En diálogo con Punto Uno Stream, la directora del Archivo Provincial de la Memoria de Salta, Alba Fernández, repasó las acciones de preservación y difusión que impulsa el organismo para sostener una memoria activa sobre el terrorismo de Estado. Documentos, talleres, banco de voces, podcasts, poesía y materiales audiovisuales forman parte de esa tarea.
A 50 años del Golpe Cívico Militar, el Archivo Provincial de la Memoria de Salta sostiene una tarea que no se limita a conservar documentos, sino que busca ponerlos en circulación y convertirlos en herramientas de formación, acceso público y construcción de memoria.
Su directora, Alba Fernández, explicó que el organismo trabaja sobre fondos documentales producidos por la propia administración pública durante el terrorismo de Estado y que esa tarea combina dos ejes centrales: preservar y difundir.
En el plano de la preservación, el Archivo clasifica, restaura, resguarda e interviene documentos que permiten reconstruir lo ocurrido en Salta durante la represión. Ese trabajo incluye prontuarios, fichas, registros penitenciarios y otros materiales que funcionan como base documental para la memoria y también como respaldo para consultas de víctimas, familiares y pedidos judiciales. Se trata de una tarea silenciosa pero central: conservar las huellas materiales de lo que pasó para que puedan ser estudiadas, consultadas y comprendidas en el presente.
Pero el archivo también despliega una fuerte agenda de difusión, con propuestas pensadas para llegar a distintos públicos y especialmente a las nuevas generaciones. Una de esas líneas es el trabajo con estudiantes y escuelas a partir del contacto con documentos reales, talleres y experiencias de formación. En la misma lógica se inscribe Voces y Memoria. Banco de Voces del Archivo Provincial de la Memoria, una iniciativa que reúne testimonios orales de presos políticos, familiares, desaparecidos y personas vinculadas a los juicios de lesa humanidad.
A esa tarea se suman también los podcasts, una herramienta para ampliar el acceso a esas historias y llevarlas a otros formatos de circulación, y el espacio Poesía y Memoria, que incorpora una dimensión artística y sensible al trabajo del Archivo. La apuesta, en todos los casos, es que la memoria no quede encerrada en un depósito documental, sino que pueda ser apropiada, escuchada, leída y trabajada por la sociedad.
Dentro de esa política de difusión también se destacan materiales audiovisuales que forman parte del Archivo. Entre ellos aparece Ragone. La Sentencia que ganó la Memoria, una pieza vinculada al juicio y a la figura del exgobernador salteño Miguel Ragone. También Un destello en la oscuridad. Maternar desde la resistencia al horror, centrado en el testimonio de Mirta Torres, presa política, y en una experiencia atravesada por el encierro, la violencia y la resistencia. Son materiales que buscan acercar esos procesos históricos a públicos más amplios a través del lenguaje audiovisual.
Fernández remarcó además que todo este trabajo tiene una definición clara: federalizar la memoria. Es decir, no quedarse solo con una narración general del terrorismo de Estado, sino reconstruir qué ocurrió en Salta, con sus propios nombres, espacios y trayectorias. En ese sentido, el Archivo trabaja para que la memoria tenga anclaje territorial y para que las historias locales formen parte de la conversación pública.
Frente al negacionismo, la directora sostuvo que la respuesta más sólida está en los propios documentos. Por eso, el sentido del Archivo no es solo custodiar papeles, sino sostener una política pública que preserve pruebas, produzca materiales y abra canales de acceso para defender la verdad desde Salta, con documentos, testimonios y memoria activa.
