En una jornada cargada de fe, música y memoria, la Puna salteña renovó el sagrado pacto con la Madre Tierra. El cacique de la Comunidad Collas Unidos, Miguel Siares, encabezó las ceremonias y lanzó un firme mensaje en defensa del agua y los recursos naturales frente a los desafíos de la minería.
Las vías y los andenes de la emblemática estación de trenes en San Antonio de los Cobres se transformaron en el escenario central de un nuevo tributo ritual a la Pachamama. En un ambiente donde la altura de los Andes se cruza con el fervor espiritual, la jornada convocó a pobladores locales, referentes de los pueblos originarios y a cerca de 150 visitantes, en su gran mayoría turistas que recién completaban la Travesía del Tren a las Nubes en el imponente viaducto La Polvorilla.
Las palabras de apertura y bienvenida estuvieron a cargo de Miguel Siares, cacique de la Comunidad Collas Unidos y una de las figuras históricas de mayor relevancia en la Puna de Salta. Desde hace más de veinte años, Siares encabeza el convite a la Tierra y coordina los momentos ceremoniales de la Fiesta Nacional de la Pachamama de los Pueblos Andinos, festividad que durante todo el mes de agosto convierte a la región en punto de convergencia espiritual y cultural.
El inicio formal de la ceremonia del Chayaco estuvo marcado por la participación conjunta de miembros de las comunidades Collas y Diaguita Calchaquí. En un marco de estricto respeto, los representantes indígenas abrieron la boca de la tierra para ofrecer alimentos, bebidas, hojas de coca y cigarros, manteniendo vivas las costumbres heredadas de sus antepasados.
Homenaje a la memoria
Un instante de profunda emoción se vivió al rendir homenaje a la memoria de Simón Doroteo Choque, conocido con afecto por todos como "Perrito". Choque fue el histórico chayador de la fiesta y la persona encargada de guiar el convido ritual durante numerosas ediciones. Su reciente partida física dejó una marca imborrable en el corazón del pueblo, por lo que su recuerdo guio cada uno de los gestos de la jornada.
A lo largo del día, las manifestaciones artísticas le dieron color y calidez al frío invierno puneño. El ritmo del viento andino se hizo presente a través de las danzas típicas y la música de los sikus. Entre las presentaciones destacadas sobresalieron las coplas a la Pachamama interpretadas por Malvina Ramos junto al grupo Las Viajeritas.
Una mención aparte mereció la actuación del niño Ciro Arapa, quien sorprendió y conmovió a la concurrencia con el despliegue de su voz en la interpretación de piezas folclóricas. Asimismo, cumpliendo con la tradición ancestral de protección, las autoridades comunitarias realizaron la entrega del hilo "Yoki" a cada uno de los visitantes.
En diálogo exclusivo con Punto Uno, el cacique Miguel Siares transmitió las vivencias de esta nueva edición en San Antonio de los Cobres, un espacio al que se refiere con enorme afecto y sencillez. “Con mucho orgullo, contento, feliz de poder compartir con muchos hermanos que vienen de distintos lugares, de acá de Salta, y de modo particular hermanos de Catamarca, hermanos de aquí, hermanos de todos nosotros. Bienvenidos a todos a San Antonio de los Cobres, y saludos a toda la comunidad que va a compartir con nosotros esta nueva edición de la Pachamama, con el sentimiento del amor y la fe”, expresó Siares.
Un clamor por el agua
Más allá del ámbito festivo, el mes de agosto constituye una etapa de reflexión profunda sobre el trato que la sociedad otorga al planeta. Al ser consultado sobre los pedidos hacia la Pachamama en este año 2026, en un contexto donde el desarrollo del turismo y la actividad minera transforman el paisaje puneño, el mensaje de Miguel Siares adquirió un tono de alerta cívica y ecológica. “Nuestra Madre Tierra está dolida porque están sacando nuestros recursos naturales sin tener respeto a nuestra Pachamama. En el tiempo nosotros vamos a tener problemas del agua, porque para nosotros el agua es la vida. Y si nosotros no defendemos el agua, no vamos a poder vivir y menos nuestros nietos y nuestros bisnietos. Gente que creemos en nuestra Pachita queremos que los chicos también empiecen a tomar conciencia. No solamente el mundo andino, sino toda la humanidad tiene que empezar a tomar conciencia y respetar a nuestra Madre Tierra”, enfatizó el cacique con firmeza.
El ciclo de celebraciones no concluye en la estación de trenes. Durante todo el mes, la Puna salteña mantiene las puertas de la tierra abiertas para honrar a la divinidad andina, culminando a fin de mes en la localidad de Tolar Grande.
“Nuestros abuelos y nuestras mamás decían que cuando llega el mes de agosto la Pachita está con hambre y hay que darle a comer. Por eso nos preparamos para darle de comer, porque la Pachita está para protegernos, para guiarnos por un buen camino y darnos la seguridad para andar donde tengamos que andar”, concluyó Siares.
