitante más célebre y protegida del lugar es la taruca, un ciervo nativo altamente amenazado que encuentra aquí un refugio seguro.

 

El atractivo del Valle del Cóndor excede de forma notable sus rasgos naturales; posee también una enorme relevancia antropológica. Desde tiempos remotos, el ser humano halló en estas quebradas un sitio idóneo para la subsistencia y el resguardo. Los abundantes testimonios arqueológicos hallados en la zona, que incluyen piezas de cerámica fina, herramientas líticas y arte rupestre, confirman una ocupación humana continua y muy antigua.