Mario Casalla
(Especial para Punto Uno)
En uno de sus ensayos en prosa más profundos (El arco y la lira, de 1956), el poeta mexicano Octavio Paz nos decía: “Desde que empecé a escribir poemas me pregunto si de veras valía la pena hacerlo: ¿no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?, y la poesía ¿no puede tener como objeto propio, más que la creación de poemas, la de instantes poéticos? ¿Será posible una comunión universal en la poesía?”.
Esta ambición de una vida poética plena y más digna entre los hombres y mujeres que habitamos esta nave espacial Tierra, conserva todavía hoy su sentido. Y esa pregunta es un buen pórtico para la efemérides que quisiéramos hoy traer ante nosotros: la muerte del poeta granadino Federico García Lorca, ocurrida en la nefasta madrugada del 19 de agosto de 1936. Tenía Federico apenas 38 años y fue un crimen tan infame como cruel. Durante muchas décadas –en medio de la dictadura franquista- no se habló de ello y luego, paulatinamente, se fueron conociendo más y más detalles de esa atrocidad. Con ese material a la vista, vayan estas líneas como un humilde homenaje.
¿Quiénes y por qué mataron a Lorca?
En plena mañana del miércoles 19 de agosto de 1936, Juan Luis Trescastro entró al café El Royal, se le acercó al pintor Gabriel Morcillo Raya, amigo de Federico, y le espetó al oído: “Don Gabriel, esta mañana hemos matado a su amigo, el poeta de la cabeza gorda”. Lo hizo como quien comunica una noticia más, a sabiendas del dolor que le provocaría y por cierto gozando con ello.
Trescastro era conocido por sus ideas ultraconservadoras y por su participación en la persecución y ejecución de personas supuestamente sospechosas por simpatizar con la izquierda. También es famoso por divulgar, como si fuera una hazaña, su participación en el asesinato de Federico García Lorca. Esa misma mañana siguió de café en café por Granada anunciando la “buena nueva” a los cuatro vientos: “Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón”.
Esencialmente lo mataron por tres motivos tan rotundos como brutales. Por su orientación sexual, por constituir ésta un atentado a la moral y “buenas costumbres” de la época y por las ideas políticas que Federico sostenía aun en medio de tanta barbarie.
García Lorca venía sufriendo señalamientos ofensivos por parte de la “gente decente” y de la ultraderecha española. Por caso, la revista El Duende que circulaba en la ciudad, lo acusaba de integrar “una pandilla de sodomitas” en el teatro universitario La Barraca, del cual Federico era parte. También la Falange Española acusaba a ese grupo de teatro de pervertir a los españoles con “costumbres corrompidas propias de países extranjeros”, que practican “su promiscuidad vergonzosa” y que “estaban al servicio del marxismo judío”. También molestaba y mucho que García Lorca tuviese ideales políticos muy claros que iban en contra de las dictaduras, principalmente contra la dictadura en Portugal de Oliveira Salazar.
El 4 de julio de 1936 manifestó su inconformidad en una suerte de carta abierta dirigida al vecino portugués, que tampoco le perdonaron: “Señor Salazar: defenderse por medio del terror es hundirse cada día más en la dificultad, en la imposibilidad. Llenando de trabajadores y de hombres de izquierda las cárceles de Portugal, Azores y Timor, no consigue destruir las causas del malestar, los motivos de la protesta popular, porque esas causas y motivos están en usted mismo y en su política. Sacrificando a los trabajadores más conscientes, más representativos, no aniquila los sectores populares, de donde ellos reciben alimentos, estímulo y de los que son expresión directa. Alejando de su patria a los hombres de pensamiento, continuadores de la gloriosa tradición portuguesa, no logra usted alejar el espíritu cívico del pueblo ni enfriar la pasión democrática, llena de ansias creadoras, del país”.
Claras como el agua, estas palabras muestran la valentía cívica de joven poeta granadino. Palabras que por elevación hablaban contra el Generalísimo que ya azotaba a la España republicana desde las colonias de Ceuta y Melilla, en tierras usurpadas a Marruecos. Con este manifiesto, Lorca muestra su compromiso político con la democracia y la justicia. Pero Federico no sólo era conocido por su retórica discursiva, sino también por su militancia social.
Con el grupo La Barraca, el poeta español impulsó las Misiones Pedagógicas, cuyo objetivo básico era fomentar la música, el teatro y la literatura en las clases populares andaluzas. Estas acciones también serían catalogadas como subversivas, porque las financió el Ministerio de Educación, que en ese tiempo era dirigido por el socialista Fernando de los Ríos, un gran amigo de Federico García Lorca. Todas estas razones fueron más que suficientes para que el joven poeta fuera capturado el 9 de agosto de 1936 de manera violenta.
