La pasión culinaria no siempre se manifiesta como un camino recto; a veces es un llamado interno que exige romper estructuras. Rocío Chahle, cocinera salteña radicada en Barcelona desde 2019, regresó temporalmente de manera virtual a su provincia natal como invitada especial en la Semana de la Gastronomía. En este evento académico, la joven lideró la propuesta "Chef Talent", un espacio donde compartió su experiencia internacional con la comunidad universitaria.
A través de su charla titulada El arte de servir, a la cual tuvo acceso exclusivo Punto Uno, Chahle desandó el camino que la llevó a abandonar una carrera consolidada en marketing y publicidad para adentrarse en los fuegos de la alta cocina europea. Un recorrido que en el último año la llevó a trabajar junto a la firma McLaren, conociendo distintas ciudades del mundo de la mano de la Fórmula 1, y que en los próximos días sumará un nuevo destino: Praga, donde se desempeñará como cocinera privada.
El origen y quiebre profesional
La relación de Rocío con los alimentos comenzó en su infancia, bajo el ala de una herencia cultural muy marcada. "Crecí en una familia árabe y como tal la comida y el preparar alimentos siempre tuvo lugar en nuestra casa. Con el agravante de que mi padre además era cazador y pescador, entonces teníamos a una edad muy pequeña un paladar realmente muy desarrollado".
Pese a ese entorno, el mandato social de la época relegaba a la cocina como una opción menor. Al terminar el colegio secundario, decidió mudarse a Córdoba, donde obtuvo la Licenciatura en Comunicación Social y Diseño Gráfico. Ejerció durante años en medios de comunicación y agencias de publicidad, pero la comodidad laboral no acallaba su verdadera inquietud.
A los 27 años, la salteña decidió detenerse y escuchar sus propios anhelos. En su disertación recordó una frase de José de San Martín a su hija que marcó ese momento bisagra: “Serás lo que debas ser o no serás nada”.
Ese impulso la llevó a Buenos Aires para iniciar sus estudios formales en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG). Desde el primer día en el aula técnica, supo que había encontrado su lugar. "Fue sentirme como un pez en el agua. Llamé a mi madre, que es mi gran confidente y compañera, y fue como: 'Mamá, me siento como un pez en el agua realmente'".
Durante dos años intensivos, combinó la formación teórica con una curiosidad insaciable, impulsando a los estudiantes actuales a mantener siempre activa esa búsqueda personal a través de libros, videos y experimentación culinaria.
El salto a Europa
Al finalizar sus estudios en el IAG, surgió la oportunidad de una pasantía en San Sebastián, en el País Vasco. En diciembre de 2019, Rocío se trasladó al norte de España sin imaginar que apenas tres meses después el mundo se paralizaría por la pandemia de coronavirus. La adaptación al aislamiento se sumó a la enorme exigencia de la alta cocina internacional. Ingresó a la cocina de Martín Berasategui, célebre chef que ostenta 14 estrellas Michelin. "De pronto te encuentras fuera de tu casa, en una pandemia mundial, con un chef famoso, con cámaras de televisión todo el tiempo, y encima no entendiendo ni la mitad de cosas que te dicen, porque aunque en España se hable español, todo en cocina se nombra diferente. Decir que fue duro es quedarme muy corta, pero fue maravilloso", contó.
La experiencia le otorgó un aprendizaje único en cuanto a disciplina, rigor y manejo de materias primas de máxima calidad, aunque advierte que el ritmo de 14 a 15 horas de labor diaria exige un sacrificio extremo. Tras dos años en el País Vasco, su siguiente escala fue Madrid, donde se incorporó a la estructura de un hotel de cinco estrellas, atendiendo a celebridades internacionales como Tim Burton o William Levy, lo que le permitió conocer un formato organizativo diferente y de altos estándares.
