Martín Miguel Güemes Arruabarrena
En el Senado de la Nación, los representantes de las provincias dieron media sanción, por unanimidad, al proyecto de ley que declara a “Bernabé Aráoz, Héroe Nacional”. Esta virtud, se la dedican al mayor obstruccionista del Plan Sanmartiniano de Libertad e Independencia Suramericano.
Las consideraciones que justifican esta proclamación son su participación patriótica en las batallas de Tucumán y Salta; su actuación como Gobernador de la Provincia de Tucumán, en dos oportunidades, y su condición de “precursor del federalismo”.
De este modo, los senadores nacionales proyectan al fundador de “la tucumaneidad” al plano mayor que ocupan San Martín, Belgrano y Güemes, fundadores de “la americanidad”, quienes sobrellevaron la acción porfiada y ambigua de Aráoz, que obstruyó el proyecto de independencia de las Provincias Unidas de Suramérica, que se ahonda al afirmar: “de España, y de toda dominación extranjera”. Mandato de futuro para las generaciones argentinas, que deberán instruirse, de acuerdo al proyecto, en el pensamiento y la acción localista de este prócer tucumano.
En procura de la verdad histórica, afirmamos que, bajo las órdenes del General Manuel Belgrano, en las batallas de Tucumán y Salta, Aráoz cumplió un papel relevante, apoyando con fuerzas gauchas, organizadas por él y de su peculio, para combatir la invasión realista del Gral. Pío Tristán (1812/1813), a las cuales se derrotó gloriosamente.
En las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, en 1813, no participa: está de vuelta en Tucumán. En la invasión de Pezuela, en 1814, tampoco interviene. Es el tiempo de San Martín, Güemes y la guerra gaucha.
Como Gobernador de la Intendencia de Salta del Tucumán, por pocos meses, y luego de la Provincia de Tucumán, Aráoz, designado desde Buenos Aires, aceptó y usufructuó la división arbitraria de la Intendencia de Salta del Tucumán, el 8 de octubre de 1814, hecho nefasto promovido desde el Directorio porteño.
Sin dudas, Aráoz trabajó para el beneficio de su ciudad y de sus comprovincianos, pero también retaceó los auxilios solicitados por Belgrano y Güemes para contener las invasiones realistas de 1815, 1816 y 1817. Esto le acarreó la pérdida de la gobernación, a solicitud de Belgrano, Jefe del Ejército del Norte, al Director Supremo de las Provincias Unidas de Suramérica, Brigadier Gral. Juan Martín de Pueyrredón, quien designó al Cnel. Felipe Mota Botello como gobernador legítimo.
Mota Botello sería defenestrado de su cargo en noviembre de 1819, mediante un golpe de Estado al mando del Cnel. Abraham González, oriental, que catapultó nuevamente a la Gobernación al Cnel. Bernabé Aráoz, verdadero gestor de la asonada que encarceló a Belgrano e hirió gravemente al gobernador legítimo Mota Botello.
Nuevamente en el poder, Bernabé Aráoz se autoproclamó Presidente de la República de Tucumán mediante una ilegítima convocatoria constituyente, que entronizó la nueva Constitución tucumana y legitimó su ocupación gubernativa.
Este golpe de Estado de González y Aráoz inició el funesto proceso de la anarquía tucumana, que se proyectó al plano nacional: la anarquía del año XX, que culminó con el vacío de poder nacional.
La gobernación tucumana le permitió a Aráoz, apoderándose del parque de armas del Ejército del Norte —convocado por el poder portuario a reprimir las ansias autonomistas de los caudillos litoraleños—, intentar por las armas sojuzgar las legítimas necesidades autonómicas de Santiago del Estero y Catamarca.
