Jorge Villazón
En su discurso por cadena nacional del 21 de junio de 1973, Juan Domingo Perón afirmó explícitamente que la Argentina estaba viviendo "la consecuencia de una posguerra civil que, aunque desarrollada embozadamente, no por eso ha dejado de existir". Los hechos ocurridos el día anterior, en lo que se conoce como La Masacre de Ezeiza, así lo confirmaban.
El alzamiento militar del 9 de junio de 1956 en la Argentina, conocido como el Levantamiento de Valle, fue una sublevación cívico-militar liderada por el general de división Juan José Valle y el general Raúl Tanco. Su objetivo principal era derrocar a la dictadura autodenominada "Revolución Libertadora" (encabezada por Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas), restablecer la Constitución de 1949, exigir el fin de la persecución política y habilitar el regreso de Juan Domingo Perón al país. El movimiento estaba fuertemente infiltrado por los servicios de inteligencia del gobierno de facto. Debido a delaciones y una planificación apresurada, los focos rebeldes de Campo de Mayo, La Plata, Avellaneda y Rosario fueron neutralizados con rapidez entre la noche del 9 de junio y la madrugada del 10.
La dictadura de Aramburu decretó la ley marcial pasada la medianoche del 9 de junio (madrugada del día 10). De forma ilegal se puso en vigencia la Ley Marcial. La normativa se aplicó de manera retroactiva para condenar a muerte a quienes se habían levantado horas antes del decreto. La respuesta de la Revolución Libertadora (apodada desde entonces por el peronismo como "la Fusiladora") fue un castigo punitivo sin precedentes en el siglo XX argentino. Entre el 9 y el 12 de junio, se ejecutó a un total de 32 personas, divididas entre militares y civiles. En la noche del 9 de junio, antes de que rigiera la ley marcial, un grupo de civiles peronistas fue detenido ilegalmente en una casa y llevado a los basurales de José León Suárez (San Martín, Provincia de Buenos Aires) para ser fusilados de forma clandestina. Hubo sobrevivientes que lograron escapar y relataron la barbarie. El 12 de junio, con la promesa gubernamental de detener la matanza, el general Valle se entregó voluntariamente. Sin embargo, esa misma noche fue fusilado en la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras en la Ciudad de Buenos Aires por orden directa de Aramburu. Este suceso marcó de manera definitiva el inicio de la denominada Resistencia Peronista, que Perón caratuló como Guerra Civil.
Los militares ejecutados por el decreto 10.364 fueron:
En la Penitenciaría Nacional, (CABA), ejecutados oficialmente el 11 de junio, a excepción del líder del movimiento ejecutado al día siguiente: General de División Juan José Valle (fusilado el 12 de junio), Coronel Ricardo Salomón Ibazeta, Coronel Eduardo Alcibíades Cortines, Capitán Eloy Luis Caro, Capitán Néstor Dardo Cano, Teniente Primero Jorge Leopoldo Noriega, Teniente Primero Néstor Marcelo Videla (Maestro de Banda de la Escuela de Suboficiales), Sargento Ayudante Isauro Costa, Sargento Carpintero Luis Pugnetti, Sargento Músico Luciano Isaías Rojas.
Municipalidad de Lanús: Teniente Coronel José Albino Yrigoyen, Capitán Jorge Miguel Costales, (En este mismo evento fueron fusilados cuatro civiles).
Escuela de Mecánica del Ejército (11 de junio): Suboficial Principal Ernesto Gareca, Suboficial Principal Miguel Ángel Paolini, Sargento Hugo Eladio Quiroga, Cabo Músico José Miguel Rodríguez.
Muertes en otras dependencias y detenciones: Suboficial Principal Aldo Joffré (apareció "suicidado")
Para muchos, fue una tragedia olvidada o negada por su magnitud histórica. Pero que ocurrió, es seguro que así fue.
Resulta ineludible enlazar este episodio al también trágico, final de la vida de Pedro Eugenio Aramburu. José Pablo Feinmann, en su libro “El secuestro de Aramburu” en un fragmento, publicado en Página 12 el domingo 2 de noviembre de 2008, cuenta algo que da escalofrío al que lo lee:
“–San Agustín era un pecador sufriente. Sólo su gran dolor lavó sus pecados. No veo en usted un gran dolor.
–Tampoco lo veo en ustedes y van a cometer un pecado supremo.
–Puede ser. Pero si nos arrepentimos no va a ser hoy. Tenemos tiempo.
Y Fernando se pone muy serio. Su entrecejo se frunce y dos rayas verticales, muy marcadas, se dibujan entre sus cejas. –Le prometemos algo, vamos a rezar por la salvación de su alma, hoy mismo, general.
–Quiero un sacerdote. Exige Aramburu.
–No podemos –dice Firmenich–. No juegue con nosotros. Usa trampas hasta el último instante. ¿Cómo quiere que traigamos un sacerdote aquí? Todas las rutas están vigiladas. Lo seguirán. Nos encontrarán. Todo habría sido inútil.
–¿Cómo? –dice Aramburu, incrédulo–. ¿No tienen un sacerdote? ¿No se ocuparon de traer uno? ¿O de tenerlo aquí, esperándonos? ¿Qué clase de católicos son ustedes? Yo no les hubiera negado un sacerdote. De haber tenido que fusilarlos, lo primero habría sido reservarles uno. Sépanlo: Valle lo tuvo. Tuvo a su párroco, a monseñor Devoto. Pudo abrazarse a él”.
NO HAY NADA QUE AGREGAR.

Franco Hessling Herrera
Mario Casalla
Natalia Aguiar