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Con el paso del tiempo, aquel monumento personal se transformó en santuario, mirador turístico y finalmente en ruina. Entre anécdotas de resistencia, apropiaciones insólitas y celebraciones comunitarias, el lugar pasó de símbolo de orgullo a espacio de devoción y luego al abandono, quedando como un testimonio vivo de las tensiones y metamorfosis culturales de Cerrillos.

La historia de la Gruta de San José, ubicada en Cerrillos, está marcada por episodios singulares que mezclan orgullo personal, disputas con la autoridad religiosa y transformaciones comunitarias. Su origen se remonta a 1893, cuando Mariano Alemán, un comerciante próspero y muy querido en el pueblo, decidió construir un mausoleo en la cima de un cerro. La placa de mármol que coronaba la entrada rezaba: “Monumento de Mariano Alemán y Familia. Marzo 15 de 1893”.

La decisión de levantar el mausoleo no fue casual. En 1886, una epidemia de cólera obligó al párroco e intendente Serapio Gallegos a trasladar el cementerio hacia la falda del cerro. Alemán se opuso férreamente, convencido de que no había necesidad de moverlo. Como ninguno cedió, Gallegos concretó el traslado, pero Alemán ideó una respuesta: construir su propia tumba en un lugar elevado, justo al lado del nuevo camposanto, para que su sepultura quedara siempre por encima de la jurisdicción del cura.

Con dinero y determinación, Alemán pagó diez centavos por cada ladrillo transportado hasta el cerro. Vecinos enteros participaron en la tarea, ganando hasta un peso por viaje, una suma considerable para la época. El mausoleo se convirtió en un espacio de reunión: allí terminaban las fiestas, las jornadas de pesca y las cacerías. Sin embargo, tanta dedicación a la obra y a la diversión lo llevó a descuidar su negocio, que finalmente quebró.

Cuando sus acreedores lo presionaron con demandas judiciales, Alemán organizó una gran comilona en su mausoleo. Invitó a amigos y enemigos, anunciando que al final de la velada se quitaría la vida. Armado con un revólver, pronunció un discurso en el que acusaba a sus acreedores de aprovecharse de su generosidad. Finalmente, la tensión se resolvió de manera inesperada: los acreedores retiraron la demanda y la fiesta terminó en celebración. Desde entonces, las reuniones en el mausoleo se conocieron como “fiestas velorio”, que se repitieron hasta principios del siglo XX.

Cuando Alemán falleció realmente, su deseo de ser enterrado en el mausoleo no se cumplió. Una ordenanza de Gallegos prohibía sepulturas fuera del cementerio municipal, por lo que sus restos terminaron en el camposanto que tanto había rechazado. El mausoleo quedó vacío, pero pronto fue ocupado por un personaje pintoresco del pueblo: “Coto Vinagre”, conocido por su carácter agrio y su peculiar deformidad. Vivió allí durante años hasta su muerte, tras lo cual la construcción quedó abandonada.

 

De mausoleo a santuario

Durante casi medio siglo, la obra permaneció en ruinas. En 1950, el intendente de Cerrillos, junto al párroco Luis Zangrilli y otros vecinos, decidió recuperarla. Con el apoyo de la comunidad y de la propietaria del terreno, se transformó en un santuario dedicado a San José, patrono del pueblo. En abril de 1951 se inauguró oficialmente la Gruta de San José de los Cerrillos, con la presencia del gobernador Carlos Xamena y el arzobispo Roberto J. Tavella.

La restauración incluyó un altar, una cúpula, piso de mosaico, escalinatas y una cruz exterior. El viejo portón de hierro del cementerio de Gallegos fue reutilizado como cierre. El lugar se convirtió en un punto turístico, reconocido como “Mirador Natural del Valle de Lerma”.

En las décadas siguientes, el sitio fue acondicionado con asadores, quinchos y hasta un anfiteatro para celebraciones navideñas. Sin embargo, en los años 80 el predio cayó en el abandono, sufrió vandalismo y fue usurpado. La imagen de San José fue retirada por “razones de moralidad” y el acceso quedó anegado.