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Al igual que la organización Montoneros, el ERP recibió el golpe del 24 de marzo, casi con entusiasmo: “El golpe colocó al pueblo (...) a las puertas de una época histórica y gloriosa por la que ya marcha erguida y determinada su vanguardia guerrillera”, proclamaba su líder Mario Roberto Santucho.

Por Aldo Duzdevich (*)

Los historiadores Jorge Cernadas y Horacio Tarcus, en un interesante trabajo sobre la respuesta al golpe de 1976, se preguntan: “por qué ninguna de las fuerzas del amplio arco de las izquierdas argentinas fue capaz de producir, ya sea antes, durante o después del golpe militar, un análisis realista y crítico de la coyuntura clave de 1976. Señalemos simplemente que un análisis de estas características hubiese permitido resguardar físicamente y armar políticamente a las propias fuerzas de la izquierda (...) para sostener con mayor eficacia la resistencia a la dictadura militar”.

 

Breve historia del PRT-ERP

El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de origen trostkista nace a fines de los años 60. En 1970 se divide en PRT La Verdad, que encabeza Nahuel Moreno, y el PRT Combatiente con su brazo armado ERP liderado por Mario Roberto Santucho. El PRT La Verdad luego da origen al PST Partido Socialista de los Trabajadores, que no participa de la lucha armada.

Durante la dictadura de Lanusse (1971-1973) el ERP se va a convertir en la principal organización guerrillera de izquierda, ejecutando numerosas acciones armadas principalmente en el eje Rosario - Buenos Aires. Los hermanos Santucho oriundos de Santiago del Estero, realizaron un fuerte trabajo político en el norte argentino, en especial en Tucumán, captando jóvenes trabajadores de esa zona.

Cuando el gobierno militar de Lanusse convoca a elecciones levantando la proscripción del peronismo, el PRT-ERP llama a votar en blanco. El 11 de marzo gana la formula peronista Cámpora - Solano Lima y el 25 de mayo de 1973 se inicia un nuevo gobierno democrático.

El electo presidente Cámpora, hace un llamamiento al PRT-ERP a deponer las armas e integrarse al sistema democrático, cuya primer medida será liberar a todos los presos políticos incluyendo a los militantes del ERP. Pero, el ERP responde públicamente que “no van a dejar de combatir”. Si bien aclaran que no van a atacar a los funcionarios de gobierno, “nuestra organización seguirá combatiendo militarmente a las empresas y a las fuerzas armadas; en cuanto a la policía, (…) no la atacará mientras ella permanezca neutral”. Un eufemismo para no decir explícitamente que le declaran la guerra a un gobierno elegido democráticamente por el 49% de los votos.

El 25 de mayo Cámpora decreta la liberación de todos los presos políticos. Los militantes del ERP que salen de las cárceles, de inmediato pasan a la clandestinidad para combatir al gobierno democrático que les dio la libertad.

De julio a diciembre de 1973, realizan 185 acciones militares. El 6 de septiembre de 1973, intentan el copamiento del Comando de Sanidad del Ejercito en la ciudad de Buenos Aires. El 19 enero de 1974 asaltan la guarnición de Azul. En las acciones matan al Coronel Gay, su mujer Hilda Caseaux y al conscripto Daniel Gonzalez. Tres oficiales resultan heridos y el coronel Jorge Ibarzabal es secuestrado. Del lado del ERP, hay dos heridos, Carrara y Altera. Otros dos, Antelo y Roldán, son denunciados como desaparecidos.

En el mes de mayo establecen una columna guerrillera en el monte tucumano. En agosto de 1974 atacan la fabrica militar de Villa María y el Regimiento de Infantería de Catamarca. En Catamarca fracasa el intento y 16 guerrilleros mueren a manos del ejército. En venganza el ERP lanza una campaña de asesinatos de oficiales militares, que cobra nueve vidas, hasta que en Tucumán matan al capitán Viola y su hijita de tres años.

Durante todo 1975 el ERP sigue realizando “ejecuciones” de militares, policías y sindicalistas peronistas. Pero, a fines de 1975 la columna rural de Tucumán es derrotada por el ejército. Y el ERP decide concentrar todas sus fuerzas en atacar el Batallón de Monte Chingolo, las fuerzas militares estaban alertadas y en el intento mueren 62 guerrilleros. Cuando se produce el golpe en marzo del 76, el ERP ya estaba prácticamente derrotado. En julio mueren Roby Santucho y Benito Urteaga a manos de fuerzas militares. A fines de 1976 sus dirigentes parten al exilio, y sus militantes se dispersan.

