Punto Uno
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Los Kirchner están dispuestos a lo que sea necesario para retener el poder en 2023, fiel al estilo que supieron desplegar y del que ahora harán honor.

Por Natalia Aguiar

El ministro de Economía Martín Guzmán, es uno de los objetivos que tienen Cristina y Máximo para lograr la presidencia en 2023, ya que consideran que el aspecto económico es el que más afecta a la sociedad. Sobre todo, a la franja más pobre de Argentina.

Es que más de 18 millones de personas en Argentina reciben subsidios, es decir el 40 % de la población es subvencionada por el Estado para sobrevivir a la pobreza, según un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina.

Los Kirchner están convencidos de que Alberto Fernández debe cambiar radicalmente su forma de gobernar, y apuntan a Economía. Esto coloca al presidente y al ministro de Economía contra la espada y la pared para dar cumplimiento al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Es que para Martín Guzmán la mayor preocupación es la de aplicar recortes a los subsidios energéticos que se determinarán en las audiencias públicas establecidas para el 11 y 12 de este mes. El futuro económico de Argentina depende del aumento de tarifas de luz y gas, es que, sin reducir la ayuda estatal en este rubro, no habrá futuro posible y mucho menos poder cumplir con el organismo internacional. Guzmán es consciente de que Cristina trata de eliminarlo y mucho más, si pretende poner un incremento en energía del 43% en vez del 20% que impulsa la vice.

Tal es el enfrentamiento con el titular de Economía, que Máximo Kirchner ya lo enfrenta públicamente como hizo el sábado pasado en un acto por el Día del Trabajador que encabezó en Baradero, junto a intendentes del Justicialismo bonaerense y los sindicalistas afines. Es que para Cristina y Máximo las chances electorales dependen de las mejoras en los índices económicos.

“Me llama la atención: ¿Cómo que nuestro ministro de Economía, Martín Guzmán, dice que hace su trabajo, pero no se involucra en disputas de poder? Cuando no me involucro y dejo que todo suceda, siempre es la ballena la que se come al krill”, lanzó Máximo Kirchner en las festividades por el Día del Trabajador, visiblemente diferenciado del acto organizado ayer por Alberto Fernández.

“Cuando se hacen malas lecturas económicas pasa lo que pasó en la provincia de Buenos Aires el año pasado. Renovaba 18 diputados nacionales el Frente de Todos. Renovamos 15, perdimos tres y nos cuesta mucho avanzar en la agenda con la que nos comprometimos”, siguió el diputado nacional.

 

Trabajador “planero”

En una clara contradicción al significado de ser un trabajador genuino, se concentraron ayer miles y miles de personas que conforman Organizaciones Sociales afines a Alberto Fernández. El lugar de encuentro fue la avenida 9 de Julio en la ciudad de Buenos Aires y las festividades fueron abiertamente diferenciadas de las de Máximo y Cristina. Si el gobierno no está dividido…

Todo vale para llegar fuertes al 2023. Las diferencias y enfrentamientos se agudizan, paradójicamente como si no fueran todos de la misma administración actual que tiene a cargo las riendas del país que tanto duele. El 1° de Mayo se festejó el día de la dádiva.

Las organizaciones Movimiento Evita, Corriente Clasista Combativa, Somos Barrios de Pie y el Frente Popular Darío Santillán respaldaron el proyecto de impuesto a la “renta inesperada” que impulsan Guzmán y Alberto Fernández. Aunque reclamaron la aprobación de leyes del sector de la economía popular. Los principales oradores fueron Esteban “Gringo” Castro (UTEP), Gildo Onorato (Movimiento Evita), Dina Sánchez (Frente Popular Darío Santillán), Norma Morales (Somos Barrios de Pie) y Juan Carlos Alderete (CCC).

Pese a la cercanía de las organizaciones con el presidente, Fernández no participó del evento. Ayer a las 15 horas, el Frente de Izquierda Unidad, criticó al Gobierno en un acto en Plaza de Mayo, rechazaron el “pacto con el FMI y el ajuste” y demandaron “la recuperación salarial”.

 

Una Justicia a la medida

Tras desdoblar el bloque Justicialista en el Senado y lograr dos representantes, uno por la mayoría y otro por la minoría en el Consejo de la Magistratura, ahora Cristina va por el Máximo Tribunal. Ella, siempre ella, apuesta a ampliar la Corte Suprema con 16 integrantes.

La Corte es la última instancia judicial del país, en todas las causas judiciales, y sobre todo en aquellas que le preocupan a Cristina. Las causas de supuesta corrupción en la que se involucra a la vicepresidenta y a sus hijos. Esos expedientes no dejan dormir a los Kirchner y ahora van por más.

La Comisión de Derecho Constitucional en el Congreso ya analiza el proyecto de ley para modificar la Corte y lograr una mayor cantidad de magistrados, lo que le permitiría mayor posibilidad de negociación al momento de “solucionar” las causas de presunta corruptela. Es lo que dicen los que saben de enroques de poder.

Es que muchos de los magistrados no le están siendo fieles a sus intereses, y Cristina está convencida de que debe “oxigenar” la Corte con hombres y mujeres que le respondan sin dudar. Ahora, no le quedan amigos en la máxima instancia judicial, ya que si bien Ricardo Lorenzetti, fue elegido por Néstor Kirchner para “armar la caja del Poder Judicial”, apenas tuvo la oportunidad, el hombre de Néstor la acechó en la justicia e impulsó -a través de jueces federales- causas que la acorralaron. Con la doctrina Irurzun de por medio, se permitió desde la justicia el arresto de varios funcionarios kircheristas, lo que habría facilitado el camino electoral de Mauricio Macri en 2015. Como un malabarista, Lorenzetti dió vueltas en el aire para favorecer a Macri. La única jueza afín que le quedaba era Elena Highton de Nolasco, quien en su momento habría negociado su continuidad con el macrismo para responder al kirchnerismo, pero renunció por razones de salud, aunque para otros las razones habrían sido los desmanejos de su administración como vicepresidenta de la Corte, en la gestión monetaria de la Obra Social del Poder Judicial.

 

La oposición

Mientras la oposición es aliada del oficialismo, la incertidumbre en Argentina asciende sin cesar. La diferencias en Juntos por el Cambio, entre Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y el mismísimo Mauricio Macri que aún no se decide si asume o no la carrera presidencial, sumado a la irrupción de Javier Milei, complican a la principal fuerza opositora. El Gobierno, con sus fuertes diferencias irreconciliables, se beneficia de las circunstancias y gana puntos. Sin embargo, el ciudadano se encuentra acorralado entre un abismo o el otro. Todo vale para llegar a 2023, pero la gente queda como botín de guerra entre los referentes de la política que lo que menos hacen es pensar en estrategias que permitan a los argentinos asomar la cabeza y salir adelante con dignidad y trabajo.