
Dentro de los circuitos valorados por los entusiastas del montañismo, el Cerro El Despechado cobró una relevancia singular.
Este relieve, emplazado en las inmediaciones de la zona de El Alisal y bajo la jurisdicción del municipio de Campo Quijano, se transformó en un punto de referencia para quienes buscan jornadas de esfuerzo físico intenso sin alejarse en demasía de la ciudad.
El recorrido inicia a un costado de la emblemática Ruta Nacional 51, la vía que conecta la llanura salteña con la Puna a través de la Quebrada del Toro. Para arribar al punto de partida desde Salta Capital, los transportes recorren una distancia aproximada de 30 kilómetros hasta ingresar al Portal de los Andes, nombre con el cual se conoce a Campo Quijano. El acceso formal a la travesía requiere sortear una estructura rural de alambre y trabillas de madera, un elemento típico que marca el límite de las propiedades rurales de la región.
La cumbre de esta formación montañosa se eleva a una altitud que oscila entre los 2.625 y los 2.693 metros sobre el nivel del mar. Esta altura condiciona el clima de la zona, la cual resulta propensa a cambios térmicos bruscos y acumulación de niebla baja proveniente del sector oriental de la provincia.
Anatomía del ascenso
La progresión hacia la cima se divide en tres segmentos con características geológicas y de vegetación bien definidas por los expertos que auditan estas rutas.
La primera etapa se caracteriza por una pendiente pronunciada que se manifiesta desde el inicio mismo del recorrido. Durante casi 3 kilómetros, los caminantes deben afrontar un ascenso constante por un sendero estrecho. La vegetación en este sector basal exhibe rasgos similares a los bosques húmedos de las yungas salteñas, con presencia de árboles de gran porte, líquenes y arbustos densos que a menudo dificultan la visibilidad de la huella principal.
La segunda etapa ofrece una tregua al esfuerzo físico. Al alcanzar la zona del filo montañoso, el terreno reduce su inclinación a lo largo de un kilómetro y medio. Este sector está dominado por pastizales de altura que se tornan verdes durante el período estival debido a las precipitaciones concentradas en los meses de verano. Desde este pasadizo natural, las ráfagas de viento suelen ser intensas, lo que exige contar con prendas técnicas de abrigo.
La tercera etapa comprende la trepada final hacia el domo superior. Se reanuda una inclinación exigente que supera los 2 kilómetros de longitud. La superficie en esta última porción combina suelo arcilloso con rocas sueltas, un factor que eleva la exigencia sobre las articulaciones inferiores de los deportistas.
Panorámicas desde la cumbre
Quienes completan el desnivel son recompensados con una perspectiva integral de la geografía del oeste salteño. Hacia el sector oriental, la vista limpia revela la urbanización de Campo Quijano y las llanuras agrícolas que la circundan. En dirección contraria, el paisaje se torna árido y exhibe la transición hacia los relieves de la prepuna. En días con atmósfera despejada, se aprecian con nitidez otras cimas salteñas de gran envergadura, tales como el Cerro Manzano, el Cerro Malcante y las estribaciones que rodean el trazado del Tren a las Nubes.
A lo largo del trayecto, el entorno natural esconde arroyos de deshielo y pequeñas cascadas que corren por las quebradas internas. Estos cursos de agua configuran microclimas frescos que contrastan con la rigurosidad del sol de altura, habitual en el norte del territorio nacional.
Seguridad
Al no tratarse de un parque con señalización de tipo urbana, resulta indispensable el uso de herramientas tecnológicas de posicionamiento global (GPS) para evitar desvíos involuntarios causados por la densa vegetación inicial.
Entre el equipamiento obligatorio para encarar el cerro se incluye calzado específico de montaña con suela de alta adherencia, indumentaria dispuesta en capas para mitigar el frío de la cima, protección solar de amplio espectro y una provisión de agua no menor a los dos litros por persona. Las autoridades recuerdan la vigencia del principio de impacto mínimo, por lo cual cada visitante debe regresar con la totalidad de los residuos generados durante la jornada.
