
En diálogo con Punto Uno Stream, Francisco Cafiero cuestionó la estrategia internacional del gobierno de Javier Milei y señaló que la Argentina está resignando intereses propios al alinearse con potencias ajenas. En ese marco, vinculó esa orientación con el deterioro salarial, operativo y presupuestario que hoy viven las Fuerzas Armadas.
¿Qué implica este alineamiento del gobierno con Estados Unidos e Israel?
Parto de una base: la política de defensa va de la mano de la política exterior. Una no se puede pensar sin la otra. Y lo que yo veo es una manifestación muy marcada de alineamiento automático, sin crítica, a todo lo que hagan Estados Unidos e Israel. Eso lleva a que la política de defensa nacional quede orientada a una agenda de intereses ajenos y no a una agenda definida desde las necesidades estratégicas de la Argentina.
¿Qué pierde la Argentina cuando se sube a esa agenda?
Pierde autonomía, pierde soberanía y pierde capacidad de decisión propia. Y cuando un país pierde eso, empieza a descuidar sus intereses vitales, que son los que hacen crecer al pueblo, al desarrollo y a la proyección internacional de la nación. La Argentina no es cualquier país: es la octava superficie más grande del planeta, tiene recursos muy demandados por el mundo y el desafío es dejar de ser periférica. Si uno se subordina a la estrategia de otro, se aleja de ese objetivo.
¿Por qué cuestionás especialmente el vínculo con la OTAN?
Porque ahí hay una claudicación muy fuerte. La Argentina está pidiendo ser miembro global de una alianza en la que está el Reino Unido, con quien tenemos una disputa de soberanía por Malvinas. Y además somos un país del Atlántico Sur, con proyección antártica. Entonces yo me pregunto: ¿qué tenemos que hacer en un tratado del Atlántico Norte? Ahí no hay solamente un gesto diplomático, hay una renuncia a pensar la ubicación geopolítica propia de la Argentina.
¿Dónde ves el corrimiento de las Fuerzas Armadas hacia tareas que no les corresponden?
Lo veo, por ejemplo, en la cooperación con las guardias nacionales de Estados Unidos, particularmente con la del Estado de Georgia. Esas fuerzas se parecen mucho más a la Gendarmería o a la Prefectura que a unas Fuerzas Armadas. Entonces, cuando se involucra a militares argentinos con ese tipo de estructura, se los empieza a correr hacia asuntos de seguridad interior. Y eso también aparece en iniciativas vinculadas al narcotráfico. Para mí es un error estratégico: la Argentina necesita Fuerzas Armadas bien equipadas y bien adiestradas, no fuerzas desdibujadas en funciones que no les son propias.
¿Ese alineamiento trajo alguna mejora concreta para las Fuerzas Armadas?
No. Al contrario. El salario militar hoy está entre los más bajos de la región. En los últimos dos años hubo más de 20 mil bajas entre oficiales, suboficiales y personal voluntario. Eso ya es una señal de alarma. A eso se suma una obra social que nosotros dejamos funcionando, con superávit, y que hoy está en bancarrota, y niveles muy bajos de adiestramiento. Entonces, cuando el Gobierno dice que viene a jerarquizar a las Fuerzas Armadas, yo no veo nada de eso en la realidad material.
¿Qué lugar ocupa el FONDEF en esa crítica?
Un lugar central. El Fondo Nacional de la Defensa le daba previsibilidad al reequipamiento militar y además tenía un efecto muy virtuoso sobre la industria nacional, la investigación, la tecnología y muchas PyMEs proveedoras. Eso se desfinanció. Entonces no solo se frenó la mejora de capacidades militares, también se rompieron cadenas productivas que eran valiosas para el desarrollo argentino. Y encima lo poco que compran, lo compran usado y llave en mano afuera. Es decir: se debilita la defensa y también se resigna una herramienta de crecimiento económico.
Francisco Cafiero sostuvo que el gobierno de Javier Milei no solo desfinancia y deteriora materialmente a las Fuerzas Armadas, sino que además las humilla y “desvirtúa” en su función. Como ejemplo, apuntó al uso ceremonial del Regimiento de Granaderos a Caballo en actos privados del poder: “Los convocan para tocarles el feliz cumpleaños a Karina y a Javier Milei en la Casa Rosada. Es obsceno”, dijo. También cuestionó que a la Fanfarria del Alto Perú la hagan tocar canciones de ABBA porque “es la banda que le gusta a Karina Milei”. Para Cafiero, lejos de jerarquizarlas, ese tipo de escenas vacían de sentido el rol institucional de las Fuerzas Armadas argentinas.
