“Es la primera vez que me frenan en la reja” dijo Liliana Franco a Punto Uno al tiempo que cuestionó el cierre y apuntó contra todos los gobiernos. La histórica periodista de Ámbito Financiero denunció restricciones inéditas y planteó una fuerte autocrítica sobre el vínculo entre prensa y poder, revelando que su medio es el único que acudió a la Justicia para exigir la reapertura.
En un contexto de creciente tensión entre el Gobierno nacional y la prensa, la periodista Liliana Franco, con más de tres décadas cubriendo la Casa Rosada, lanzó una dura advertencia sobre el deterioro en las condiciones de trabajo periodístico y el acceso a la información pública. “Es la primera vez que me frenan la entrada, además en la reja”, relató, al recordar el episodio que encendió la polémica.
Su testimonio no es menor ya que comenzó a cubrir la actividad presidencial desde el tramo final del gobierno de Raúl Alfonsín y atravesó distintas administraciones sin haber enfrentado una restricción similar algo que Liliana Franco describió como una escena cargada de incomodidad al recordar al efectivo de la Policía Federal que le negó el ingreso destacando que lo hizo con gesto de pesar. “La carita del policía diciéndome”, evocó, marcando el contraste entre su larga trayectoria en Casa Rosada y una situación inédita en su carrera y agregó que decidió retirarse sin generar conflicto, “Yo por supuesto le agradecí, me fui porque es violento para ellos también”.
Tras ese episodio puntual, el Gobierno avanzó con el cierre total de la sala de prensa de Casa Rosada, una medida que, según Franco, no tiene antecedentes en democracia. “Ni la dictadura militar había cerrado la sala de prensa”, pero lejos de una mirada unilateral, la periodista introdujo una autocrítica poco frecuente en el ámbito mediático al señalar que el deterioro del vínculo entre el poder político y la prensa no es exclusivo de la actual gestión. “No le voy a decir que solo a Milei le molesta la prensa, sería falso”, sostuvo y amplió: “Todos los presidentes quisieron cerrar la sala o cambiarla de lugar, pero no lo hicieron” y en ese sentido, apuntó contra los antecedentes recientes durante los gobiernos de Cristina Kirchner y también en la gestión de Alberto Fernández donde se fueron flexibilizando criterios de acreditación y modificando las dinámicas internas. “Ya en la época de Alberto Fernández habían acreditado muchos medios, se habían aflojado los requisitos, y este gobierno lo mantuvo”, lo que a su entender generó un escenario propicio para el conflicto actual. La diferencia, remarcó, radica en que el gobierno de Javier Milei avanzó donde otros se detuvieron.
En dialogo con Punto Uno la periodista fue categórica al describir la relación del actual presidente con los medios. “Odia el periodismo, considera que el 95% somos basuras humanas”, afirmó, al tiempo que subrayó que se trata de una postura explícita y no disimulada y según su análisis, el argumento oficial se apoya en el cambio tecnológico. “Hoy la comunicación es directa vía redes”, replican desde el Gobierno. Sin embargo, advirtió que ese planteo puede derivar en una lógica de exclusión del periodismo profesional. “Si de él depende, la sala no la abren nunca más”, sentenció.
Frente al cierre, Liliana Franco destacó un dato que abre interrogantes dentro del propio sistema mediático, la escasa reacción institucional de las empresas periodísticas. “Ámbito fue hasta ahora el único medio que fue a la Justicia pidiendo una medida cautelar”, remarcó, en referencia a la presentación realizada por el diario para exigir la reapertura de la sala señalando que en la Casa Rosada conviven históricamente grandes grupos de comunicación, pero ninguno, hasta el momento, habría seguido el mismo camino judicial. “Entonces, no nos quejemos después de las consecuencias”.
Otro de los puntos sensibles de la entrevista fue la referencia al video que habría motivado la decisión oficial de cerrar la sala. Según se argumentó, la medida respondió a la difusión de imágenes tomadas en sectores restringidos, sin embargo, Franco sembró dudas sobre esa versión ya que “hay dos tomas a las que solo podés acceder con huella. Los periodistas nunca tuvimos habilitada la huella para esa zona” y a partir de ese dato, planteó una hipótesis inquietante: “Esto me lleva a pensar que ese material tuvo autorización de alguna autoridad”, afirmación que abre un interrogante central, si el acceso estaba restringido, ¿cómo se obtuvieron esas imágenes? y, en consecuencia, si la reacción oficial fue proporcional o funcional a otro objetivo.
Más allá del conflicto puntual, Liliana Franco defendió el rol del periodismo como herramienta de control democrático, mencionando investigaciones que derivaron en consecuencias políticas y judiciales y volvió a marcar límites dentro del propio oficio al considerar que “el periodismo opinando como doña Rosa en la peluquería” no sirve, diferenciando la investigación con pruebas del comentario sin sustento.
En esa tensión, entre la crítica al poder y la autocrítica interna, el cierre de la sala de prensa de Casa Rosada no solo expone un conflicto entre el Gobierno y los periodistas. También pone en discusión el modelo de comunicación política, el rol de los medios y la calidad institucional, pero mientras la Justicia comienza a intervenir y el resto de los actores define su posición, el acceso a la información, pilar básico de cualquier democracia, vuelve a estar en el centro del debate.
