
Las elecciones legislativas de Estados Unidos de hoy serán una prueba política para Donald Trump y definirán el escenario institucional en el que deberá gobernar durante los últimos dos años de su mandato. La jornada definirá miles de cargos en distintos niveles del gobierno.
Los comicios de medio término, conocidos como midterms, no ponen en juego la continuidad del Presidente en la Casa Blanca, pero sí el control del Congreso, una pieza central para aprobar leyes, definir presupuestos y supervisar al Poder Ejecutivo.
Poco más de 55 millones de estadounidenses han votado en estas elecciones de mitad de mandato en las que está en juego el control del Congreso, de acuerdo con los datos de expertos de la Universidad de Florida.
Los números muestran que han votado hasta ahora más demócratas que republicanos, un indicio que ha impulsado a la oposición, que busca cambiar el equilibrio de poder en el Capitolio en la segunda mitad de la Administración del presidente Donald Trump.
Qué se vota
Los estadounidenses elegirán a los 435 integrantes de la Cámara de Representantes, cuyos mandatos duran dos años. También se renovarán 35 de las 100 bancas del Senado, cuyos integrantes tienen períodos de seis años y se eligen de manera escalonada. El resultado determinará qué partido tendrá la mayoría en cada cámara durante los próximos dos años.
La elección no se limita al Congreso federal. En 36 estados se votarán gobernadores y también habrá comicios para legislaturas locales, además de consultas sobre distintas iniciativas y reformas estatales. Según los datos recopilados por la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales, 46 estados renovarán parte de sus cuerpos legislativos y 39 someterán a consideración de los votantes medidas de alcance estatal. En total, la jornada definirá miles de cargos y decisiones políticas en distintos niveles de gobierno.
Por qué se realizan hoy
La tradición electoral estadounidense tiene una explicación histórica que se remonta al siglo XIX. En 1845, el Congreso estableció que las elecciones federales se realizaran el martes posterior al primer lunes de noviembre.
La decisión buscó unificar el calendario electoral de los estados y evitar que las diferencias en las fechas de votación generaran problemas de coordinación, fraude o manipulación.
La elección de noviembre también respondía a las condiciones de una sociedad mayoritariamente rural y agrícola: se buscaba votar una vez terminada la cosecha y antes de la llegada del invierno más duro.
El martes permitía que quienes vivían lejos de los centros de votación viajaran después del domingo, día de descanso religioso para buena parte de la población, y pudieran regresar sin tener que hacerlo durante la jornada electoral. Además, se evitó que la votación coincidiera con el primer día del mes, cuando muchos comerciantes realizaban sus balances. La fecha quedó establecida como una regla institucional que continúa vigente.
Una prueba para Trump
Aunque Trump no figura en la boleta, el resultado funcionará como una evaluación de sus primeros dos años de gestión y condicionará el tramo final de su presidencia. Las elecciones de medio término suelen convertirse en una instancia de castigo o respaldo al partido que gobierna. En este caso, la economía, el costo de vida, la inflación, la inmigración y las políticas arancelarias aparecen entre los principales temas de debate.
El Partido Republicano llega con mayorías ajustadas: 218 bancas frente a 214 demócratas en la Cámara de Representantes, mientras que en el Senado cuenta con 53 escaños contra 47 de la oposición. Si los demócratas recuperan una o ambas cámaras, tendrán capacidad para bloquear proyectos legislativos del oficialismo, demorar nombramientos y utilizar las comisiones parlamentarias para investigar decisiones del Gobierno. Si los republicanos conservan el control, Trump tendrá más margen para impulsar su agenda legislativa.
