Gobierno de Salta
Banner central top 1 separador

12 21 hessCon sólo dos cambios en el gabinete, más de nombres que de tinte político o ideológico, Sáenz arrancó su segundo período consecutivo al frente del Grand Bourg. Ahora le tocará mostrar dotes de piloto de tormentas.

Por Franco Hessling

La semana pasada comenzó la segunda etapa de gobierno al frente de la provincia de Gustavo Sáenz, quien ganó las elecciones con una contundencia indiscutible -más de 30 puntos porcentuales de ventaja-, pero que deberá ser timonel de tormentas ante los ajustes que se vienen ineluctablemente, puesto que el recorte de fondos no reembolsables para las provincias se consumará, quieran o no los gobernadores.

La ventaja de Sáenz en ese contexto es que se trata de un dirigente con suficiente astucia para sostener diálogos con afines y rivales, al punto que ha sabido acercarse en diálogo con kirchneristas, con peronistas no kirchneristas, con viejos peronistas devenidos en gorilas, con radicales, con gorilas puros y hasta con ciertos sectores de la descafeinada centro-izquierda de Libres del Sur, siempre presta a servir al poder de turno.

En ese marco, siendo un gobernador con cierta experiencia en la gestión y con contactos a nivel nacional, puede anticiparse que Sáenz será de los gobernadores fuertes, referencia en el norte, con los que Javier Milei y su equipo deberán ir negociando el sangrado. En principio, el gobernador salteño tuvo ya sus reuniones con la cúpula de La Libertad Avanza (LLA), pero también lanzó advertencias públicas sobre el grado de tolerancia que habrá con los recortes a las haciendas sub-nacionales.

Pero enfoquemos el análisis de este comienzo de segundo mandato, primero que nada, en el armado del gabinete. No hubo modificaciones en las carteras, algunas sobrecargadas como la de Ricardo Villada que integra tres áreas, y sólo hay dos nuevas caras entre los ministerios que arrancan el segundo mandato del gobernador: en Desarrollo Social y en Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, dos carteras que a nivel nacional se subvaluaron y pasaron a formar parte, como secretarías, del Ministerio de Capital Humano.

En uno de esos cambios puede leerse la continuidad de un acuerdo político partidario que premia a la Unión Cívica Radical doméstica por continuar siendo factor de división de la oposición, tal como lo ha hecho en las elecciones provinciales con la candidatura del ahora sin cargo -veremos por cuánto- Miguel Nanni. En el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia salió Silvina Vargas y entró Mario Mimessi, quien así es cobijado luego de su derrota electoral en el pago chico, Tartagal, donde no fue reelecto intendente. Una radical por otro.

Lo que ocurre en el Ministerio de Educación, cultura, ciencia y tecnología también puede leerse como la continuidad de un acuerdo político, pero en este caso sin equivalencias partidarias, más bien ideológicas. Quien dejó el cargo, Matías Cánepa, fue aliado de Sáenz desde sus tiempos en la intendencia -momentos en que fungió como presidente del Concejo Deliberante- y su pertenencia partidaria no estuvo lejos del gobernador. Cristina Fiore, su reemplazante, forma parte del Partido Renovador de Salta, aunque de su ala más “dialoguista”. El punto en común: ambos son fervientes defensores de los postulados programáticos del Opus Dei.

Con ese panorama, el esquema provincial se mantiene prácticamente idéntico de cara a un segundo mandato. Hay dos puntos a señalar para redondear. Por un lado, que este gabinete ya venía con cierta tónica represiva, con protocolos cuestionables y un discurso anti-protesta muy fuerte. No habrá ninguna incomodidad con los nuevos aires que propone Milei desde la Casa Rosada, muy por el contrario. Y, en segundo lugar, la continuidad tan estable hace suponer que si Sáenz es un buen piloto de tormentas la prolongación de su oficialismo sería casi un hecho, pero, ¿de qué riñón del saenzismo emergerá su sucesor o sucesora?