10 11 correa

En una entrevista con Punto Uno, el exministro de Trabajo bonaerense Walter Correa, expresó su preocupación por la situación económica y productiva del país. Señaló las dificultades que atraviesa el sector industrial, cuestionó la apertura de importaciones y advirtió sobre la pérdida de puestos laborales y la caída del consumo interno.

¿Qué objetivos tiene su visita a Salta?

—Venimos a contarles a nuestros compañeros y compañeras qué estamos haciendo en la provincia de Buenos Aires en materia de derechos laborales, producción y trabajo. También queremos explicar cuáles son las prioridades que tenemos y las posiciones que ha asumido nuestro gobernador, Axel Kicillof, frente a una avanzada muy fuerte sobre los derechos de los trabajadores y la producción. Pero, fundamentalmente, venimos a escuchar. Me parece que lo primero que uno tiene que hacer en estos encuentros es comprender el federalismo, respetar las particularidades de cada provincia y entender la realidad de nuestros compatriotas.

Desde el Ministerio de Trabajo bonaerense, ¿cómo observa la situación del empleo y la industria en la Argentina?

—El país está siendo gobernado por un presidente que orienta sus políticas hacia actividades extractivas, como la minería y la energía, mientras desatiende el proceso industrial. Eso perjudica especialmente a la provincia de Buenos Aires, donde se concentra una parte muy importante de la producción nacional. Cuando el ministro de Economía o los funcionarios nacionales sostienen que la mejor política industrial es no tener una política industrial, las consecuencias son muy graves. Nosotros vemos cómo se deteriora el entramado productivo y cómo esa situación repercute directamente sobre los puestos de trabajo. Me gustaría ser más optimista y poder contar buenas noticias, pero la realidad que observamos es preocupante.

¿Qué ejemplos concretos reflejan las dificultades que atraviesa el sector productivo?

—Un caso es el de Granja Tres Arroyos, una empresa vinculada al procesamiento de pollos. Tenemos, por un lado, las dificultades para recuperar las exportaciones de pollo a China después de las restricciones relacionadas con la gripe aviar. Según lo que nos transmite la empresa, no encuentra las gestiones necesarias del Gobierno nacional para reactivar ese mercado. Por otro lado, ingresan productos importados, entre ellos pollo proveniente de Brasil y de otros países, lo que genera una situación de competencia que consideramos perjudicial para la producción local. A eso se suma que las empresas deben volcar una mayor parte de su producción al mercado interno, donde el consumo está debilitado. Cuando no hay exportaciones suficientes ni demanda interna, toda la estructura productiva comienza a resentirse.

¿Qué panorama observa en materia de desocupación y actividad económica?

—En los principales centros urbanos bonaerenses, la desocupación se encuentra en niveles preocupantes. Durante la entrevista señalé cifras del orden del 10,4% y el 10,5% para algunos aglomerados, por encima del 7,9% que mencionamos en relación con los datos difundidos por el Gobierno nacional. Son cifras que deben analizarse teniendo en cuenta el período y la metodología de cada medición. También vemos dificultades en zonas como Mar del Plata y Bahía Blanca, donde la caída de la actividad económica afecta a distintos sectores. La reducción de la obra pública repercute sobre la construcción, la industria cementera y numerosas actividades vinculadas. Estamos frente a un proceso de retracción muy fuerte. Y lo más difícil es que no vemos con claridad un horizonte que permita anticipar una recuperación rápida.

¿Cómo se puede reconstruir la economía después del cierre de fábricas, comercios y la pérdida de empleos?

—Lo primero es recuperar una política productiva nacional. No podemos pensar en la reconstrucción del país si se siguen deteriorando las fábricas, si los comercios bajan sus persianas y si las máquinas de las industrias permanecen paradas. Necesitamos volver a una Argentina federal, con un Estado nacional que articule con las provincias y promueva el desarrollo de sus economías regionales. No alcanza con apostar a determinadas actividades extractivas si, al mismo tiempo, se destruye el tejido industrial que genera trabajo en otras regiones. La reconstrucción va a ser difícil y va a demandar tiempo, pero tenemos que empezar por recuperar la producción, el consumo y el empleo.

Usted plantea que existe un riesgo de fragmentación de la Argentina. ¿A qué se refiere?

—Creo que hay un proceso de fragmentación de nuestra patria. Por eso, el movimiento peronista tiene una asignatura pendiente: volver a instalar con fuerza la cuestión federal. Vemos cómo las grandes corporaciones y las empresas transnacionales impulsan un modelo en el que cada región queda vinculada a determinados recursos naturales, mientras se debilitan los lazos económicos y productivos entre las provincias. Tenemos el Norte Grande, con sus gobernadores buscando articular políticas comunes; una región central integrada por Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe; Cuyo y la Patagonia. El desafío es que esas regiones no queden aisladas entre sí, sino que formen parte de un proyecto nacional compartido. La Argentina necesita integración territorial, desarrollo productivo y una política que contemple las necesidades de todas las provincias.

¿Qué papel le asigna al gobernador Axel Kicillof en esa discusión sobre el federalismo?

—Para mí, Axel Kicillof tiene una concepción profundamente federal. Aunque la provincia de Buenos Aires suele ser identificada con el centro del país, él sostiene que es una provincia más del interior argentino y que debe relacionarse con las demás desde una perspectiva de integración. Hay gestos simbólicos que considero importantes. Por ejemplo, la recuperación de referencias históricas vinculadas al federalismo, como la Estrella Federal y la Guardia del Monte en el ámbito bonaerense. Más allá de sus características intelectuales y académicas, tuve la posibilidad de compartir con él la Cámara de Diputados y considero que es un buen tipo y un buen compañero. También defiendo su visión federal, que muchas veces no tiene la difusión que merece.

¿Por qué vincula el debate económico con la soberanía nacional?

—Porque la soberanía no es una cuestión antigua ni una discusión secundaria. Está plenamente vigente. Cuando hablamos de nuestros recursos naturales, de la minería, de la energía y de nuestros espacios marítimos, estamos hablando de decisiones estratégicas para el país. No podemos desentendernos de quién administra esos recursos ni de qué intereses intervienen en esas decisiones. También me preocupan las actividades militares extranjeras en territorio argentino y las decisiones que puedan comprometer nuestra autonomía. La defensa de la soberanía tiene que formar parte de cualquier proyecto nacional. No podemos hablar de desarrollo si no discutimos, al mismo tiempo, qué país queremos construir y qué capacidad tenemos para decidir sobre nuestro propio futuro.