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Más allá de la clásica postal de copas de cristal y cerros rojizos, existe un Cafayate de aventura pura, donde el agua y la roca viva dictan las reglas. Para los amantes del trekking y la naturaleza virgen, la visita a este rincón salteño se completa con un recorrido que desafía los sentidos: las Cascadas del Río Colorado.

Ubicadas a tan solo 5 kilómetros del centro urbano de Cafayate, estas cascadas representan una de las mejores excursiones de turismo activo de la provincia de Salta. Es un paisaje de contrastes brutales, donde la aridez del monte calchaquí da paso, de forma abrupta, a un oasis de cañones profundos, piletas naturales y saltos de agua cristalina.

La travesía comienza en Divisadero, un paraje habitado por comunidades originarias diaguitas-calchaquíes, quienes actúan como guardianes ancestrales de este territorio. Desde este punto de inicio, situado a una altitud que ya empieza a exigir el corazón, se obtiene una magnífica vista panorámica de Cafayate. El valle se despliega ante los ojos del viajero como un tapiz verde de viñedos cercado por la inmensidad de las montañas.

Para realizar esta ruta de senderismo, es imprescindible contar con la compañía de un guía experto local. No se trata de un capricho burocrático ni de un gasto innecesario: el terreno es sumamente cambiante, carece de señalización convencional y presenta zonas expuestas donde es necesario trepar rocas, mantener el equilibrio sobre cornisas estrechas y cruzar el lecho del río en múltiples ocasiones. Un guía no solo garantiza la seguridad física del visitante, sino que enriquece la caminata compartiendo conocimientos sobre la flora nativa (como los cardones, algarrobos y jarillas), la fauna y las leyendas que envuelven al rústico cañón.

El curso del Río Colorado ha tallado, a lo largo de milenios, una gigantesca garganta de roca. A medida que el senderista se interna en el cañón, las paredes de piedra comienzan a cerrarse, elevándose decenas de metros sobre las cabezas de los aventureros y filtrando la luz del sol de una manera casi mística.

 

Si se completa todo el recorrido —una exigente travesía que demanda alrededor de 4 horas entre la ida y la vuelta—, se pueden descubrir hasta siete cascadas consecutivas.

 

06 27 cafayate2El gran premio para quienes ostentan una excelente condición física y espíritu audaz es, sin duda, la última cascada. Allí, un imponente salto de agua de más de 100 metros de altura se desploma con un rugido ensordecedor, pulverizándose en el aire y creando un microclima fresco y húmedo, un contraste absoluto con el calor seco del exterior del cañón. El agua, que baja directamente de las cumbres calchaquíes, se mantiene cristalina y pura durante la mayor parte del año.

De acuerdo con los reportes de las oficinas de turismo de la región y los testimonios de los guías registrados, el circuito de las Cascadas del Río Colorado tiene la ventaja de poder adaptarse al nivel físico de cada visitante. El terreno realiza una suerte de "filtro natural" a medida que se avanza.

 

Opción del desafío

Si el viajero no dispone de una preparación física óptima, si viaja en familia o simplemente busca una experiencia más relajada, la recomendación unánime de los expertos es llegar solo hasta la tercera cascada. Este tramo toma aproximadamente una hora y media de marcha. El esfuerzo es moderado y la recompensa es alta: en este sector el río se ensancha y forma ollas profundas de aguas calmas donde está permitido darse un refrescante baño, ideal para paliar las altas temperaturas salteñas.

Para los senderistas experimentados, el camino continúa más allá del tercer salto. A partir de allí, el terreno se vuelve verdaderamente técnico. Es necesario trepar por paredes de roca utilizando apoyos naturales (y a veces cuerdas dispuestas por los guías), deslizarse por pasadizos estrechos y caminar con el agua a la cintura. La exigencia física aumenta notablemente, pero la recompensa de la soledad del paisaje y la magnificencia de las cascadas superiores justifica cada gramo de sudor.

 

Recomendaciones

Evitar los días de lluvia: Esta es la regla de oro del cañón. Debido a la geografía de la cuenca, las tormentas en las altas cumbres —incluso cuando en el centro de Cafayate el cielo esté despejado— pueden generar crecidas repentinas y violentas del río (aluviones). El agua puede subir metros en cuestión de minutos, transformando el cañón en una trampa. Jamás se debe ingresar al circuito bajo pronóstico de mal tiempo.

Indumentaria: Es obligatorio el uso de calzado cómodo, preferentemente zapatillas de trekking con buen agarre o botas que sujeten el tobillo. Se debe asumir que el calzado se va a mojar por completo durante los cruces de río. Es un error técnico grave intentar hacer el recorrido en ojotas o sandalias playeras, ya que las rocas mojadas son extremadamente resbaladizas.

Protección: El sol es implacable. Se vuelve fundamental llevar gorra o sombrero, anteojos de sol con filtro UV y protector solar de factor alto.

Hidratación: No existen puestos de abastecimiento dentro del cañón. Cada caminante debe cargar en su mochila un mínimo de dos litros de agua mineral y raciones de marcha (frutos secos, barras de cereal o frutas) para mantener los niveles de energía.

 

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