Franco Hessling Herrera
Jamaica está de luto. El registro que más orgullo causaba al deporte nacional, las marcas de Bolt, fueron superadas recientemente dejando atrás un récord que parecía imposible de batir. Para tranquilidad de los humanocentristas, sigue siendo el ser humano más veloz.
El récord del velocista Usain Bolt en los 100 metros llanos fue batido en los últimos días, pese a que en los últimos tiempos se había configurado cada vez más la idea de que pasaría mucho tiempo hasta que fuera rebasado.
El imbatible registro de Bolt sólo se mantiene para los humanos, entre los cuales sigue siendo el más rápido de la historia, con una marca que se ha revelado insuperable para quienes alimentan su existencia a través de células, sangre, oxígeno y sistemas complejos de circulación, excreción, respiración, digestión, reproducción y respuesta inmunológica. En ese plano, el jamaiquino sigue siendo el más raudo de todos.
Sin embargo, los entes que habitan el mundo van cobrando formas más ensortijadas, donde no sólo lo biológico es digno de participar en las competencias deportivas. Si el debate que parecía ganar lugar era qué sitio ocuparán las personas transgénero en la distribución de las disciplinas, los eventos deportivos más excéntricos de la actualidad van a dejar boquiabiertos a los comentaristas y participes de esa deliberación reducida meramente a las conjunciones posibles entre realidades humanas. Hombres, mujeres y personas trans, al fin de cuentas -o al principio- participan en iguales proporciones de la condición humana, con biologías homólogas en cuanto a los sistemas que hemos mencionado en el párrafo anterior.
Desde hace algún tiempo la robótica se ha aplicado a desarrollar humanoides que tengan la capacidad para emplearse en destrezas deportivas, como el atletismo y sus pruebas de velocidad, incluso las que incluyen vallas. Hasta el momento no se han combinado a humanos y robots en una misma instancia competitiva, pero se han creado certámenes propios para los humanoides donde contienden entre sí y hasta se cuelgan preseas, igual que las olimpiadas tradicionales que nos legaron los griegos. Lo que podría parecer hilarante, como ver robots correr, no dista demasiado de las pasiones que despiertan los hipódromos.
Más temprano que tarde, las competencias con robots que se aplican a las mismas disciplinas deportivas que los humanos, podrían levantar incluso apuestas, tal como ocurre con los caballos de carrera o con las riñas de gallos. Otros entes, no humanos, sobre los que los humanos no tienen dominio bajo control remoto o una caja de cambios, se disputan en una contienda en la que los humanos disfrutan como espectadores, entrenadores, organizadores o simples enajenados por el escolazo de envites, unos tras otros, ludopatía mediante. Si las apuestas online van expandiéndose a la velocidad de Bolt, no hay que ser un pesimista recalcitrante para avizorar una suerte parecida con las competencias entre robots con forma humana.
En la más reciente edición de las olimpiadas de robots humanoides, un nuevo nombre se imprimió en los anales de los 100 metros llanos, dejando por primera vez en la historia a los humanos rezagados frente a otra entidad. Se trata del robot Tiangong Ultra, con cariz escarlata y planteado, quien tras una largada algo retardada, se repuso para sobrepasar a todos sus inmediatos competidores, pero también para superar la épica marca que había establecido el ser viviente Bolt. Y lo superó con creces, bajando más de 20 décimas de segundo al jamaiquino. Aunque Tiangong Ultra no tiene sentimientos, tras cruzar la meta algunos de los presentes afirmaron haberlo visto conmocionado por la epopeya que acababa de realizar.
El pueblo centroamericano de habla inglesa testimonia todavía un férreo orgullo por su atleta, quien todavía impera entre los humanos. Jamaica ha reafirmado su entera devoción por Bolt, más allá de que chinos, norteamericanos y europeos han aprovechado la ocasión para subrayar que evidentemente los pueblos atrasados no pueden mantenerse como principal referencia en ningún área. Las sociedades con un capitalismo tecnológico más avanzado, dijeron ciertos ignotos insignes de aquellos lugares, deben resguardar la bandera humana ante una eventual rebelión de los robots, máxime cuando empiecen a combinar sus acciones maquinales con la inteligencia artificial generativa. Hay rumores, entonces, de que el Comité Olímpico Internacional podría anular todos las marcas que no hayan sido establecidas por oriundos de potencias mundiales.
Quizá dentro de no mucho tiempo, si no hay insurrección robótica sino integración multi ontológica, las contrataciones de jugadores de Central Norte sean humanoides, los arqueros de Gimnasia y Tiro no tengan pasión y los directores técnicos de Juventud Antoniana tramen la disposición táctica usando los algoritmos de su propio funcionamiento. Tal vez en las tribunas las mayores trifulcas las desencadenen precisamente los barras de hierro, y los que la sigan chupando por sus editoriales tendenciosas ante un micrófono sean quienes mejor existen porque no sobreviven. Pues ni siquiera están, ni estarán, vivos.

Franco Hessling Herrera
Mario Casalla
Natalia Aguiar