 

La guerrilla esperaba el golpe militar

Tanto el ERP como Montoneros, de 1974 a 1975 habían progresado en sus aparatos militares, pero habían perdido el apoyo político que tenían previo al gobierno constitucional. Porque, una cosa era el uso de la violencia contra la dictadura de Lanusse, y otra muy distinta usarla contra los gobiernos populares de Campora, Peron e Isabel, lo que ellos denominaban “farsa democrática”.

Entonces, aunque no lo proclamaban, estaban esperando el desenlace de un golpe, en la creencia que el pueblo se iba a sumar masivamente al enfrentamiento contra los militares. Era su visión binaria de la política, de un lado los militares, del otro el pueblo, conducido a la guerra civil por las vanguardias revolucionarias. Como ya sabemos nada de eso sucedió. La guerrilla quedó mas aislada políticamente y fue destruida por el terrorismo de estado.

Pero, el 24 de marzo de 1976, Mario Roberto Santucho estaba exultante y escribió una proclama de alto contenido emocional, aunque carente de análisis serio de la realidad. Sería un típico error de apreciación de la izquierda argentina, previsible y perdonable. Pero cuando la política se transforma en acción armada, los errores políticos se pagan con muertes propias y ajenas. Y como dicen Tarcus y Cernadas, dos historiadores de izquierda, “un análisis realista y crítico (...) hubiese permitido resguardar físicamente y armar políticamente a las propias fuerzas”. Pero las organizaciones guerrilleras actuaron en dirección opuesta, y en lugar de resguardar física y políticamente a sus militantes, los convocaron a una guerra civil que nunca existió.

 

“Argentinos a las armas!”

Con ese título Santucho escribe el editorial de El Combatiente, con fecha 31 de marzo de 1976:

“La usurpación del gobierno por los militares y el recrudecimiento de la represión antipopular que caracteriza a la nueva dictadura coloca a todo nuestro pueblo frente a un desafío histórico, en una nueva etapa de la lucha revolucionaria ya iniciada, a las puertas de una época histórica y gloriosa por la que ya marcha erguida y determinada su vanguardia guerrillera”.

“El fracaso final del peronismo y el golpe militar reaccionario, imponen al pueblo argentino la histórica responsabilidad de rebelarse masivamente, tomar en sus manos los destinos de la patria, afrontar con heroísmo los sacrificios necesarios y librar con nuestra poderosa clase obrera como columna vertebral, la victoriosa guerra revolucionaria de nuestra segunda y definitiva independencia.”

“Es una tarea grandiosa que nos honrará y purificará, que despertará y activará las mejores virtudes, que hará surgir de nuestro pueblo miles y miles de héroes. ¡El espíritu del Che, del Negrito Fernández, de los heroicos compañeros que cayeron en la lucha se multiplicará por miles en las filas populares!”.

“Respondiendo con honor y vigor al desafío de la hora, uniéndonos y organizándonos para la resistencia y la victoria conquistaremos para nuestros hijos el nuevo mundo socialista de felicidad colectiva. Nadie podrá decir el día de mañana que los argentinos no supimos cumplir nuestros deberes de patriotas y revolucionarios. Las nuevas generaciones, por cuya felicidad daremos todo de nosotros, recordarán con orgullo a sus mayores, como nosotros recordamos a los patriotas que fundaron la nacionalidad”.

“Y esa histórica responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros será dignamente cumplida por nuestro pueblo, por nuestro partido, por nuestro ejército guerrillero y todas las fuerzas revolucionarias progresistas y patrióticas, organizando e impulsando virilmente la resistencia popular, avanzando en la unidad obrera, popular y patriótica, movilizando amplias masas, empleando todos los medios y formas de lucha, desarrollando el trabajo político entre los soldados y suboficiales, aniquilando con decisión a la oficialidad enemiga, construyendo con energía y habilidad profesional las fuerzas revolucionarias políticas y militares”.

Sin dudas es una vibrante y convocante arenga a la lucha. Pero Santucho en la pasión revolucionaria que lo embargaba, omitía su deber como conductor, como jefe político y militar de una organización que venía de sufrir duras derrotas en Tucumán y Monte Chingolo. Omitía que Trostky y Lenin enseñaron que una correlación de fuerzas desfavorable, no se puede suplir con mero voluntarismo. Y que, el primer deber de un jefe, es resguardar y conservar sus fuerzas propias. Tres meses después de esta proclama, cuando se disponía a salir del país, Santucho muere resistiendo su detención. Y en los meses siguientes, centenares de jóvenes militantes del ERP van a caer en manos de la represión ilegal y hoy integran las listas de detenidos desaparecidos.

 

(*) Autor de "Salvados por Francisco" y "La Lealtad. Los montoneros que se quedaron con Perón".