06 19 bianchi“La democracia liberal atraviesa una crisis” que, según Matías Bianchi, “no se explica sólo por giros ideológicos o cambios de ciclo político”. El interrogante de fondo es qué transformaciones del poder están reconfigurando la democracia contemporánea para que liderazgos como los de Javier Milei o Donald Trump ganen centralidad.

En su libro Estado o algoritmo. Poder digital, captura estatal y la reconstrucción del pacto democrático, Bianchi sostiene que “acá hay un momento histórico diferente”.

Según dijo ya no alcanza con explicar estos procesos por errores de gobiernos, pendulares ideológicos o tensiones culturales: el problema es el desplazamiento del poder fuera del Estado.
Su tesis central es que la democracia liberal se estructuró sobre un Estado-nación capaz de regular el capitalis-mo, recaudar, proveer bienes públicos y producir cohesión social. Esa arquitectura hoy se debilita porque el poder ya no se concentra allí.
El nuevo eje de acumulación, afirma, surge de la articulación entre big tech, capital financiero y Wall Street. No se trata sólo de riqueza, sino de una concentración inédita de poder económico, político y simbólico. Este entramado incluye lobby, influencia política, compra de competidores y, sobre todo, la capacidad de moldear sentidos comunes a escala global.
En ese marco, las plataformas digitales no sólo distribuyen contenidos: organizan la atención, condicionan el consumo y refuerzan dinámicas de fragmentación social. “El sistema es perverso: nos quiere atomizados, enfrentados, enojados”, advierte Bianchi. Esa lógica ayuda a entender, sostiene, por qué amplios sectores apoyan proyectos que incluso pueden ir contra sus propios intereses.
El libro no se queda en el diagnóstico. Propone pensar cómo reconstruir capacidad democrática en un contexto de globalización digital. Bianchi prefiere hablar de “reconstruir estatalidad” antes que de volver al Estado tradicional: se trata de redefinir soberanía, bienes públicos y comunidad política en un escenario transnacional.
Esa reconstrucción tiene dos direcciones. Hacia arriba, implica fortalecer regulaciones y formas de gobernanza global frente a actores que exceden las fronteras nacionales. Hacia abajo, supone recomponer vínculos sociales, diálogo político y pensamiento crítico frente a la lógica de la manipulación permanente.