
En el proyecto Rincón, Rio Tinto desarrolla un espacio destinado a conservar especies nativas, estudiar su reproducción y producir material vegetal que podría utilizarse para recuperar áreas intervenidas.
La iniciativa comenzó en 2024 y avanza con investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de Salta.
En la Puna, donde las condiciones ambientales ponen a prueba la capacidad de adaptación de cualquier forma de vida, conservar una planta no significa simplemente guardar una semilla. Implica conocer cómo germina, qué necesita para desarrollarse, cuánto tarda en crecer y, sobre todo, cómo responde al ambiente en el que evolucionó durante miles de años.
Con esa lógica funciona el Banco de Semillas e Invernadero que se desarrolla en el proyecto Rincón, operado por Rio Tinto. El espacio busca reunir material de especies nativas de la región, estudiarlo y generar las condiciones necesarias para su conservación y reproducción. El objetivo de fondo es contar, hacia adelante, con herramientas que permitan recuperar sectores que hayan sido intervenidos y avanzar en procesos de revegetación con plantas propias del ecosistema puneño.
La iniciativa comenzó en 2024, con la construcción del banco y el invernadero, y se desarrolló con la participación de investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de Salta. Durante este año comenzó una nueva etapa de ensayos científicos y ajuste de los procedimientos, con la intención de avanzar hacia el funcionamiento definitivo de la infraestructura.
El secretario de Minería de Salta, Gustavo Carrizo, recorrió recientemente las instalaciones para conocer el trabajo que se realiza en el laboratorio, el banco de semillas y el invernadero. Durante la visita pudo observar los primeros estudios y pruebas vinculados con la conservación y reproducción de especies adaptadas a las particulares condiciones del ambiente altoandino.
Mucho más que conservar semillas
La particularidad del proyecto está en que no apunta únicamente a almacenar semillas. El trabajo incluye la generación de conocimiento sobre las especies y la producción de material vegetal, dos aspectos que pueden resultar fundamentales cuando se plantea recuperar un ambiente después de una intervención.
La conservación de especies nativas requiere conocer previamente qué se está conservando. Por eso, los ensayos buscan aportar información sobre las plantas de la zona y sobre las condiciones necesarias para que puedan reproducirse fuera de su ambiente natural, sin perder las características que les permiten sobrevivir en la Puna.
El proyecto apunta así a construir una suerte de reserva genética de especies locales y, al mismo tiempo, desarrollar la capacidad para producir ejemplares que eventualmente puedan ser utilizados en tareas de restauración.
Ese conocimiento puede tener una utilidad concreta en el futuro. Si una determinada superficie debe ser recuperada después de una intervención, disponer de semillas y material vegetal de especies autóctonas permite evitar que la revegetación dependa exclusivamente de especies introducidas o de material proveniente de otras regiones con condiciones ambientales diferentes.
En un ecosistema como el puneño, esa diferencia resulta especialmente importante. Las plantas que sobreviven en altura están adaptadas a un ambiente con características muy particulares, por lo que su conservación requiere estudiar justamente esas condiciones.
