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Hace dos años, el abogado Matías Sanz Navamuel fue acusado por su esposa P.F de golpearla e intentar matarla. A fin de julio, la mujer volvió a denunciarlo por amenazas de muerte. Ahora, el juez Antonio Pastrana flexibilizó la prisión domiciliaria que tenía el imputado.

Por Dario Illanes

“Yo encerrado zafo… Vo no la contás más… A quien van a crreeer… (sic)” Escrita a mano, con tétricas letras, tales son los fragmentos de la reciente amenazadora nota que recibió P.F, por parte de su expareja Matías Sanz Navamuel.

Esto ocurrió y fue denunciado el viernes 29 de julio pasado. Paradójicamente, el lunes 1 de agosto, el juez de Garantías 3 Antonio Pastrana dispuso concederle al acusado – quien cumple prisión domiciliaria en espera del demorado juicio – el beneficio de “salidas recreativas”, tres veces por semana, en razón del “derecho de esparcimiento”.

El abogado querellante, Vidal Villalba Samaniego, rechazó por “peligrosa” la medida judicial. Adelantó que el miércoles 10 de agosto protestará. Considerando otro “privilegio” a Sanz Navamuel. “Si la carga es sobre la víctima en lugar del victimario, hay una falla en el sistema judicial”, aseguró Villalba.

Además de los delitos de violencia de género y amenazas, todos agravados por la extinguida relación conyugal, formulados en la imputación de la fiscal Luján Sodero Calvet, el abogado posee en su contra acusaciones por desobediencia judicial. Las imputaciones son por los delitos de amenazas, coacción agravada (3 hechos), desobediencia judicial (22 hechos), amenazas agravadas (17 hechos) y turbación de la posesión (propiedad)

 

Del asombro al horror

Matías Sanz Navamuel y P.F se casaron el 17 de junio de 2017. El lunes 18 de mayo de 2020, alrededor de las 9.30, P.F dejó la óptica céntrica que atiende al sentirse descompuesta. Regresó al hogar matrimonial, en la calle Uruguay.

Hacía frío. Le llamó la atención ver las ventanas abiertas. Entró por el garaje y al llegar al living vio a su esposo en pleno acto de infidelidad, teniendo sexo.

La persona que estaba con Sanz se disculpó y retiró. P.F fue hacia el dormitorio, con intención de acostarse. No pudo hacerlo pues detrás de ella entró el corpulento hombre. Y le pegó trompadas en la cara.

“No vas a contar nada”, habría exclamado el abogado, según la mujer. Continuó su relato a Punto Uno describiendo que él la llevó hacia el living, atenazándole el brazo derecho, pese a sus súplicas. En este lugar, P.F pudo zafar y acercarse a las ventanas que dan a la calle, gritando y pidiendo auxilio.

El volvió a sujetarla y la arrastro hasta las escaleras de ingreso a la casa. Son doce escalones, con una altura de poco más de dos metros, supuestamente dispuesto a empujarla para que se caiga y ruede. “Me di cuenta que si caía, me moría, y él podía decir que me había caído accidentalmente; entonces, me agarré a una de sus piernas, pero él me seguía pateando”, detalló P.F.

De tal modo fueron descendiendo los escalones. Al arribar a la puerta de entrada, P.F logró abrirla, con intención de huir, pero en el dintel estaban dos policías. Habían sido alertados por los vecinos de la tranquila zona. Sanz se escabulló, corrió por la vereda pero fue alcanzado y detenido.

 

Acosada

El abogado –quien para entonces trabajaba como asesor de la Cámara de Senadores de la Provincia– quedó en libertad. Buscó sus pertenencias en el ex hogar conyugal para dejarlo. La excarcelación fue rechazada por la fiscal Sodero. Desde mediados de 2021 quedó con prisión domiciliaria. Además, el Senado dispuso su cese de tareas.

Sin embargo, a pesar del beneficio de no ir a la cárcel, P.F denunció decenas de amenazas de muerte y hostigamientos. Permanentes. Incluso habiendo consignas policiales –en su casa y lugar de trabajo- otorgadas a ella para preservar su seguridad.

“Amenazas mediante notas escritas; fotos mías y de mi hijo; velas negras y rojas; bolsas con restos de animales; ¡cosas horribles! Es vivir todo el tiempo intranquila, con miedo, aterrorizada”, relató P.F. “Estando en plena pandemia, él desde su prisión domiciliaria, logró un fin de semana que venga Edesa y me corte la luz”, narró.

“No entiendo nada. El me sigue amenazando, persiguiendo, acosando, pero le dan permisos para salir”, expresó la conmocionada víctima.

Aún no hay fecha para el juicio.

 

Ininmputable

El temor de la víctima, su abogado y la fiscal es que Sanz Navamuel sea declarado “inimputable” Ya existen tres pericias mentales que en cierto modo alentarían esta posibilidad, de acuerdo a Villalba. “Son insuficientes y precarias las conclusiones de los exámenes psicológicos y psiquiátricos”, destacó el querellante.

“El, como abogado, enseñaba a sus clientes a manipular los test psicológicos y psiquiátricos; los conoce y sabe simular”, aseguró P.F. “Si Sanz Navamuel no comprende lo que hace, ¿entonces como continúa ejerciendo como profesional?, su matrícula (en el Colegio de Abogados) continua vigente”, sostuvo Villalba.