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El expresidente Lula da Silva se impuso en las elecciones en Brasil este domingo con el 48,07% de los votos, frente al 43,51% del actual mandatario Jair Bolsonaro. La jornada transcurrió sin hechos de violencia y estuvo marcada por las largas filas en los centros de votación. El Tribunal Superior Electoral ratificó el resultado final y confirmó que la segunda vuelta se realizará el 30 del presente mes.

"Unas elecciones limpias deben ser respetadas", dijo ayer Jair Bolsonaro tras votar en el barrio Vila Militar de Río de Janeiro, y deseó que "venza el mejor", aunque sin responder si iba a aceptar los resultados.

Levantando los pulgares en símbolo de victoria, Lula da Silva votó por su parte en Sao Bernardo do Campo, región de San Pablo, donde se forjó como líder sindical en los años setenta. "Este país precisa recuperar el derecho de ser feliz. No queremos más odio", agregó en alusión a la polarización de la sociedad que se ha acentuado bajo el gobierno actual.

Por primera vez en Brasil, todos los colegios electorales cerraron al mismo horario, las 17:00 locales, pero debido a la enorme cantidad de personas que se acercaron a los centros de votación en las grandes ciudades del país la votación se extendió por sobre esa hora.

Largas filas de votantes y demoras de hasta tres horas fueron la postal de estas elecciones, las más polarizadas en la historia de Brasil y cuya campaña estuvo marcada por la violencia política que dejó tres muertos.

El presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), Alexandre de Moraes, destacó el clima de "absoluta tranquilidad" y dijo que no "es posible afirmar", como era señalado en las redes sociales, que las largas filas que se observaban en algunos centros se deban a problemas de biometría en vez de a una mayor participación de lo habitual.

Bolsonaro, de 67 años, ha gobernado el mayor país de América Latina a golpe de crisis, especialmente con una fustigada gestión de la pandemia que dejó 686.000 muertos y un desafío constante a las instituciones democráticas. Mantiene un sólido apoyo entre el electorado evangélico, el agronegocio y los sectores más conservadores.

Lula, que presidió Brasil durante un periodo de fuerte crecimiento y dejó el poder con un envidiable índice de popularidad, vuelve al ruedo político con 76 años y sin poder sacudirse la mancha de la corrupción, aunque sus condenas en el escándalo "Lava Jato" fueron anuladas por motivos procesales.

Excarcelado en 2019 tras pasar 19 meses en prisión, Lula cuenta con el apoyo de las clases populares, las mujeres y jóvenes y trata de seducir al mercado y sectores moderados. Su candidato a vicepresidente es el tecnócrata Geraldo Alckmin, quien podría ocupar el cargo de ministro de Economía.

Desde hace meses, Jair Bolsonaro arremete sin ninguna prueba contra la fiabilidad del voto electrónico vigente en Brasil y, en las últimas semanas, directamente contra el Tribunal Superior Electoral, al que acusó de planear la victoria de Lula da Silva.

Su actitud ha llevado a muchos observadores a temer violencia por parte de sus seguidores, como ocurrió con el asalto al Capitolio en Estados Unidos en 2021 tras la derrota de Donald Trump. La administración de Joe Biden, de hecho, realizó un llamado para que los resultados sean respetados.

En tercer lugar está la candidata Simone Tebet 4,19 por ciento y el exministro Ciro Gomes, quien tiene 3,05 por ciento. Los demás aspirantes han alcanzado hasta el momento menos del 1 por ciento.

El presidente del TSE, Alexandre de Moraes, destacó que esta jornada electoral fue limpia, transparente y segura, además que hubo una gran afluencia de votantes.