
Mariano Arancibia
El periodista e historiador salteño fue distinguido con el Reconocimiento al Mérito Artístico, una distinción que pone en valor su extensa trayectoria y su aporte a la cultura. En diálogo con Punto Uno, se refirió al significado de esta distinción y repasó los proyectos que mantienen vigente su vocación.
¿Qué significa recibir el reconocimiento?
- Siento que es como haber aprobado un examen. No alimenta mi jactancia, pero sí me impulsa a revalidar el compromiso con el oficio que elegí cuando cursaba sexto grado en la Escuela Urquiza. En 1959 publiqué La Voz Escolar, un pequeño periódico que fue el punto de partida de una vocación que nunca abandoné. Años después, en 2018, la Academia Nacional de la Historia me incorporó como miembro correspondiente, a pesar de no contar con un título universitario de grado.
¿Esperaba este reconocimiento?
- No, fue una sorpresa. El trámite lo inicié en agosto de 2022, diez años después de jubilarme. Presenté mi currículum y toda la documentación que exige la Ley Provincial 6475.
¿Qué recuerda de sus comienzos?
Mi historia comenzó cuando tenía 16 años y trabajaba como cronista callejero buscando información gremial. No cobraba un peso porque mi objetivo era aprender, tanto de los libros como de la experiencia cotidiana, de los periodistas veteranos y del ambiente de aquellas redacciones con olor a tinta, plomo y papel.
¿Qué representa el reciente reconocimiento dentro de su trayectoria?
- Antes que un premio, es un beneficio vitalicio, tal como lo define la ley. Tiene un aspecto material, porque implica una retribución mensual equivalente a una jubilación mínima, pero sobre todo posee un valor simbólico: reconoce el aporte cultural de quienes desarrollaron una trayectoria en disciplinas como la literatura, la música, las artes plásticas o la fotografía.
¿Y cuál fue su aporte principal?
En mi caso, considero que el mayor aporte está en la investigación y la divulgación histórica. Durante treinta años fui colaborador y secretario de Redacción de la revista Todo es Historia, fundada por Félix Luna, y posteriormente llegó mi incorporación a la Academia Nacional de la Historia. Actualmente continúo desarrollando investigaciones con criterios académicos.
¿Cuál fue el mayor desafío de su carrera?
- Hubo muchos. La situación política del país nos obligó a dejar Salta a fines de 1975 para instalarnos en Buenos Aires y, al año siguiente, partir al exilio en Madrid. Regresamos en 1982. Fueron años difíciles, pero nunca dejé de escribir. Lo hice en medio de muchas dificultades y de lo que mi hija Carmina llamaba "changuitas intelectuales", refiriéndose a los trabajos que realizábamos junto con mi esposa Lucía para sostenernos. Recuerdo también una crítica que recibí en 1969 por un ensayo publicado en La Gaceta de Tucumán. Un lector dijo que yo escribía "en el silencio de mi gabinete", pero lo cierto era que mi realidad era exactamente la contraria: escribía en medio de turbulencias personales, políticas y laborales.
¿Qué proyectos tiene hacia adelante?
Este año cumplo 80 años y espero dar continuidad a mis tareas de investigación y seguir escribiendo; lo estoy haciendo con criterios académicos. Estoy publicando y avanzando en la organización de nuestra Biblioteca Privada "J. Armando Caro". Lleva el nombre de mi padre, en homenaje a su limpia trayectoria en su vida privada y en su desempeño en el campo político.
En 1968 comenzamos poner los cimientos de esta obra con Lucía. Ese año que nos conocimos en Tucumán. Durante más de 50 años, superando los obstáculos que mencioné, logramos poner de pie y consolidar nuestra obra. Según quienes tienen conocimientos en materia de Bibliotecas, la consideran una de las Bibliotecas privadas más importantes del país.-
Testigo de su tiempo
Nació en Salta en 1946. Es periodista, escritor e historiador, con más de seis décadas de trayectoria. Integró las redacciones de El Tribuno, Norte, Democracia y La Gaceta de Tucumán, y fue secretario de Redacción de la revista Todo es Historia. Es autor y coautor de numerosos libros sobre historia argentina y salteña, miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia y ocupó distintos cargos vinculados con bibliotecas, archivos y gestión cultural.
