11 02 saramata

La historiadora salteña Sara Mata, recientemente incorporada a la Academia Nacional de la Historia, en una entrevista con Punto Uno analizó el papel de las provincias en la construcción del relato nacional, la participación de los sectores populares y las mujeres en la Independencia y el liderazgo político de Güemes.

¿Qué significa su incorporación a la Academia Nacional de la Historia y qué lugar ocupa hoy la historiografía del interior?
- Es importante que la Academia comience a incorporar académicos del interior del país. Hay muy buenos historiadores en provincias como Tucumán, La Rioja, Chaco y Salta. Durante mucho tiempo estuvo concentrada principalmente en Rosario, Córdoba, La Plata y Buenos Aires. Creo que ahora comenzó una apertura necesaria. Es importante entender que escribir la historia solamente desde Buenos Aires no significa escribir la historia nacional.

¿Las provincias lograron ganar espacio en la construcción de la historia argentina?
- Se avanzó muchísimo en las últimas décadas. Los problemas históricos deben estudiarse en distintas escalas. Aunque uno investigue desde Salta, tiene que vincular los procesos políticos, económicos y sociales con la región, Buenos Aires, Latinoamérica e incluso Europa. No se trata simplemente de sumar historias provinciales, sino de comprender cómo se relacionan esos procesos.

¿Qué intereses movilizaban a los distintos sectores sociales durante la Revolución de Mayo y las guerras de Güemes?
- Hay que dejar de pensar que solamente las élites dirigían el proceso revolucionario y que los demás participaban porque seguían a un líder. Había pequeños propietarios, productores, arrendatarios, hacendados y distintos sectores con intereses propios. Algunos buscaban controlar el poder político, otros tenían reivindicaciones relacionadas con la tierra, la libertad o la situación de los esclavos. En los escuadrones gauchos convivían esclavos fugados, indígenas, mestizos y productores. Era una composición social muy diversa.

¿Qué lugar tuvieron las mujeres en la lucha por la Independencia?
- La participación de las mujeres suele quedar invisibilizada, especialmente cuando no pertenecían a las élites. Muchas acompañaban a los ejércitos como enfermeras, cocineras o encargadas de lavar la ropa, pero también empuñaron las armas en momentos críticos. Generalmente se las recuerda como madres, hermanas o esposas de los líderes. Juana Azurduy es un caso particular porque adquirió centralidad por su propia participación militar. Pero hubo muchas otras mujeres cuyos nombres ni siquiera conocemos.

¿Macacha Güemes tuvo un papel político propio o su figura quedó reducida a ser la hermana del General?
- Macacha también tenía decisiones políticas propias. Después de la muerte de Güemes fue encarcelada y acusada de participar en una conspiración. Hay documentación en el Archivo Histórico de Salta que registra esa situación. Eso demuestra que no era considerada solamente la hermana de alguien, sino una figura que podía tener intervención política. No sabemos si efectivamente participó de esa conspiración, pero el hecho de que fuera sospechada ya muestra el peso que tenía.

¿Cómo define a Güemes como dirigente político y militar?
- Fue un líder políticamente muy hábil. Tuvo que negociar con numerosos sectores locales porque la movilización popular ya existía antes de que él asumiera el liderazgo. No podía conducir por sí solo un territorio tan amplio y complejo, con problemas sociales y económicos muy diferentes. También tuvo que construir acuerdos con los grupos federales y con los jefes milicianos. Pensar que todo fue una sucesión de acuerdos y armonía es una fantasía histórica. La política siempre tiene conflictos y tensiones. Su capacidad para negociar fue una de sus principales virtudes.

¿Qué dificultades enfrentan actualmente quienes quieren investigar Historia desde la universidad pública y el CONICET?
- Estamos atravesando uno de los momentos más complejos. Por mi trayectoria conocí otros períodos difíciles, durante el menemismo y el gobierno de Macri, pero no con la intensidad con la que estamos siendo asfixiados económicamente y descalificados culturalmente ahora. Parece que la Historia, la Filosofía, las Letras y las Ciencias Sociales no valen la pena porque no son productivas. No se entiende que ninguna tecnología puede implementarse adecuadamente en una sociedad que no se conoce y sobre la que no existe un análisis crítico.

¿La inteligencia artificial representa una amenaza o una herramienta?
- Es un desafío que tenemos que aprender a manejar. Hay herramientas que pueden ayudarnos a organizar datos, buscar información, digitalizar documentos y acceder a materiales. Todo eso puede favorecer el trabajo, pero también tenemos que conservar el pensamiento crítico, la capacidad de discernir y la creatividad. La inteligencia artificial no crea nada, el que crea es el hombre.

¿Se puede llevar el rigor de la investigación histórica a formatos más populares, como podcasts y producciones audiovisuales?
- Por supuesto. Hay podcasts interesantes y bien hechos. Son mecanismos que permiten llegar a otros públicos, especialmente a los jóvenes, que consumen contenidos más inmediatos y visuales. Que un contenido sea breve no significa que tenga que perder rigor académico. Si la información está construida con seriedad profesional, es bienvenida su difusión a través de distintos formatos.