Tres décadas después, en 1966, Angelina Cordobilla, la niñera de Concha García Lorca (hermana de Federico) compartió su testimonio sobre la búsqueda y captura del poeta en casa de Gabriel Perea Ruiz, quien era amigo de la familia: “Ellos eran de Pinos. A la Isabel, la madre de Gabriel, y a él, les pegaron con la culata. Hechos polvo estaban, de rodillas. Entonces fueron a la casa de la señorita Concha, al lado. ¿No ha visto usted que allí hay una gran terraza? Pues allí había un apoyo, con muchas macetas y tó. Allí cenaban y comían y tó. Y entonces fueron estos y azotaron a Gabriel. Y a Isabel, la madre de ellos, le pegaron y la tiraron por la escalera; y a mí. Y luego nos pusieron en la placeta aquella en fila, para matarnos allí. Y, entonces, la Isabel, la madre de ellos, les dice: ‘Hombre, siquiera mira por la teta que te he dado, que a usted le he criado con mis pechos’. Y dice él: ‘Sí me ha criado usted con sus pechos, con tus pechos, ha sido con mi dinero. Vas a tener martirio, porque voy a matar a todos’. Al señorito Federico le dijeron allí dentro ‘maricón’, le dijeron de tó. Y lo tiraron también por la escalera y le pegaron. Yo estaba dentro y tó, y le dijeron de maricón. Al viejo, al padre, no le hicieron ná. Fue al hijo”. Agréguese a esto que Benet, un ultraderechista, le reveló al escritor español Andrés Sorel que “a Lorca le torturaron, sobre todo en el culo; le llamaban maricón y ahí le golpearon. Apenas si podía andar”. Días más tarde de todas estas atrocidades, se producirá el fusilamiento.
Nuevos testimonios sobre el drama lorquiano
En el año 2016, al cumplirse el 80 aniversario de la tragedia, Miguel Caballero, autor de la investigación “Las 13 últimas horas en la vida de García Lorca”, agregó que “el asesinato del poeta tuvo también su origen en rencillas privadas, lejanas a posicionamientos políticos y a otras causas más impersonales y más frías, macerada en la cuba de los odios y las venganzas familiares”. Se lo fusiló por aplicación del bando de guerra, en la madrugada del 19 de agosto de 1936, pero la actuación de cada uno de los implicados comenzó el 16 de agosto, día de la detención.
Aquella Granada, sumida en el terror, llevaba tomada casi tres semanas cuando Federico es detenido en casa de los Rosales. Ramón Ruiz Alonso, quien pertenecía al partido Acción Popular, liderado por el derechista Gil Robles, fue quien -según investigó el citado Caballero- “permaneció en Granada preparando lo que ya sabía que sería la sublevación militar”.
En 1956 reconocería al primer investigador lorquiano, Agustín Penón, que “la orden de detención del poeta se la da Velasco Simarro en ausencia del gobernador Valdés”. Y la documentación encontrada señala que Ruiz Alonso redactaría previamente en el Gobierno Civil una denuncia con el paradero del poeta, lo que dejó luz verde a Simarro para ordenar la detención y posterior fusilamiento de Lorca.
Agréguese a este complejo cuadro de complicidades y odios, la situación específica de la familia Rosales, en cuya casa se detiene a Federico. De los cuatro hermanos que la componían (José, Luis, Miguel y Gerardo Rosales), José fue el falangista más significativo de todos ellos. Tanto que el mismo Primo de Rivera lo nombró jefe provincial de Falange.
En la investigación de Caballero sobre esos últimos trece días de Federico, se apunta que José Rosales “no solo participó en la sublevación, sino que con anterioridad fue el enlace directo del jefe de Falange Primo de Rivera con los sublevados granadinos, principalmente con Valdés Guzmán, con el que mantenía una buena relación de amistad y camaradería”. Otro de los hermanos era Luis Rosales –el más cercano a Lorca- también poeta e ingresaría en la Falange el mismo día de la sublevación.
En declaraciones al periodista Molina Fajardo en 1969, éste relataría todo lo relacionado con la detención de Lorca. Caballero recoge que “en el día de su detención, 16 de agosto, él se encontraba en Motril. Esa noche fue al Gobierno Civil para interesarse por su amigo el poeta, en unión a sus hermanos José y Miguel. Mantuvieron una discusión con Velasco Simarro y realizaron una declaración sobre la permanencia del poeta en su casa”. Aquel desencuentro tuvo un alto precio para Luis, ya que estuvo a punto de costarle la vida. La investigación relata que “el propio jefe de Falange le pediría que se quitara la camisa azul, paso previo a la detención”.
Por cierto, hay muchos más datos sobre el tema, si le parece, amigo lector, lo seguimos conversando el domingo próximo.

Franco Hessling Herrera
Mario Casalla
Natalia Aguiar