04 17 cormillotEn un contexto donde el precio de la carne supera los 20 mil pesos, comenzaron a aparecer opciones que hasta hace poco parecían impensadas, entre ellas la carne de burro. Sobre este fenómeno, el médico nutricionista Alberto Cormillot en diálogo con Punto Uno dijo que se puede comer pero aclaro que no se encuentra en el Código Alimentario Argentino.

¿Se puede comer carne de burro?
-Desde lo biológico, sí. No hay un problema en sí con el consumo. Pero hay que tener en cuenta el grado de salubridad, es decir, si se respetó toda la cadena desde el momento de la faena hasta que llega a la comercialización.

¿Por qué es tan importante esa cadena sanitaria?
-Porque es lo que garantiza que un alimento sea seguro. No alcanza con que la carne sea apta en teoría: tiene que haber controles en la crianza, en la faena, en el transporte y en la venta. Ese circuito es el mismo que se exige para cualquier producto cárnico autorizado.

¿Qué pasa con la legislación en Argentina?
El Código Alimentario Argentino no lo tiene previsto. No está expresamente prohibido. Pero al no estar contemplado dentro de un circuito habilitado, en la práctica no está permitido. Es una especie de zona gris.

¿Qué faltaría para que pudiera comercializarse de manera legal?
-Debería haber animales destinados específicamente a la alimentación, con una crianza adecuada, controles veterinarios y condiciones sanitarias en todo el proceso. Es decir, lo mismo que sucede con las carnes que hoy están autorizadas.

En los últimos días se vio interés por su bajo precio. ¿Influye la situación económica?
-Sí, claramente. Cuando el bolsillo no alcanza, la gente busca alternativas más económicas. De hecho, lo que se vio es que muchas personas se acercaron a comprar por ese motivo.

Más allá del precio, ¿es una carne de consumo habitual en el mundo?
-No es algo muy extendido. Se consume en algunos lugares puntuales, como regiones de Italia, China y algunos países de África, pero no es culturalmente masivo.

¿Puede haber rechazo por cuestiones culturales?
-Sí, sin dudas. Hay alimentos que, más allá de ser aptos, no están incorporados en la cultura de consumo de una sociedad.

Si una persona acostumbrada a la carne vacuna decide probarla, ¿puede tener alguna reacción?
No. El cuerpo no va a reaccionar mal. En todo caso, lo único que puede hacer es agradecerle, porque es una carne con menor contenido graso.

En el norte argentino se consumen otras carnes menos tradicionales, como la llama. ¿Es comparable?
-Hay muchas carnes que en una región son habituales y en otras se consideran exóticas. La llama, por ejemplo, también es magra, tiene poca grasa. Todo depende del contexto cultural y de si está habilitada o no.

¿Dónde se traza el límite entre lo exótico y la necesidad?
-Cuando es por necesidad, la gente no se fija en el SENASA o en el Código Alimentario. La gente come lo que puede.