Mario Casalla
(Especial para Punto Uno)
En nuestra nota del domingo anterior había desarrollado cómo se había fraguado el fusilamiento en Granada de este gran poeta español. Desde meses antes, Federico estaba en Madrid, cuando el 17 de julio estalló en Marruecos la sublevación militar contra la República.
Acababa de cumplir 38 años hacía apenas un mes y pasaba por un gran momento creador. Había terminado “La casa de Bernarda Alba”, su "drama de la sexualidad andaluza", llevaba muy adelantada una comedia sobre temas políticos y estaba trabajando en una obra nueva titulada “Los sueños de mi prima Aurelia”, elegía de su niñez en la Huerta de San Vicente (Granada).
Pero las críticas en su contra habían recrudecido en medio de la tensión previa a la tremenda Guerra Civil que ya se anunciaba. Aunque era -como ya mostramos- de ideas políticas claras y explícitas, detestaba la política partidista y por eso resistió la presión de sus amigos para hacerse miembro del Partido Comunista. Esto sumado a las arremetidas de los conservadores por su amistad con personalidades abiertamente socialistas como la actriz Margarita Xirgu o el ministro Fernando de los Ríos, sumado a la popularidad de Lorca y sus numerosas declaraciones contra las injusticias sociales, lo convirtieron en un personaje muy incómodo para la extrema derecha.
Mientas el mundo entero lo admiraba como “el Homero español”, medios nacionales habían lanzado el rumor de que mantenía relaciones homosexuales con los componentes del teatro estudiantil. "También el Estado da dinero para La Barraca donde Lorca y sus huestes emulan las cualidades que distinguen a Cipriano Rivas Cherif, su 'protector'. ¡Qué vergüenza y qué asco!", bramaba la ya citada revista satírica El Duende, a la que se sumaba la falangista F.E. que acusaba también a los 'barracos' de llevar una vida inmoral, de corromper a los campesinos y de practicar "el marxismo judío".
Intuyendo que el país estaba al borde de la guerra, Federico decidió volver de Madrid para reunirse con su familia.
Los largos y crueles días finales.
El 14 de julio llegó a la Vega de Granada, y días más tarde celebró con ellos la festividad de San Federico. Ya la violencia había estallado en las calles y la posibilidad de un golpe militar estaba en boca de todos. La situación para él se había vuelto insostenible.
Consciente del riesgo que sufría, Federico sopesó varias opciones como intentar llegar a la zona republicana o instalarse en casa del compositor Manuel de Falla, cuyo renombre internacional podría ofrecerle protección. Nada de eso ocurrió. Finalmente decidió alojarse en casa de los padres de su amigo Luis Rosales, un poeta de corte falangista, pero sus esfuerzos no hicieron más que alargar la persecución.
Durante la tarde del 16 de agosto, fue detenido por Ramón Ruiz Alonso, un ex diputado de la CEDA que sentía un profundo odio por su mentor, Fernando de los Ríos, y por el poeta mismo. Según el biógrafo de Lorca, el hispanista Ian Gibson, se sabe que su detención “fue una operación de gran envergadura": se rodeó de guardias y policías la manzana donde estaba ubicada la casa de los Rosales y hasta se apostaron hombres armados en los tejados colindantes para impedir que por aquella vía pudiera escaparse la víctima.
Dos días después se concretó la detención. Le dieron el clásico “paseo” y lo que ocurrió con exactitud a partir de ese momento se desconoce. El régimen franquista nunca reconoció su implicación en el crimen, que se convertiría en una de sus grandes incomodidades internacionales.
Un informe de 1965 redactado por la Jefatura Superior de Policía de Granada, revela que Federico García Lorca fue asesinado junto a otra persona y define al poeta como "socialista y masón", a la vez que le atribuye "prácticas de homosexualismo". El mismo informe relata que el poeta "fue sacado del Gobierno Civil por fuerzas dependientes del mismo y conducido en un coche al término de Vinar (Granada) y en las inmediaciones del lugar conocido como Fuente Grande, junto a otro detenido cuyas circunstancias personales se desconocen, fue pasado por las armas después de haber confesado". Además, revela que fue "enterrado en aquel paraje, muy a flor de tierra, en un barranco situado a unos dos kilómetros a la derecha de Fuente Grande, en un lugar que se hace muy difícil de localizar". ¡Canallada hecha y confesa, ya con Franco en el poder, situación que se prolongaría hasta el 20 de noviembre de 1975, casi cuarenta años de dictadura!
Sabemos sí que lo ajusticiaron junto a los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas y al maestro Dióscoro Galindo, de un colegio vecino. Fue en ese barranco entre Víznar y Alfaca, ratificado por el testimonio muy posterior de uno de los enterradores, Manuel Castilla Blanco.
