El interventor de Aguas Blancas, Adrián Zigarán, en diálogo con Punto Uno advirtió que hay colectivos y camiones que pasarían sin los controles correspondientes en la frontera con Bolivia. También cuestionó las demoras que sufren quienes hacen la fila, alertó sobre la falta de recursos de las fuerzas de seguridad y aseguró que, desde la salida de Patricia Bullrich, el operativo perdió coordinación.
¿Qué está pasando con el Plan Güemes en la frontera?
- El Plan Güemes se está deshilachando. Hoy nos encontramos con situaciones que llaman la atención, como los enfrentamientos entre bagalleros y efectivos de Prefectura Naval. Llegan prefectos de otras partes del país y se encuentran con una realidad que evidentemente no conocen: gente que cruza el río caminando, cargada de mercadería, y un movimiento comercial que parece imposible de ordenar.
¿Qué muestran las imágenes que difundiste sobre la Ruta 50?
- Hay videos del puesto 28 donde se ven filas de vehículos que, según las imágenes, se extienden durante kilómetros. La gente espera para pasar con su mercadería por el escáner, mientras otros vehículos circularían por sectores donde no se respetan las mismas condiciones de control. Hay un colectivo de la empresa San Antonio que aparece avanzando en contramano, mientras el resto está haciendo la fila. Mi pregunta es sencilla: ¿por qué algunos tienen que esperar horas y otros aparentemente pasan sin inconvenientes?
¿Le hiciste llegar estas pruebas a la ministra Monteoliva?
- Sí, le mandé las imágenes, pero no me contestó. Hace menos de diez días, la ministra hablaba de la eficiencia del Plan Güemes. Yo me pregunto cómo puede hablarse de eficiencia cuando hay situaciones como las que estamos mostrando.
También hay camiones de encomiendas que circulan de noche y que, según mi planteo, no estarían siendo controlados como corresponde. Son vehículos que pueden transportar cientos de paquetes. ¿Alguien puede creer que, con los recursos disponibles, se van a bajar todas las encomiendas, pasarlas por el escáner y volver a cargarlas? Muchas veces, el control termina siendo insuficiente.
El problema no es solamente el contrabando. También están las demoras para quienes circulan legalmente.
- Exactamente. Si sos un ciudadano que quiere viajar a Bolivia o simplemente pasar por la zona, podés terminar esperando dos, tres, cuatro o hasta cinco horas. Y estamos hablando de un puesto ubicado en territorio argentino, antes de llegar al límite internacional. Entonces, mientras una persona que quiere hacer las cosas bien pierde horas en una fila, existen circuitos alternativos por los que la mercadería puede seguir pasando. Si el sistema no funciona de manera pareja, termina perjudicando al que cumple y dejando espacios para quienes buscan evitar los controles.
¿Qué tendría que cambiar para mejorar el operativo?
- Primero, hace falta coordinación. Cuando estaba Patricia Bullrich al frente del Ministerio de Seguridad, las fuerzas trabajaban de otra manera. Había puestos de control sucesivos, con Gendarmería, Policía Federal y la Policía de la Provincia. Si algo se escapaba de un control, existía la posibilidad de interceptarlo más adelante. Hoy veo menos coordinación. Y también creo que hay que invertir en tecnología. No podés pretender controlar un movimiento de esta magnitud con infraestructura que no está preparada para semejante volumen de mercadería. Soy partidario de reforzar los controles con perros detectores. Tienen una efectividad muy alta, siempre que se los utilice correctamente. También hay que mejorar los escáneres y la capacidad de fiscalización.
¿La falta de recursos humanos también influye?
- Por supuesto. Estamos enfrentando organizaciones que mueven muchísimo dinero con efectivos que cobran sueldos que, según mi planteo, rondan los 900 mil pesos o el millón de pesos, dependiendo de los suplementos. Hay una desigualdad enorme entre los recursos de las fuerzas y el dinero que manejan las organizaciones criminales.
No se puede exigir resultados extraordinarios si no se les da a los efectivos el respaldo necesario. Hay que hablar de salarios, condiciones laborales, equipamiento y controles internos. Es un problema que no se resuelve solamente poniendo más uniformados en la frontera.
También cuestionaste el sistema de transporte que conecta Orán con Aguas Blancas. ¿Por qué?
- Porque hay que investigar cómo funciona ese circuito. Yo mencioné los colectivos de San Antonio, que realizan entre 20 y 30 viajes diarios, y planteé la necesidad de revisar qué transportan y bajo qué controles circulan.
Además, acerqué material audiovisual al fiscal federal Marcos Romero, en el marco de la causa vinculada a Finca Carina, porque considero que sería importante esclarecer cuál era el papel de esa empresa de transporte en ese circuito. Son cuestiones que deben investigarse y determinarse con pruebas.
No alcanza con mirar para otro lado. Si hay imágenes, registros y documentación, hay que analizarlos y establecer si hubo irregularidades.
¿La situación se limita a Aguas Blancas?
- No. También hay problemas en Salvador Mazza y en sectores de frontera seca, como los de la zona de Aguaray y Acambuco. Son lugares complicados por la geografía, los caminos y la falta de comunicación. Hay sectores donde los controles son difíciles de sostener, especialmente cuando las condiciones climáticas empeoran.
Y después vemos operativos con grandes secuestros de droga en Tucumán, Santiago del Estero o Santa Fe. Por eso digo que la frontera del narcotráfico no termina en Salta y Jujuy. El problema se extiende y requiere una política coordinada en todo el país.
¿Qué te preocupa del escenario actual?
- Que estamos retrocediendo cuando deberíamos estar mejorando. Se habla de intensificar los controles y hasta de un Plan Güemes II, pero al mismo tiempo seguimos viendo situaciones que generan dudas sobre la capacidad real de fiscalización. La frontera es permeable y eso no afecta solamente a quienes viven en Aguas Blancas. Tiene consecuencias para todo el país. Hay que controlar el contrabando, investigar el narcotráfico y garantizar que las fuerzas puedan trabajar con los recursos que necesitan. Mi preocupación es que se siga hablando de resultados sin resolver los problemas concretos que se ven todos los días en la ruta.
¿Qué puede pasar si la situación continúa?
- Los bagalleros viven de lo que hacen diariamente. Si se les impide pasar la mercadería durante varios días, puede generarse un conflicto. Yo conozco cómo se mueve esa zona y no descartaría que haya protestas o cortes en el puente internacional. Por eso hay que actuar antes de que el problema escale. Se necesita una política seria, controles que funcionen y decisiones que no queden solamente en los anuncios. La frontera norte necesita respuestas concretas, no solamente operativos para mostrar resultados.
