
La partida de Melania Pérez deja un vacío profundo en el folklore salteño y argentino. Cantora, maestra y referente indiscutida, su voz no solo interpretó canciones: pintó paisajes, marcó escuela y definió una manera de cantar Salta. Así la recuerda Fernando Aimo —músico, discípulo y amigo—, quien compartió con ella escenarios, aprendizajes y una relación que fue mucho más allá del aula.
“Digo hemos perdido, porque Melania nos representó durante muchísimo tiempo”, afirma. Su recorrido artístico atravesó distintas formaciones emblemáticas: Las Voces Blancas, el dúo junto al “Bicho” Vaca, y una trayectoria que la convirtió en símbolo. Pero para Fernando, Melania fue además su profesora de canto y una amiga cercana, especialmente durante los años difíciles de la enfermedad del “Bicho”, cuando ella vivía en Salta y enseñaba en los Talleres Artísticos Jaime Dávalos.
La maestra que empezaba por respirar
Si hay una enseñanza que Fernando guarda como fundacional es clara y contundente: “Lo primero que me enseñó Melania fue a respirar. Estuve casi un año respirando antes de cantar. El caudal de aire es la base del canto”.
Desde ahí, Melania construía técnica, pero también confianza. “Era natural. Lo que ella hacía de forma innata, a otros nos enseñaba a lograrlo con trabajo. Fue la maestra que todo cantor hubiese querido tener”.
De alumna a colega
Con el tiempo, el vínculo se amplió y se encontraron como pares sobre el escenario. Aun así, cantar delante de ella nunca dejó de imponer respeto. “La última vez que la vi fue el invierno pasado, en una presentación en Salta. Canté sabiendo que mi maestra estaba sentada ahí… un nervio enorme”.
Esa noche compartieron una cena larga, casi hasta la madrugada. Hablaron de música, de la falta de reconocimiento, del sistema de festivales y de una realidad que a Melania le dolía, aunque rara vez la escucharan quejarse.
“Murió con las botas puestas”
Fernando no duda en definirla como una artista que luchó contra el sistema de la música, sin resignar su identidad. “No solo se perdió la cantora o la amiga. Se perdió una persona que peleó hasta el final. Murió en su ley”.
También señala una deuda pendiente: el reconocimiento. “Hoy le preguntás a muchos jóvenes quién fue Melania y no lo saben. Eso habla de una involución cultural muy fuerte, no solo en el folclore, sino en el arte en general”. Y recuerda una frase que grafica su dimensión artística y humana. Durante una entrevista, cuando un periodista presentó a Mercedes Sosa como “la mejor cantora de la Argentina”, la Negra lo interrumpió: “No. La mejor cantora de la Argentina se llama Melania Pérez y vive en Salta”.
La voz de la mujer salteña
Para Fernando, Melania fue —y seguirá siendo— el color de la voz de la mujer salteña. “Te cantaba una canción y te pintaba un paisaje entero. Técnica, interpretación, sensibilidad: una maestra”.
Hizo escuela, como tantos otros grandes que marcaron estilo sin siempre recibir el lugar que merecían. “De esa gente hay que aprender, copiar, seguir”.
Un legado que no se apaga
¿Cómo le gustaría a Melania ser recordada? Fernando no duda: “Ella va a estar siempre en el canto. En cada persona que aprendió a respirar, a escuchar, a respetar la música”.
Melania, la maestra, sembró. Muchísimo. Y para quienes estuvieron despiertos —como dice Fernando—, su legado ya es eterno.
