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Ana Perez Declercq, directora del Observatorio de Violencia contra las Mujeres, en diálogo con Punto Uno alertó por el patrón común que se repite en los femicidios ocurridos durante este año y señaló que la clave está en intervenir antes de que la violencia dentro de los hogares termine en un crimen.

Salta alcanzó en siete meses la misma cantidad de femicidios que tuvo durante todo 2025. ¿Qué lectura hacen de esta situación?

-Nosotros venimos relevando los datos desde nuestra página, donde tenemos actualizados los registros de femicidios y muertes violentas. Además de los femicidios, contabilizamos otras muertes violentas o dudosas, porque entendemos que algunos hechos requieren una investigación con perspectiva de género.

Este año tenemos registrados 11 casos: seis corresponden a femicidios y cinco son muertes violentas o dudosas. El dato preocupa porque en solo siete meses se alcanzó la cifra de femicidios de todo el año pasado.

¿Estamos ante un aumento de casos o hay un mayor registro de situaciones que antes no se contabilizaban?

-En el caso de las denuncias por violencia sí existe un mayor registro. Hace diez años teníamos alrededor de 14 mil denuncias y hoy superamos las 30 mil. Eso muestra que hay más personas que llegan al sistema.

Con los femicidios el análisis es más complejo porque los números varían mucho de un año a otro. De todos modos, un solo femicidio ya representa una situación grave y requiere revisar qué herramientas de prevención están funcionando y cuáles deben fortalecerse.

¿Qué características tienen los casos registrados este año?

-Hay algunos patrones que llaman la atención. Todos los femicidios registrados ocurrieron dentro de la vivienda y fueron cometidos por parejas o exparejas. Además, las víctimas son mujeres mayores de 35 años, algo que no siempre se repite en otros períodos.

Otro dato preocupante es la modalidad utilizada: salvo un caso, los hechos involucraron armas blancas o asfixia. Son formas de violencia con un alto nivel de crueldad.

¿Qué indican estos patrones sobre las políticas de prevención?

-El dato más importante es que debemos poner el foco en las relaciones donde ya existe violencia. Si todos los casos se producen dentro de la pareja, la política pública tiene que apuntar a detectar esas situaciones antes de que lleguen al extremo del femicidio.

El femicidio no aparece de un día para otro: es el final de una cadena de violencias que puede comenzar con violencia psicológica, económica o emocional.

¿Cómo se puede detectar una situación de riesgo si la víctima no realiza una denuncia?

-Hay que trabajar con otros sectores, como salud y educación, para identificar señales de alerta. Una persona no siempre llega diciendo que está atravesando violencia. Muchas veces aparecen indicadores como lesiones frecuentes, consultas reiteradas, determinados problemas de salud o situaciones vinculadas a la maternidad.

La detección temprana es fundamental porque permite intervenir antes de que la violencia avance.

¿Qué rol tienen factores como la crisis económica o los consumos problemáticos?

-Son factores que pueden agravar una situación de violencia, pero no son la causa. No es que una persona mata porque está desempleada o porque consume sustancias. Esos elementos pueden incidir en casos particulares pero la violencia de género responde a una problemática estructural.

Por eso es importante no reducir la explicación a una cuestión individual, sino entender que existe una desigualdad y una cultura de violencia que debe ser abordada.

En algunos casos las víctimas habían denunciado previamente. ¿Está fallando el sistema de protección?

-Tenemos que cambiar el modelo de abordaje. Hoy está muy centrado en la denuncia, pero una denuncia por sí sola no resuelve una situación de violencia.

La persona necesita un acompañamiento integral. Muchas víctimas tienen hijos, deben resolver cuestiones judiciales, económicas, habitacionales y emocionales. No puede recaer todo sobre quien está atravesando una situación de violencia.

Necesitamos un sistema donde los distintos organismos trabajen articuladamente y acompañen a la persona durante todo el proceso.

¿Cómo impactaron los recortes nacionales en programas vinculados a la violencia de género?

-Hubo programas que tenían un rol importante y que dejaron de funcionar o redujeron su alcance. La Educación Sexual Integral, por ejemplo, perdió equipos que trabajaban en las escuelas. También ocurrió con programas que permitían abordar situaciones vinculadas a adolescentes.

En materia de violencia, programas que ayudaban a fortalecer áreas de género en los municipios, que son los espacios más cercanos para acompañar a las personas.

También se observa una dificultad en herramientas como la línea 144. La línea existe, pero hay problemas para acceder a una respuesta efectiva. Cuando una persona busca ayuda, necesita encontrar un sistema disponible.

¿Cuál debería ser la prioridad hacia adelante?

-Hay que fortalecer la prevención y la presencia territorial. No alcanza solamente con responder cuando el hecho ya ocurrió. Necesitamos equipos preparados para detectar situaciones de riesgo, acompañar a las víctimas y evitar que la violencia avance hasta convertirse en un femicidio.