También impidió los refuerzos militares que el Gobernador Cnel. Juan Bautista Bustos, de Córdoba, y el Caudillo Felipe Ibarra, de Santiago del Estero, enviaran al Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, Gral. Martín Miguel de Güemes, designado por San Martín Jefe del Ejército Libertador en 1820, para cumplir el Plan estratégico del Gran Capitán de Ejércitos Convergentes sobre Lima, Perú: uno vía el Pacífico y otro penetrando en el Alto Perú.
Güemes, en copiosa correspondencia con Aráoz, le solicitó las armas que necesitaba para armar su vanguardia y cumplir con el Plan Sanmartiniano. Aráoz, sibilina y ambiguamente, se negó a esta solicitud militar.
Esto desató la guerra de Güemes con Aráoz y sus nefastas consecuencias: la lucha entre provincias y compatriotas, azuzada por las fuerzas realistas.
El complot regional de quienes querían patria sin gastar, y que teniendo que gastar renunciaban a la patria grande, se conformó con una red de pudientes en Jujuy, Salta y Tucumán, quienes entraron en connivencia con el Jefe del Ejército Realista, Gral. Pedro Antonio de Olañeta, último Virrey del Río de la Plata.
Olañeta, empecinado absolutista, logró con la muerte de Güemes frustrar el avance patriota al Alto Perú, actual Bolivia.
Los partidarios de la patria nueva, conformada por los enemigos de Güemes, contra la patria vieja, partidarios del caudillo de las milicias gauchas, dejaron hacer, dejaron pasar al comando militar que, al mando del Cnel. José María Valdez, alias “el Barbarucho”, enviado por Olañeta, marchó por el camino de los contrabandistas —el despoblado—, penetró subrepticiamente en Salta, rodeó e hirió de muerte al conductor de la epopeya del norte argentino.
Güemes murió el 17 de junio de 1821, rodeado por los gauchos, en el monte salteño. En la soledad de su misión, que fue la fuerza de su gloria.
El excelentísimo Presidente de la República de Tucumán —así se hacía llamar Aráoz— es culpable directo de estos acontecimientos fatales, en el tiempo germinal de la patria.
El Cnel. Bernabé Aráoz murió fusilado por sus mismos comprovincianos, en Trancas, el 24 de marzo de 1824, como consecuencia de sus acciones políticas y militares, que devastaron y ensombrecieron a la provincia de Tucumán.
¿Precursor del federalismo?
Con respecto al “precursor del federalismo” es importante señalar lo siguiente.
El Cnel. Juan Bautista Bustos, luego de sublevar al Ejército del Norte en Arequito, junto a los jefes Alejandro Heredia, tucumano, y José María Paz, cordobés, negándose a reprimir los reclamos de los gobernadores Estanislao López, de Santa Fe, y Francisco Ramírez, de Entre Ríos, asumió la gobernación de Córdoba y convocó a un Congreso nacional para definir la forma institucional que debía adoptar nuestro país.
Su convocatoria tenía por objetivo la aprobación de una Constitución federal que deslegitimara la supremacía centralista, precursora del unitarismo, de la oligarquía porteña, atada a los intereses británicos.
El Presidente de la República de Tucumán, receloso con Bustos, como lo era con Güemes, no apoyó la iniciativa ni la convocatoria a realizar un Congreso para definir el fin de la guerra de la independencia y, mediante auxilios militares, apoyar a San Martín en su campaña libertadora.
Congreso militar que también fue boicoteado por el Gobernador Aráoz.
Afirmamos, para proyección historiográfica, que los dos conflictos que asumió Güemes —el primero con Rondeau— fueron por las armas tomadas en Jujuy para la defensa de la provincia de Salta, que culminó en el Pacto de los Cerrillos, el 22 de abril de 1816, evitando la guerra civil y dando lugar a la apertura de las sesiones del Congreso de Tucumán.
El segundo conflicto, con Bernabé Aráoz, también fue por las armas del Ejército del Norte para avanzar al Alto Perú. Concluyó en el Pacto de Vinará.

Franco Hessling Herrera
Mario Casalla
Natalia Aguiar