Nuevos rumbos
Un asunto personal la obligó a regresar a Salta por tres meses, período que utilizó para replantearse los horizontes de su profesión. Al volver a Europa, exploró el sector de los yates de lujo en la zona de Barcelona. Sin experiencia previa en navegación, se embarcó en un navío cuyo alquiler semanal ascendía a los 250.000 euros, cocinando para la familia real de Bélgica y magnates de la tecnología.
Posteriormente, ingresó a The Paella Club en Barcelona, un espacio dedicado a la enseñanza de la cocina española para turistas extranjeros, lo que consolidó su dominio del inglés. Fue allí donde su carrera tomó un giro profundamente humano. A través de una iniciativa social de la empresa, viajó como voluntaria a Gambia, África, una experiencia que transformó su visión de la vida. "Nunca en mi vida me sentí tan cocinera como en este viaje. Me sentí la cocinera más cocinera del mundo porque sentí y entendí que para mí cocinar era una manera de dar amor. Y aunque pueda sonar muy poético y emocional, yo creo que la forma más bonita de dar amor a los demás es a través de la comida".
La locura de la Fórmula 1
Existe un capítulo en la trayectoria de Rocío que despierta asombro y curiosidad generalizada. Al revelar su labor para la escudería McLaren de Fórmula 1, surge una pregunta recurrente de las personas: ¿cómo consiguió ingresar a ese entorno selecto? La respuesta es fortuita. Ocurrió un fin de semana en el que realizaba tareas extra en un restaurante. El equipo del lugar renunció de forma imprevista, obligando a los encargados a buscar personal de emergencia. Rocío asumió el reto de sacar adelante cuatro jornadas de servicio sin conocer las recetas ni el funcionamiento del local, respaldada solo por su profesionalismo.
En esa caótica jornada compartió tareas con un colega vinculado a McLaren. El cocinero observó su desempeño y le extendió un elogio determinante: más que sus dotes culinarias, valoró su actitud frente al colapso general. En las cocinas profesionales abundan los momentos de alta tensión, por lo que Chahle resalta el valor de poseer buen humor para sostener la moral del grupo, además de aprender a trabajar como verdaderos miembros de equipo. Un solo turno compartido bastó para desencadenar un cambio radical en su carrera.
Esa oportunidad inicial derivó en un período de diez meses, de septiembre a julio, donde asumió la coordinación de un equipo de cocineros. La experiencia le exigió dominar la logística a gran escala, despachando desayunos, almuerzos y cenas para un volumen de doscientas personas al día. El trabajo incluyó resolver imprevistos críticos como fallas eléctricas que arruinaban la mercadería, inundaciones o la odisea de recorrer supermercados en ciudades desconocidas para abastecer la despensa. A través de este empleo conoció circuitos emblemáticos del motor y urbes lejanas: Chicago, San Francisco, Sonoma, Miami, Indianápolis, Atlanta, así como destinos en Bélgica e Italia.
El desafío de los sabores salteños
Punto Uno consultó de forma directa a la cocinera sobre la posibilidad de recrear las recetas tradicionales salteñas en los diferentes países recorridos. Rocío explicó que la distancia y la geografía imponen serias limitaciones técnicas. En la gastronomía internacional actual existe un profundo respeto por el producto de estación y el concepto de "kilómetro cero", una filosofía que busca reducir el impacto medioambiental derivado del traslado de insumos desde regiones remotas. Conseguir materias primas frescas para platos típicos de Sudamérica en España o Estados Unidos es una tarea compleja.
No obstante, la salteña busca alternativas creativas para homenajear sus raíces culinarias. En sus viajes ha elaborado empanadas y humitas adaptadas. Inspirada por su tío, propietario de un restaurante en Salta y hacedor de la que considera la mejor humita, diseñó unos capelletis rellenos de humita, acompañados con espuma de maíz y ajo, decorados con maíz frito. Aunque la estacionalidad europea la obliga a investigar el mercado local de cada destino, Chahle sostiene con orgullo la herencia vitivinícola y gastronómica de su provincia, actuando como embajadora de los sabores de su tierra natal en cada nuevo desafío que se le presenta.
