07 06 desideriEn diálogo con Punto Uno, Cristian Desideri, integrante del Movimiento Productivo 25 de Mayo, cuestionó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones y alertó sobre la pérdida de capacidad industrial del país y sostuvo que el modelo económico actual profundiza la primarización de la economía.

Usted afirmó que Argentina no es un país industrial, sino un país con industrias. ¿Qué implica esa diferencia?
-La diferencia es fundamental. Argentina nunca logró consolidar una política industrial sostenida durante décadas ni contó con un banco de desarrollo que impulsara ese proceso, como ocurrió en Brasil. Las industrias que existen en nuestro país surgieron, en gran medida, por el esfuerzo de inmigrantes, pequeños empresarios y emprendedores que fueron creciendo. Pero eso no convierte a la Argentina en un país industrial. Para serlo se necesita una estrategia de Estado de largo plazo.

En ese contexto, ¿qué opina sobre "Super RIGI"?
-Primero hay que analizar lo que significó el RIGI incluido en la Ley Bases. Ahora se propone ampliar esos beneficios con el llamado "Super RIGI". La pregunta central es de dónde va a obtener recursos el Estado si continúa otorgando exenciones fiscales. Estoy de acuerdo con promover la producción y con establecer incentivos, pero esos beneficios deben estar equilibrados con las necesidades de financiamiento de políticas públicas como educación, salud, seguridad o infraestructura.
Cuando se reduce la carga impositiva a un sector, esa recaudación termina buscándose en otro. Esa discusión hoy no se está dando de manera integral.

Algunos sectores sostienen que lo prioritario es estabilizar la economía para facilitar el acceso al crédito. ¿Comparte esa mirada?
-Absolutamente. Lo primero que necesita cualquier actividad es rentabilidad. Ningún beneficio fiscal puede reemplazar la falta de rentabilidad. Además, sectores como la economía del conocimiento requieren inversiones permanentes porque compiten en mercados altamente dinámicos. Ahora bien, también debemos debatir si corresponde otorgar enormes beneficios impositivos a actividades que ya presentan elevados niveles de rentabilidad.

Usted sostiene que el modelo argentino va en sentido contrario al escenario internacional. ¿Por qué?
-Porque el mundo está atravesando un proceso de reindustrialización. No es la industrialización clásica de la posguerra, sino una nueva etapa impulsada por la competencia entre China y Estados Unidos. Europa intenta recuperar capacidad industrial después de décadas de deslocalización. Alemania y Francia avanzan con planes de inversión, mientras Estados Unidos aplica incentivos y medidas de protección para su producción.
Argentina, en cambio, avanza con apertura económica, desregulación y privatizaciones. Eso nos lleva hacia una economía cada vez más primarizada, con menos valor agregado y menor generación de empleo calificado.

¿Cuál debería ser entonces la estrategia productiva?
-Agregar valor. Transformar nuestras materias primas en productos industriales. Convertir la soja en biocombustibles o aceites, industrializar el trigo, desarrollar cadenas productivas regionales. Esa es la única manera de multiplicar la actividad económica y generar empleo de calidad.
La industria no solamente produce bienes; también genera conocimiento, capacitación y puestos de trabajo con mayor calificación. Cada vez que se reduce la participación industrial en la economía, se pierden capacidades que después cuesta décadas recuperar.

¿Qué papel cumplen las economías regionales dentro de ese esquema?
-La Argentina tiene 68 cadenas de valor distribuidas en todo el territorio nacional. No existe una única realidad productiva. Tampoco el agro es homogéneo. No es lo mismo producir a 200 kilómetros de un puerto que hacerlo a más de mil kilómetros, donde los costos logísticos afectan seriamente la rentabilidad.
Por eso hace falta un plan estratégico nacional que contemple las particularidades de cada región y permita integrar a todas las provincias en un proyecto de desarrollo.

¿Qué condiciones políticas considera necesarias para avanzar en ese sentido?
-Antes que nada tiene que existir un acuerdo político sobre qué modelo de producción queremos construir. Cuando uno define un modelo productivo también está definiendo un modelo económico y una forma de distribución del ingreso.
Ese debate debe involucrar al Estado, al sector privado, al sistema científico, a los trabajadores y a las universidades. Nadie tiene la verdad absoluta. Hace falta profesionalismo, experiencia y una mirada de largo plazo.

También cuestionó la situación de la industria para la defensa. ¿Cuál es su diagnóstico?
-Argentina supo tener una industria de la defensa importante, pero sufrió décadas de desfinanciamiento, especialmente después de la Guerra de Malvinas. El FONDEF, creado en 2019, permitió comenzar a recuperar capacidades mediante una asignación presupuestaria específica y previsibilidad para las inversiones.
Con el actual gobierno ese proceso quedó paralizado. El FONDEF perdió financiamiento y muchas líneas de investigación y producción fueron desarticuladas. Incluso existen problemas para sostener el funcionamiento cotidiano de las Fuerzas Armadas.

¿Qué importancia tiene la industria de la defensa dentro del desarrollo nacional?
-Es estratégica. No solamente fortalece las capacidades militares, sino que impulsa el desarrollo tecnológico, genera innovación y demanda producción de cientos de pequeñas y medianas empresas. La industria de la defensa es un motor para la reindustrialización del país.