En 1980 la Diputación de Granada quiso saber dónde estaba Lorca enterrado y realizó una ejemplar investigación en la que reunió varios testimonios, entre ellos el de María Luisa Illescas, quien en 1936 pasaba el verano en Víznar, lugar en el que uno de los asesinos comentó el crimen y señaló a Illescas el escenario del entierro. Esta sacó una foto que entregó en 1980 a la diputación de Granada.
En 1986 aparecieron restos humanos pero, en vez de avisar a la autoridad, inexplicablemente se escondieron en un saco de abono y se enterraron. Ese año fue también localizado el director de las obras del parque quien admitió la aparición de los restos diciendo, "Los tuve en las manos”. Más tarde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, de ámbito estatal, sostuvo que la familia del poeta "conoció la ubicación" de la fosa en la que fue enterrado el cuerpo.
Esta Asociación, en una nota de prensa, con base entre otras fuentes en una conferencia dada en octubre de 1937 en Nueva York por Fernando de los Ríos (suegro de Francisco, hermano de Federico), aseguró que "alguien cercano al crimen les informó del emplazamiento exacto" y que "García Lorca murió a manos de los soldados de Franco, cuando se le conducía desde Granada a un pueblecito próximo, y sé dónde está sepultado, por las confidencias de unos soldados que después se pasaron a las filas leales". De los Ríos terminó su intervención neoyorkina diciendo que "a Lorca lo asesinaron porque representaba el pensamiento español y he venido aquí esta noche a rendir un homenaje a su memoria".
Finalmente, para el investigador y documentalista Benjamín Amo, el poeta está enterrado en la casa familiar de la Huerta de San Vicente, más concretamente en alguna de sus habitaciones. Hoy transformada en Casa-Museo Federico García Lorca, fue la finca de veraneo de la familia entre 1926 y hasta 1936. Ese era el refugio del poeta durante sus estancias en Granada. "Era el lugar al que siempre volvía", confirma Carlos Mayoral, periodista y autor de la novela Yo no Maté a Federico (Espasa, 2022).
Rodeada de un hermoso jardín de vegetación autóctona, se convirtió en un lugar de inspiración para Lorca tanto en su faceta de músico (actualmente se conserva allí su piano) así como de poeta: al parecer en el escritorio de nogal, allí también expuesto, escribió buena parte de sus obras de madurez, entre las que están Yerma, Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba. Además le gustaba invitar a algunos de sus amigos a visitarla, tal los casos del compositor Manuel de Falla o del ensayista Luis Rosales, aquel que en agosto de 1936 lo escondió en su propio domicilio cuando los franquistas ordenaron su detención.
Es en esta Huerta de San Vicente donde, sin saberlo, Federico pasó el último verano de su vida, precisamente porque la consideraba en lugar más seguro en los tiempos turbulentos que ocurrían. Lamentablemente no lo fue. He visitado esa casa-museo hace algunos años y debo decirles que la emoción que se siente es muy profunda.
El final de su captor y una ironía del destino
Por último, es interesante saber qué pasó con quién lo delató y apresó: Ramón Ruiz Alonso, entonces diputado por la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), institución que lideraba Gil Robles y era fuerte en el sur del país.
Terminada la dictadura franquista con la muerte del Caudillo (1975) comenzaron a proliferar las informaciones sobre la muerte de Federico García Lorca, y Ruiz Alonso fue objeto de creciente interés por parte de los medios de comunicación. Ante aquella presión mediática comenzó a sentirse inseguro y en repetidas ocasiones rechazó conceder entrevistas a la prensa.
La protección franquista se le había acabado, lo cual provocó su huida de España. Fue a la Embajada de EEUU en Madrid e hizo los trámites para emigrar allí, creyendo que en la otra punta del mundo nadie lo encontraría.
No fue así. Vivía en una pequeña casa situada en las afueras de Las Vegas, Nevada, en el número 3576 de Clear Lake. La casa fue vendida en 1997 por 61.000 dólares y era una pequeña vivienda construida en 1971. Poco se conoce de esos últimos días de este personaje, no sabía hablar inglés y algunos de sus vecinos lo recuerdan muy envejecido, solo y de apariencia cansada. Cada tanto lo visitaba su hija María Julia Ruiz Penella, casada con Ward Messing, un actor estadounidense de segundo orden. El resto de su familia residente en España no quiso trato alguno con él y evitó hablar con el periodismo peninsular. El 20 de diciembre de 2009, ese mismo diario reveló por primera vez dónde fueron a parar los restos del hombre que denunció y detuvo a Lorca.
Como una ironía final del destino, la última morada del delator está cercana al panteón que posee la familia García Lorca en la Sacramental de San Justo. Los de Federico todavía claman justicia desde “algún lugar entre las localidades de Víznar y Alfacar”. Literalmente podríamos utilizar para él un término de triste invención entre nosotros: García Lorca es un “desaparecido”.

Franco Hessling Herrera
Mario Casalla
Natalia Aguiar