
Luis Brizuela
En la actualidad, las democracias jóvenes y periféricas atraviesan una crisis estructural profunda, caracterizada por la erosión de los valores éticos, individuales y colectivos.
Este fenómeno ha permeado las instituciones hasta despojar al sistema democrático de su sustancia republicana, reduciéndolo a lo que el politólogo italiano Norberto Bobbio denominó una «democracia puramente formal» o procedimental: un esquema de reglas de juego donde se respeta el rito electoral, pero se vacía el contenido de igualdad, deliberación y libertad real.
El debilitamiento institucional contemporáneo representa lo que Bobbio identificó en su célebre obra El Futuro de la Democracia, como las «promesas incumplidas» del sistema. El poder público, en lugar de descentralizarse y distribuirse socialmente para otorgar autonomía al ciudadano, tiende a un proceso de reconcentración en los poderes ejecutivos. Esta dinámica de regresión institucional evoca de manera directa lo que el jurista argentino Carlos Santiago Nino catalogó y criticó sistemáticamente como el «hiperpresidencialismo»: una patología del diseño institucional latinoamericano donde el Presidente absorbe competencias desmedidas, asumiendo facultades cesaristas y personalistas en detrimento de la salud republicana.
La feudalización provincial
Este proceso de concentración de poder adquiere una gravedad extrema en los contextos subnacionales de Argentina. En distritos como La Rioja, Catamarca, Jujuy, Formosa, Santiago del Estero, Chaco, Corrientes entre otros, la división de poderes y el sistema de frenos y contrapesos se han vuelto prácticamente nulos. Sin embargo, este fenómeno no solo se observa de manera unidireccional por la hipertrofia y el avance de los ejecutivos locales, sino que se hace aún más visible a través del deliberado y sistemático debilitamiento de los otros poderes del Estado.
En primer lugar, se asiste a una desnaturalización profunda de los parlamentos regionales. Las legislaturas locales han abdicado de su rol esencial de control, debate y representación de las minorías, transformándose en meras «escribanías» del gobernante de turno. El debate legislativo es reemplazado por la sanción automática y acrítica de los proyectos emanados del Ejecutivo, clausurando cualquier canal de disidencia u oposición real.
En segundo lugar, este avasallamiento parlamentario se complementa con la pérdida de independencia del Poder Judicial. La justicia subnacional sufre un proceso de colonización política impulsado por las ansias de un mando único. Lejos de actuar como un límite a los excesos, las estructuras judiciales terminan operando como herramientas que legitiman a las autocracias consolidadas.
Esta dinámica evoca la gran advertencia de Bobbio sobre la persistencia del «poder invisible» u oligárquico detrás de la fachada democrática. La conversión de las legislaturas en apéndices administrativos y la colonización de los tribunales crean un autogobierno de élites que deciden a espaldas de la ciudadanía. Como señalaba Carlos Nino en su obra cumbre, Un país al margen de la ley, este comportamiento es el reflejo de una «anomia institucional», donde los propios órganos encargados de dictar y aplicar las leyes son los primeros en vulnerar su espíritu.
Para Nino, cuando el Estado actúa al margen de la legalidad, destruye el valor epistémico de la democracia -el cual depende de la deliberación libre entre iguales-. La sociedad, atrapada en este entramado, experimenta lo que el autor define como una «anomia boba»: una ceguera colectiva en la que los actores políticos y sociales asumen que la transgresión de las normas y la degradación institucional les otorgan una ventaja inmediata, sin advertir que el resultado final es una situación de total ineficiencia social, desprotección y destrucción del bienestar común.
El mito del hartazgo
Frente a este escenario de degradación, existe una corriente de opinión que postula al "hartazgo social" como un límite natural y una fuerza catalizadora para la regeneración democrática. Según esta perspectiva, el colapso de la tolerancia ciudadana abriría una ventana de oportunidad histórica para restaurar las virtudes cívicas, recomponer la norma jurídica y reconfigurar la función pública bajo el imperativo ético del bien común.
Sin embargo, un análisis crítico de la dinámica sociopolítica invita al escepticismo respecto a dicho horizonte. Bobbio señalaba con lucidez que la democracia es inherentemente frágil porque requiere de la deliberación, el consenso y el respeto estricto a las reglas del juego. El desencanto colectivo absoluto rara vez deviene de forma directa en una restauración institucional ordenada; por el contrario, suele catalizar reacciones espasmódicas y soluciones de carácter coyuntural.
El peligro inherente a estas crisis de legitimidad es la emergencia de lo que el autor italiano identificaba como respuestas populistas o neodemagógicas, las cuales apelan a las emociones de las masas ante el fracaso de los partidos tradicionales. Así nacen liderazgos de corte "mecenas" o mesiánicos que capitalizan el descontento.
En perfecta sintonía, las tesis de Un país al margen de la ley advierten que las crisis socioeconómicas agudizan la tendencia a buscar soluciones por fuera del marco normativo, alimentando la ilusión colectiva de que un "líder fuerte e iluminado" puede resolver unipersonalmente los problemas del país mediante la excepción constitucional. Estos actores, lejos de diluir el poder en una sociedad pluralista, consolidan estructuras aún más centralizadas, despiadadas y autoritarias, profundizando la misma anomia que prometieron combatir.
Conclusión
En el contexto argentino contemporáneo, el reflejo más próximo y evidente de esta dinámica se observa en el ascenso y la configuración política del gobierno de Javier Milei. Su emergencia ilustra nítidamente la tesis de que el malestar social profundo y el cuestionamiento a los vicios de la política tradicional -lo que en la retórica actual se denomina "la casta" y en la teoría política clásica refiere a las oligarquías corporativas- corren el riesgo de no derivar en un renacimiento republicano.
Por el contrario, la aparente solución al deterioro institucional puede profundizar la tendencia a la concentración ejecutiva a través de mecanismos tecnocráticos, una retórica de confrontación directa hacia el Congreso y el uso intensivo de Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU). Tal como argumentaban Bobbio y Nino, cuando las reglas del juego democrático se instrumentalizan y los contrapesos parlamentarios se reducen a cenizas, la línea que separa a la democracia formal de la autocracia se vuelve peligrosamente delgada. El "hartazgo", lejos de ser la cura, suele operar como el síntoma final que precede a una concentración del poder aún más despiadada.
Referencias
1) Bobbio, N. (1986). El futuro de la democracia (J. F. Fernández Santillán, Trad.). Fondo de Cultura Económica.
2) Bobbio, N. (1989). Liberalismo y democracia (J. F. Fernández Santillán, Trad.). Fondo de Cultura Económica.
3) Nino, C. S. (1992). Un país al margen de la ley: Estudio de la anomia como componente del subdesarrollo argentino. Emecé Editores.
4) Nino, C. S. (2003). La constitución de la democracia deliberativa. Editorial Gedisa.
5) O'Donnell, G. (1994). Democracia delegativa. Journal of Democracy (Edición en Español), 5(1), 55-69.

Mario Casalla
Antonio Marocco
Franco Hessling Herrera
Mario Casalla